LAS CINTAS

*Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador. Federico Fellini 

(1920-1993) Director de cine italiano. Camelot

 

Uno es amante del cine. Las películas están hechas para los cines. Así han sido todas, a excepción de algunas como Roma del gran Alfonso Cuarón, que la poderosa Netflix patrocinó para estar en sus salas de la televisión, aunque hubo algunas salas de cine donde se tuvieron que exhibir, porque la Academia que otorga el Oscar así lo manda, o van a los cines o no entran a los Premios de la Academia de Ciencias y Artes de Hollywood. Así correrá la vida cotidiana, con cintas por aquí y por allá. Hay varias que he visto en estos días, desde la serie de Netflix de ‘Trotsky’, León Trotsky, el compañero de armas de Lenin, ese capítulo de la historia donde el maloso ruso, Josep Stalin, mandó a asesinar en nuestro país a ese ideólogo de la revolución rusa de 1917, en Coyoacán, donde vivía un tórrido romance con Frida Kahlo y el panzón Diego Rivera aparece como príncipe consorte. Una serie muy recomendada, para verse de un tirón y entender esas historias de los rusos, el creador del Ejército Rojo asesinado con un piolet en México por orden de ese Stalin, que resultó peor que Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Un chacal, un killer que se vanagloriaba de matar a sus adversarios y correr a los intelectuales rusos, Trotsky metió las mano por muchos de ellos y fueron enviados a otros países, para conservar la vida.

LA OTRA PELICULA (FRONT RUNNER)

Hugh Jackman se pone en la piel y el papel de Gary Hart, un demócrata senador venido de Yale, en la cinta Front Runner, quizá lo recuerden, aquel candidato que se perfilaba a la presidencia de Estados Unidos en los años 80 y que la moral de la infidelidad le jugó una mala pasada. Cuando lo tomaron por sorpresa en un affaire muy keneddiano o clintoniano, al descubrirle el periódico Miami Herald una amante rubia que salía de su departamento, en esos tiempos donde la moral jugaba otro papel. Con Kennedy era otra prensa, cuentan sus biógrafos que un día Jaqueline llegó y nadaba en la alberca de la Casa Blanca una de sus amantes, la sacó el Servicio Secreto como pudo, envuelta en una toallita y a los agentes les salió perrilla, pero nada sucedía. Kennedy era querido y contaba con la amistad de Ben Bradly, el director del Washington Post, que lo cuidaba y protegía. Ahora a Donald Trump le encontraron una media docena de scorts que les pagó por sexo y nada pasó. Pero en aquellos tiempos la moral no era un árbol que daba moras y el candidato tuvo que renunciar. Buena película, muy al estilo de las películas de candidatos de Hollywood, con la parafernalia del equipo de campaña, hasta llegar a la renuncia del candidato, que mantenía las encuestas arriba para ser presidente de esa poderosa nación. Allí mismo, cuentan los periodistas que cuando Lyndon B. Johnson se sentó en esa silla, a la muerte de JFK, les dijo a los periodistas: “Ustedes verán muchas mujeres entrar en mis alcobas, espero que me traten como a John F. Kennedy”, o sea, chitón callados y no digan nada. No hubo divorcio en su vida, como el del nuestro EPN, a sus 82 años sigue casado con la misma esposa, que aguantó el vendaval de la infidelidad. El productor es el mismo de House of Cards, por eso está tan buena.

EL MALOSO ROGER STONE

La otra cinta de Netflix se llama ‘Get me Roger Stone’, un documental donde aparece un bad hombre (Trump dice), amo de las alcantarillas, un tipo que resultó ser llamado el asesor más loco de Donald Trump, que desde Richard Nixon anduvo haciendo maldades y que él mismo se ufanó que desde chiquito ya traía la maldad en el cuerpo. A este no lo cuidó la abuelita en casa, como sugiere la Cuarta Transformación y por eso resultó un pillín. Este crápula, que tiene tatuado un retrato de Nixon en la espalda, conoció muy de pequeño el poder de la desinformación. Quizá como Joseph Goebbels, el pillo de Hitler, que decía “Si una mentira se repite suficientemente, se convierte en una verdad”. Este Stone así comenzó su carrera de maldad, engañando. Una anécdota lo pinta de pelo completo: “Roger Stone inventó las Noticias falsas antes de que el término exista. Antes de venerar a Nixon, prefiere JFK “por su cabello”. Durante una simulación de las elecciones de 1960 en su escuela primaria, les dijo a todos los demás niños en el comedor que Richard Nixon planea hacer que la escuela sea obligatoria el sábado. JFK gana en esa elección escolar”. Con una mentira difundida entre sus compañeros de escuela, entendió muy temprano que con eso se gana. Fue llamado a cuentas por el asunto de RusiaGate de Trump. Despedido de la campaña, un hombre que germinó la maldad. Se apodó a sí mismo como “El embustero sucio”, y vaya que le quedaba.

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