Acertijos

LA PRIMERA Y ARRANCAMOS

*Ayer era otro año pero hoy es otro, aunque no parece haber ninguna diferencia, pero hoy es Año Nuevo. ¿Y qué tiene hoy de diferente? Nada, todo sigue igual… Camelot.

Escrito desde el piso tercero de la habitación 312 del hotel Holiday Inn en Veracruz, donde me hospedé este par de días. Un buen hotel con buenos servicios y buena atención de su personal y con alberca grandísima y túnel peatonal para llegar al mar, ese mar del bulevar que el gobernador Dante Delgado fijó en su tiempo y hoy es un bello paseo vehicular y peatonal. Anochece, llegó la Nochevieja y llegó el Año Nuevo. Un año se fue y llega otro, una década termina y comienza la otra. Todo tiene un principio y un final, diría un poeta. Noche de cena en familia, Yo Mero con unos 40 familiares míos, que nos concentramos en Vía Muerta en Boca del Río, en casa de mi hermana Flor, recordando cuando mi madre nos unía a todos para esa cena de Fin de Año. Con un buen clima y con una rica cena, convivio entre alegrías y tristezas, recordando a los que se han ido, el consuegro Notario Fernando Hazas Murillo, y los abrazos por el año que viene para que sea un buen año. Hay buen tiempo, las palmeras no se agitan, sus cocos permanecen quietecitos, dejaron de tirar cohetes, hay conciencia poco a poco, los perros descansan. Un músico DJ le da vuelo a la hilacha. Me dicen que lo que antes se acostumbraba, esperar al amanecer y agarrar el chupe en el Malecón, al parecer ya se prohibió, o al menos los agentes de tránsito y Guardia Nacional ya impiden beber en la vía pública. Esperaban con ese pretexto ver el amanecer, Yo Mero no llegué, de la cena a la camita como Topo Gigio, y darle una hojeada al libro ‘Lincoln en el Bardo’, la historia de la muerte del pequeño Willie, de once años, hijo del amado presidente en plena Guerra de Secesión, que ahora releo, un libro interesante y triste. Ruyard Kipling dijo de la llegada del Año Nuevo: “He decidido que durante todo el año, aparcaré mis vicios en el estante. Seguiré un camino más piadoso y sobrio y amaré a mis vecinos como a mí mismo, excepto los dos o tres de siempre a los que detesto tanto como ellos me odian”. Llegan las 12 y los abrazos, la televisión debe mostrar Times Square, el sitio donde los neoyorkinos y paseantes turísticos celebran el Año Nuevo, y Australia y muchos lugares. Un meme me sorprendió, un tuitero puso: “En estos momentos ya es Año Nuevo en Europa y Japón; en México, Cuba y Venezuela sigue siendo 1930”. Buenísimo, si nos hubiera excluido, aún no llegamos a tanto y esperemos no estar así en unos años, si al presidente le entra la calma y deja de dividir a los mexicanos.

EL PASEO AL BULEVAR

Como no le entro al alcohol,  mi estómago tiene un regulador de solo un par de copas, aunque algún poeta loco dijo: “Desconfía de aquel que no beba un trago de alcohol”. Charles Bokowvsky, un literato que era alcohólico, escribió: “Ese es el problema de beber, pensaba, mientras me servía un trago. Si algo malo pasa, bebes para intentar olvidar; si algo bueno, bebes para celebrar; y si nada pasa, bebes para que hacer que algo pase”, o sea, a chupar se ha dicho. Temprano a las 11 salgo rumbo a Sanborns de Plaza Américas, antiguamente lo abrían a las 7 de la madrugada, hoy a las 9. Comienzan a llegar los madrugadores, algunos se les nota su cruda realidad, llegan pidiendo agua como bomberos para apaciguar ese fuego. Invito a un par de amigos, Joaquín Barrágan León, llega un poco crudelio, y Rico (el amigo que no es rico), ese solo cenó, se volvió abstemio la noche del 31. Conversamos de nuestras cenas. Ponemos al día lo que vimos por la noche, el Papa Francisco, ya se disculpó por la mañana pues le dio un par de manotazos a una imprudente señora que lo jalaba y lo jalaba y se lo quería llevar a casa. El Papa puso cara de fúrico, furioso la reviró y le dio una palmada en su mano, como diciendo ya cálmese, ñora, que no ve que soy el Papa. Incidente en El Vaticano, cuando Pancho sale a saludar a la feligresía en una fecha tan especial, como la del 24. Y lo chusco, una nota de un matrimonio que, cuando estaban en plena fiesta, el marido recién casado puso un video donde la que sería su mujer, lo engañaba con su hermano, y allí ardió Troya. Pagamos y dimos una vuelta a esa plaza, caminar para bajar el desayuno, pocos negocios abiertos, enfrente la gran obra que tiene tiempo se realiza, se pensaba que era otra plaza comercial, frente a Liverpool, dicen los enterados que es el complejo del banco Santander, de Ana Botín, la mujer más poderosa de España, en los bancos, que riñe con el capital con la hija de Amancio Ortega, Marta, dueño de Zara, que le acaba de regalar de fin de año un pisazo de 520 metros en Barcelona, donde el hombre de 83 años tiene toda una torre, zona como la Quinta Avenida de Nueva York o Campos Elíseos. A ellos nos les preocupa la quincena. Ana Botín vino apenas a saludar a AMLO, le aseguró que las remesas que envían los mexicanos migrantes, su banco no cobrarían porcentajes de comisiones y que vendría a inaugurar en Veracruz esta torre. Terminamos y vamos a un rol por el Boulevard, historia para mañana, Dios Mediante, diría Carlos Denegri

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