Acertijos

LA MAÑANA MALDITA

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*Nada más terrible que muera una niña por negligencia médica. Camelot.

Es la mañana que en Tierra Blanca, el dengue cobra otra vida. Una niña, Sofía Lagos, de 8 años, se fue de esta tierra porque el dengue la atacó con fiereza. Cuenta su madre, según leo en Crónica de Tierra Blanca, que ella llegó a pedir ayuda al hospital de salud y ahí falleció, en el hospital general de la colonia Pemex.  Negligencia médica, gritó la madre y llorando dijo que no tenía dinero para haberla llevado a salvarle la vida a un hospital particular: “En el hospital general son una porquería: mi hija se me murió porque no tuve dinero para llevarla a un médico particular”, dijo entre llantos. La directora del hospital salió huyendo por la puerta trasera. Tragedia terrible, donde aflora el valemadrismo de las autoridades de Salud del Estado, que no tuvieron vergüenza ni empacho en sostener a los vectores, trabajadores a quienes corrieron cuando llegó la 4T y, además, no comprar los líquidos para fumigar. Eso solo nos puede ocurrir a nosotros, en otros países ya estaría levantándose la gente contra esos inútiles que nos gobiernan. Descanse en paz esta pequeña. Y resignación a su señora madre y a su familia. No hacía mucho, una semana antes, había fallecido Lorena Rivera, estudiante muy aplicada del Tecnológico de Tierra Blanca, por un dengue hemorrágico, cuando en ese hospital no tenían los medicamentos. Como lo escribió Francisco Castro, reportero de Crónica: “Seguramente en un lugar del cielo, recogerán a este angelito y quizá una sonrisa a su mamá la consuele”. Descansen en paz, ambas.

AQUEL SUEÑO DE LUTHER KING

Hace nada, unos tres días, cinéfilo tal cual, vi por segunda o tercera vez la cinta Lincoln, del gran Steven Spielberg. La lucha en el Congreso por abolir la esclavitud, los pasajes del tiempo de Lincoln en la presidencia, y rememoré otro sueño, el de Luther King. Cuando Obama lo reverenció. Hace 51 años, cuando aquel negro llamado Martin Luther King, frente a las escaleras del Monumento a Washington tiró al mundo su célebre discurso, ‘I have a dream’ (Tengo un sueño), jamás pensaría, ni por asomo de duda, que cinco décadas después otro de color desde la presidencia y al pie del mismo Monumento, estaría celebrando eso de: “Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales. Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia. Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. ¡Hoy tengo un sueño!”. Discurso muy lincolniano, muy del estilo del de Gettysburg. De los que pasan a la historia. Está considerado uno de los diez mejores del mundo, al lado de otro de Lincoln y Kennedy. Un presidente dijo: “Aquellos que marcharon consiguieron cambiar el país y, más tarde, cambiaron también la Casa Blanca”. Pero esa es solo una parte del sueño. “Los que marcharon, “no buscaban solo la ausencia de la opresión, sino la presencia de oportunidades económicas”. “En demasiadas comunidades a lo largo de este país”, recordó, “en ciudades, suburbios y pueblos la sombra de la pobreza se cierne sobre nuestros jóvenes”. Cuando llegó a la Casa Blanca, Obama mandó colocar un busto del reverendo King en el despacho Oval y, en su tiempo, juró su cargo como presidente sobre una de las Biblias que le perteneció.

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