Acertijos

LOS DESAPARECIDOS (ENCINAS EN ORIZABA)

*Plegaria de una madre: “Quisiera que los zapatos de mi hijo me llevaran a él”. Camelot.

Orizaba y la región hace años fue una zona cero, zona dañada por cientos de desaparecidos, Hijas, madres, padres, hermanos, a muchísimos hogares enlutó esa desgracia. Aquí nació un grupo muy poderoso, muy representativo, de mucho dolor, el del Colectivo Orizaba-Córdoba, que representa la señora Araceli Salcedo Jiménez, madre que saltó a la fama mundial y nacional, cuando un día el gobernador Duarte por aquí deambulaba y a gritos le pedía una cita para ver el asunto de los desaparecidos. Todos conocemos en esta región a alguien que desapareció. Era el tiempo de las bandas donde las levantaban y llevaban y las asesinaban, las sepultaban o desaparecían clandestinamente. Ahora que llegó la 4T y que AMLO puso a Alejandro Encinas Rodríguez, subsecretario de Gobernación, se ve a doña Araceli a un lado del poderoso subsecretario, están en Orizaba en Palacio Municipal. Aquí ya le sumaron más desaparecidos, ahora los comerciantes de Ixtaczoquitlán, que una mañana como por arte de magia los subieron y no han regresado a casa. Vino Encinas al Palacio de Orizaba, donde hay más de 400 desaparecidos y que las madres imploran que los encuentren, que encuentren a sus hijas y les den cristiana sepultura.

LA HUELGA DE RIO BLANCO

La fecha del 7 de enero, presente lo tengo yo, servía en el pasado para que los gobernadores llegaran a Río Blanco, donde se libró esa batalla de muerte de obreros y que esa zona fabril, industrial desapareció como por arte de magia. Fue esa fábrica de hilados y tejidos en Río Blanco, la mayor fábrica del porfiriato, con otras en Nogales y Santa Rosa, hoy Ciudad Mendoza, donde en 1907 don Porfis dio la orden, no aquella de ‘mátelos en caliente’, sino que dispararan y liquidaron de muerte a cerca de 400 trabajadores. Hay un monumento allí, una madre abrazando a su hijo herido, y un obrero levantando una antorcha. En la antigüedad los gobernadores venían. Ese acto dejó de ser representativo y hoy se convierte en sitio de lucha porque hay que contener a los rijosos, antes peleaban dos sindicatos por los trastes y despojos que quedaban, ahora la gente va porque piden pan y no les dan, piden agua, taxistas piden revisión al decreto de emplacamiento, algunos le gritan al representante, que en este caso fue la secretaria del Trabajo de Veracruz, María Guadalupe Arguelles, que doten de medicamentos al hospital de Rio Blanco y que el gordis secretario no se haga güey, porque solo habla incoherencias y el dengue sigue latente, aunque lo escondan. Los representantes sindicales son los mismos de hace 20 años, Cesar Silva habló por la CROC. Yo recuerdo una gira cuando el gobernador Fidel Herrera Beltrán venía a esta fecha, 7 de enero. Como fui invitado me trepé al bus presidencial a hacer una crónica. Traía Fidel como invitado al secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, hoy un férreo adversario en tuiter del presidente AMLO. Allí íbamos recorriendo de Orizaba a Río Blanco, la seguridad ya avisaba que habría jaloneos, la gente aprovecha el mitin para ir por todo lo que pueda pedir. Recuerdo que en corto platiqué con Javier Lozano y recordó a un hijo del gran empresario, Juan Mata González, que había sido compañero de estudios del secretario de Felipe Calderón, creo que en la Escuela Libre de Derecho. Y le conté de Juan Mata, que había llegado allí con su dinero, muchos millones de dólares en aquel tiempo, a invertir en la Fábrica donde, además, hizo un pequeño y bello hotel en ese antiguo y viejo casco. Juan vivió aquí contento sus últimos años. Fue a morir a Houston, Texas, aquejado de un cáncer, pero aquí uno le recuerda porque traía a personalidades de la política. Alguna vez trajo al hoy súper inmobiliario Manuel Bartlett, comida a la que asistí. Y en otro tiempo allí hospedó al ex presidente José López Portillo cuando ya andaba en silla de ruedas, Juan Mata era todo un personaje, un empresario de las grandes ligas. Socio del diario El Universal y fundador de la tabacalera Cigatam, que en aquella época producía 26 mil millones de cigarrillos al año, la más grande de Latinoamérica y muchas otras tremendas empresas. Cuando llegó a esta zona, sus hijos le peleaban a qué demonios venía a invertir en fierros viejos, cuando tenían y tienen Mylsa, la agencia número uno de autos Ford en el país. Luchó contra el INAH por unas piedras viejas que un día derrumbó trepando a una moto conformadora pequeña, y que con ellos se encontró en los tribunales. Llegó con su dinero limpio y fresco y aquí vivió contento sus últimos años. Ingeniero químico y textilero de toda su vida, llegó a comprar CIDOSA (Compañía Industrial de Orizaba), que la llamó Textiles Placido Mata, en honor a un hijo que falleció en un accidente, la fábrica de Cerritos, la de San Lorenzo y, además, generaría energía eléctrica para vender. Le llamé pocos días antes de morir, estaba en Houston, un proyecto que se interrumpió a su muerte y que hoy quién sabe qué cosas pasarían allí. Bellas historias de recuerdo de esa zona donde los obreros un día se convirtieron en Mártires de Río Blanco.

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