Acertijos

LA ULTIMA Y NOS VAMOS

*De José Vasconcelos: “Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía”. Camelot.

 

Dejo Madrid y París. Anduve como romero buscando a Dios. O como trompo chillador sin decidirme si por Santa Lucia o Texcoco o Chacaltianguis (El amoroso debía dejarse de rollos, que marque a Veracruz como aeropuerto internacional de grandes conexiones, y lo hace mejor acá, además, aquí tenemos mar). O como una veleta que llevó siempre buenos aires, buenos vientos a favor. Me cuidé porque aquí no hay crímenes violentos, pero hay muchos carteristas, tanto en París como en Madrid. En la Gran Vía hay que andar más listo que los de Texcoco, porque de repente te meten la mano por una bolsa trasera y zas, bye, bye tu lana. Uno intentó, pero sentí su mano y le dije: ‘quiobas mi amigo, adónde vas de tentón, aléjate porque te traigo a los de Atenco y sus machetes’, se hizo el güey y salió más apabullado que los constructores de Peña Nieto del aeropuerto fallido. Alguna vez en Puerta del Sol me intentaron hacer la de Colosio. Cuento: un tipo te avienta las llaves al piso, a tus zapatos, frente a ti, se agacha, te haces para atrás y el otro te bolsea y hay un tercero al que le da el dinero o la cartera y huye, así no queda nadie allí para incriminar, son tres bien ratas. Esa le hicieron a Colosio y le mataron.

DEL TINTO AL TANGO

Anduve del tingo al tango y dónde se podía. Vi dos veces jugar al Real Madrid en vivo en el mítico y legendario estadio Santiago Bernabéu. Daban pena. Algo les pasó o les pasaba, porque ahora que corrieron al entrenador, después de la goliza en Barcelona, a lo mejor reviven y salen de terapia intensiva. No recuerdo hace mucho haberles visto en 9º lugar. Vamos, siempre andan o en el uno o en el dos peleando con Barcelona la punta, ahora andan como el rey tojo: Tojo-didos. Pero hay días así. Vi ese juego en un bar de París y ahí encontré a una chica de mesera de Guadalajara, tenía cuatro meses de haber llegado, en París muchísima gente entiende el español, no solo los paisanos que lo siguen hablando bien, muchos franchutes; como encontré a otro joven en Notre Dame en las tiendas de souvenirs, que también era de Guadalajara y me decía, medio triste y melancólico, que se había venido porque se casó con una francesa, pero que extrañaba su tierra, su familia, su gente, la comida y los pozoles. Le alenté, que ahora es mejor vivir acá que en México donde a diario hay 70 ejecutados. Aquí en Europa si hay un muerto de bala o picado, es noticia de una semana. Como se ve que no saben de la violencia. Si vivieran allá con nosotros, no lo creerían. Hay feminicidios, pero son más peleas de matrimonios.

LOS LIBROS EN ESPAÑA

Suelo ir y meterme a las librerías. No puedo llevar muchos libros porque el libro pesa. Una vez en Santander pagué la novatada, llevé una maleta creo que con 20 libros y el peso me liquidó. A soltar euros, no había de otra. Negociaba con la empleada del mostrador de Iberia, pero me hizo lo que El Peje a los constructores de Texcoco, ni respirar me dejó. A palmar. Busco solo los autores españoles, los libros que allá pienso no puedo encontrar, porque no tienen mercado: Eslava Galán, Manuel Vicent, Raúl del Pozo, aunque los libros no tienen nacionalidades. Llevo el encargo de mi hermano, el de Shakespeare and Company, libro mítico de ese sitio donde se vendió el primer Ulyses de James Joyce. Me metí al Corte Inglés a sus bellísimas librerías, leí en su diario El País de un libro de cuando Gerónimo, el apache rebelde, se rinde ante los militares de Estados Unidos. El titulo lo dice todo: “Ahora me rindo, y eso es todo”. Así les dijo Gerónimo a esos invasores de sus tierras. Más me sorprendió que el autor es mexicano y fue alabado en la sección de cultura de El País, se llama Álvaro Enrigue (México 1969), ha ganado varios premios, entre ellos el Joaquín Mortiz 1996. “Una escritura que apunta a Jorge Luis Borges, Roberto Bolaño (sobre todo al Bolaño desencantado y agudo de El gaucho insufrible), a Malcom Lowry y a Carlos Fuentes”, así lo presenta una novelista, Mónica Maristáin, de Pagina/12, La verdad anoche lo comencé y me fui picado, excelente escritor a quien no conocía ni de mención, vi su libro anunciado y recomendado en El País y fui a comprarlo, ahora me quita el sueño. Compré uno de Paolo Cognetti: “Nueva York es una ventana sin cortinas”. Me late que está bueno. “El escándalo del siglo”, sobre Gabriel García Márquez, que le llevo a Rico, el amigo que no es rico, y “La Habana en un espejo”, de nuestra premiada y laureada mexicana y reportera, Alma Guillemoprieto, que ganó la semana pasada el premio Princesa de Asturias. Con eso me voy servido, no puedo llevar más. El peso de los 20 kilos de la maleta me ponen peor que a Peña, cuando vio los resultados del marcador, como el Barcelona al Real Madrid: goleado.

Mañana les cuento del vuelo Madrid-México y de la llegada.

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