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LLEGO PARA CANTAR

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*Quien avisa no es traidor. Camelot.

Al grito de Ya llegó el que andaba ausente, la Fiscalía General de la República y el gobierno federal montaron un show hasta ahora mediático, un culebrón con la llegada en la madrugada del pasajero más famoso el día de ayer, Emilio Lozoya Austin, un amigo me llamó a la una de la mañana si no estaba viendo la llegada, le dije nones, ahora me metí a una serie en Netflix, de Epigmenio Ibarra, el de Argos, ‘Oscuro Deseo’, con la Maite Perroni, serie que está causando sensación, aunque abusos de los desnudos y los acostones, en el primer capítulo han librado grandes batallas en la cama, la Perroni y su amiga y el galán, Alejandro Speitzer, estaba en eso cuando al amigo le dije que poco se vería, a lo sumo la camioneta donde lo transportaban al reclusorio a declarar y de allí, los abogados de Lozoya se copiaron y aplicaron la estrategia Jorge Reyes Peralta, donde el galardonado abogado veracruzano a sus clientes no los deja en la cárcel, solo en el hospital porque andan malitos. Así llegó Lozoya, del reclusorio al hospital porque venía deshidratado, flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones, anémico con cuadro depresivo por estar en la cárcel madrileña y por el jet lag de las 13 horas de vuelo, donde aseguran que venía practicando el Cancionero Picot, por aquello de que va a cantar bien y bonito. El que avisa no es traidor, dice una máxima griega. El abogado de Lozoya, Javier Coello Trejo, hace un año más o menos aseguró que Lozoya, si era aprehendido, iba a revelar los nombres de quienes le mandaron a hacer o ejecutar esos estropicios, unos trastupijes que tienen ahora en la cuerda a un montón de personajes, desde Enrique Peña Nieto hasta Luis Videgaray, pasando por Miguel Ángel Osorio Chong y amigos que les acompañaron en esos días de felicidad. Pocos recuerdan que Emilio Lozoya Thalmann (padre de la criatura), era junto a Carlos Salinas de Gortari y Manuel Camacho Solís, en la Facultad de la Economía de la UNAM, los tres mejores amigos, o los tres mejores compadres, con un cuarto amigo, José Francisco Ruiz Massieu, que luego resultó ser cuñado del presidente y enemistado con su hermano incómodo.  En aquel tiempo estudiantil hicieron un pacto con tinta sangre del corazón, como canta Julio Jaramillo, que alguno de ellos llegaría a ser presidente de México. Y lo lograron, solo que el hilo se rompió cuando Salinas desconfió de su amigo, Manuel Camacho Solís y llegó Colosio y Zedillo y llegaron las desgracias al país.

LOS EMOTIVOS HOMENAJES

Lo hizo Francia, que en su Día Nacional, acostumbrados a celebrarlo con una parada militar y con los veteranos marchando por el Arco del Triunfo, hasta la flama ardiente, ahora lo dedicaron a las y los doctores y las enfermeras y a la gente del sector sanitario, que mucho han hecho y muchos han dejado sus vidas por salvar las de los otros. Emotivo homenaje con Emmanuel Macron, vigesimoquinto presidente de la República francesa, de esa Francia orgullosa de Charles de Gaulle, aquella que tomaron París pero que no doblegaron su orgullo y su espíritu en la Segunda Guerra Mundial. Junto a su esposa y al Gabinete y a los representantes del sector Salud y la familia, los aviones cazas sobrevolaron a alta velocidad el Arco del Triunfo, dejando una estela de los colores de su bandera.

El otro país que reconoció a sus víctimas fue España. El Rey Felipe VI, su familia, su hija heredera, esposa y parte del gobierno, rindieron homenaje a las víctimas del Coronavirus. Ceremonia emotiva en el Palacio Real. Una enfermera, cuando tomó la palabra dijo: “Nos hemos tragado las lágrimas cuando alguien nos decía no me dejes morir solo”. El reconocimiento de un país a sus víctimas. ¿Y México, cuándo?

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