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LA MUERTE CABALGA EN CORDOBA

*La muerte pisó su huerto. Camelot.

Otra vez las redes sociales comenzaron a difundir que la violencia llegaba a Córdoba. Primero en Huatusco, donde acribillaron a varios civiles cuando habían atacado a la Fuerza Civil. Se ignora si ese mismo grupo bajaron a Córdoba y rafaguearon a policías, de los cuales 4 murieron. Dos en una torre de vigilancia, donde acusan a la alcaldesa de Córdoba, Lety López, de haberlas mandado a hacer de fibra de vidrio, cuando debían ser blindadas. A ella le achacan esas dos muertes. Dos policías más fueron rafagueados en sus patrullas. Córdoba entraba en el umbral de la muerte. Por las redes seguían las informaciones, unas verdaderas, otras falsas, a falta de autoridad son los cibernautas los que toman el camino. Circuló una foto falsa donde cinco policías habían sido acribillados y se les veía tendidos en el suelo. A uno le llegan y le preguntas a quién la envió si está seguro, al recircularse alguien por allí te dice de dónde son. Pero había verdaderas donde se filmaron los balazos cerca de Shangrila, donde está un Vips y las tiendas Sams y Walmart. Los comercios comenzaron a cerrar. La gente se apanicaba y huía. Orizaba ponía su alarma a todo color y en las entradas de la ciudad se reforzaron a esas policías, por si las dudas. Todo era zozobra. La gente esperaba la llamada de las autoridades, ni gobernador, ni secretario de Seguridad y ni secretario de Gobierno dieron la cara. Para rematarla, comenzaron a circular un baile de Cuitláhuac con unas señoras, donde se oía esa canción de defensa de mujeres: La culpa no era mía, dando a entender que al gobernador le valía gorro lo que pasara, aunque era un video viejo.

LAS HORAS TRANSCURRIAN

Las horas transcurrían, se hablaba de que aquí, de que allá había rondines de delincuentes. Se hablaba de que en La Toma, cárcel de la zona, la habían tomado para liberar presos. Falso. Se hablaba y decía que era una represalia, porque la policía había levantado a uno de los suyos y al otro día lo encontraron ejecutado. La secretaría de Seguridad dio la cara para lanzar una esquela con los nombres de los cuatro policías caídos en el cumplimiento de su deber. Había una rebelión de ellos, porque si la alcaldesa hubiera (ah, esos hubiera) contratado las casetas blindadas, esos dos policías estarían vivos. Y se dieron sus nombres: Víctor Jesús Vázquez López y Alexis Leal Santiago (estatales) y dos municipales: José Ángel Aguilar Vega y Jesús Román Osorio Jácome. Por allí le enviaron un mensaje a la Fiscala. Las cámaras no sirven, si alguien quiere ver qué ocurrió tendrán que esperar a que algún civil preste su video. La alcaldesa reprobó a la Guardia Nacional y al Mando Único, exigiendo que Córdoba tenga su policía, porque ellos nomás miran, como el chinito, y no mandan. El fantasma de Ricardo Ahued Bardahuil se paseaba por esa desgracia. Había dicho un día antes el exalcalde de Xalapa y diputado federal y senador con licencia, ahora director general de Aduanas, a quien se le ve con buenos ojos para relevar al gobernador actual, que él mismo iría a rogarle al presidente AMLO para que volteara a Veracruz, que era una vergüenza lo que nos estaba pasando. Circulaban escritos, uno de ellos muy acertado: ‘Córdoba huérfana de autoridades’, donde culpan a los tres niveles de gobierno: Estatal, Municipal y Federal. Por la tarde se informaba que aplicaron el Código Rojo, eso debe de ser que no salga nadie de su casa, como si fuera una epidemia de Coronavirus. Los comercios, lógico, comenzaron a bajar sus cortinas, las dos grandes tiendas lo hicieron. Córdoba era un estado de Guerra. Amigos que veían las fotos  preguntaban si era Irak o Mi Matamoros querido, o Reynosa, donde allá suenan los cañonazos a todas horas. Pero aquí nos tocó vivir, y esta desgracia que se derrama por todo México no es ajena a la zona cordobesa, una zona centro que antes y ahora es pujante en economía, con principios cafetaleros, y ahora aparece en el mapa a cada rato, ensangrentada y contando muertos, secuestros, levantones, ejecutados, fosas comunes y, para la desgracia misma, policías abatidos, que lo único que hacían era estar en su sitio, a los que seguro ni tiempo tuvieron de defenderse. Qué descansen en paz.

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