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LAS ESTATUAS CAIDAS

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*Entre las cosas que Dios no puede hacer, Tomás de Aquino destacaba que no podía “encolerizarse ni entristecerse”. Y también: “No puede hacer que un hombre no tenga alma”. Camelot. 

Hay una nueva modalidad de péguenle al negro. Sucede que desde el día que un policía malo le puso la rodilla al cuello a una gente de color, la vida cambió para el mundo. Hubo protestas por doquier. Los gringos se fueron por las estatuas de los conquistadores, empezaron con Cristóbal Colón, que le llamaban perseguidor de indios, luego se fueron sobre los personajes hasta llegar a la Guerra Civil o Guerra de Secesión, cuando Abraham Lincoln los apaciguó en una guerra que dividió a esa nación, y al terminarla resultó nación tan poderosa que allí sigue. En México no se supo de derrumbes, desde aquella vez que un grupo de estudiantes inconformes derribaron la estatua del presidente Miguel Alemán Valdés en Ciudad Universitaria, padre de la criatura y gobernador de las estrellas veracruzano, hasta una que un día de 2007, presente lo tengo yo, los malosos priístas derrumbaron otra de Vicente Fox en Boca del Río, en el bulevar, que un alcalde panista de barbero se la había fijado, como los priístas de barberos pusieron otra de Fernando Gutiérrez Barrios, estatua foxista que allí sigue viendo pasar el tiempo y los nortes y salinizando su cuerpo, aquella vez entre Adolfo Mota, presidente estatal, Salvador Mansur, luego perseguido por el sistema y Marlon Ramírez, que era el chamaco que iba por los chescos, con un grupo de compañeros la lazaron como a lázalo, lázalo que se te va, y cayó como Hussein al suelo un mal día. Sólo en Norteamérica se han eliminado, destruido o vandalizado alrededor de 178 estatuas (no se ha respetado ni a Cervantes ni a Jesucristo). Treinta y dos de ellas eran de Colón y 10 más, de conquistadores españoles. Pero en términos absolutos, los que se han llevado la peor parte, con mucha diferencia, han sido los confederados. Allí Trump pegó el grito en el cielo, él ama a los Confederados, que eran como su persona, racistas y de cuello rojo (Redneck), llamados así porque hace referencia al estereotipo de un hombre blanco que vive en el interior del país y cuenta con bajos ingresos económicos. El origen está en que, por el trabajo constante de los trabajadores rurales expuestos al sol, sus cuellos terminan enrojecidos (del inglés red neck, “cuello rojo”). Hoy en día se suele utilizar para denominar peyorativamente a los blancos sureños conservadores. A Trump ya le queda hasta noviembre, cuando los americanos le van a cantar aquella rola de: ‘Noviembre me gustó pa’ que te vayas’, como La Tariacuri. Hemos visto que a los nombres bellos de Indios en los equipos de futbol americano, por la misma vacilada esta del racismo, han quitado sus nombres cuando en sus cascos lucían un indio piel roja de Washington, y se les recordaba por la valentía de cómo defendieron sus tierras y no solo por las películas de John Wayne, cuando llegaba el muy jaquetón y arrasaba con ellos. En fin. Caras vemos, estatuas derribemos. 

LOS GRANDES COMENTARISTAS 

En Milenio han originado una serie de reportajes donde los grandes comunicadores de deportes dan sus puntos de vista. El mejor de todos, padre de muchas criaturas, José Ramón Fernández, habló de quién y cómo y cuándo fue traicionado por uno de sus subalternos, situación que un día Emilio Azcárraga Jean le dijo en un Mundial, serás traicionado, como le dijeron un día al Patrón Jesús. Joserra descubre que el traidor fue André Marín. El otro fue Javier Alarcón, hoy en Imagen con Ciro Gómez Leyva, poderoso dirigente de deportes en Televisa, 27 años después salió de la empresa, no por robo, como se había filtrado, sino porque no coincidía con el nuevo vicepresidente. Cuenta que fue a ver a Emilio Azcárraga y se fue en buenos términos, bien liquidado por la empresa. 

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