LA GRAN CARPA (SERIE MUNDIAL)

*“El béisbol es casi la única cosa ordenada en un mundo muy desordenado. Si tienes tres strikes, ni siquiera el mejor abogado puede sacarte de este lio. Camelot

 Fue un septiembre de 2012, presente lo tengo yo. Cuando uno va a Nueva York, se tiene que ir a un juego de pelota, o de futbol americano o básquetbol. Ir allí y no ver a Los Yankees, es como ir al Vaticano y no ver al Papa, aunque sea de a lejitos. Rememoro un juego, ahora que están los playoffs para ir a la Serie Mundial. Sucede que una mañana, estando en el lobby del hotel neoyorkino, a la conserge, una mujer de color, muy grande, le pedí viera si jugaban los Yankees, los llamados Mulos de Manhattan, el equipo que tuvo a Babe Ruth, el más grande de todos, a Lou Gehrigh y a Mantle y a Maris y a Di Maggio, viudo de Marilyn Monroe, ese jonronero que no la olvidó hasta el día de su muerte misma. La conserge me dijo cuál juego quería ir, escogí uno de los dos días, con tanta suerte que era el juego 100, en ese se coronaban y ahí nos tenéis, a mi hermano Enrique y a Rico, el amigo que no es rico, yendo en el Metro que te desemboca al pie de ese nuevo estadio de los Yankees. Apeamos en la 161 Street Yankee. Dentro del tren iban colombianos y dominicanos y puertorriqueños, y tres veracruzanos y muchos gringos, hablaban del juego, de qué más se puede hablar cuando vas al estadio. Cuando bajas te da el soponcio, admiras la belleza del nuevo estadio y, si se puede, hay que hincarse y persignarse, o mínimo dar gracias a Dios que te dejó llegar a ver ese estadio que es una catedral del béisbol, con muchos papas, los peloteros, o una Meca beisbolera. 

 

EL ESTADIO DE YANKEES

 

El béisbol es el único deporte que tú puedes llevar en una libreta, y al final lo sientes y miras cómo fue. Out por out, entrada por entrada. Ángel Fernández transmitía por telefax los juegos desde México. Con solo la libreta recreaba el juego. Si Roma tuvo, en su tiempo, a los tres más grandes poetas de la antigüedad: Virgilio, Ovidio y Horacio. Los Yankees tenían a sus grandes estrellas: Derek Jeter, quien un día dijo: “La gente me pregunta por qué juego tan fuerte todas las noches. Y yo les recuerdo que Lou Gehrig decía: ‘En el día de hoy, estoy seguro de que en las graderías hay un niño que me está viendo jugar por primera vez y él merece mi mejor esfuerzo’. Y Bernie Williams, Alex Rodríguez, quien vive ahora apasionado romance con Jennifer López, y el gran pitcher relevista, Mariano Rivera, aquel que cuando entraba a cerrar el juego, el cronista decía: “Apaguen la luz y vámonos”; y seguían reverenciando al patrón, el gran George Steinbrenner III (The Boss), que hacía dos años había fallecido y un gran cartel ilumina el estadio llamándole Jefe, de ese equipo 27 veces campeón del mundo en las Series Mundiales, y 40 en su división.  Ahí llegamos temprano, el estadio medio vacío, se llenaría conforme transcurren los minutos. Los vendedores de hotdogs comienzan a aplicar la venta de los famosos perritos neoyorkinos. El béisbol es algo serio. No hay nada más serio que el béisbol, todo lo que necesitas saber está allí: tiene éxitos y fracasos, momentos de compañerismo y momentos de soledad, y tiene un fin, no un reloj, como en otros deportes, sino tiene un fin.

 

EL JUEGO ESE DIA

 

El juego comenzó y, para no hacerla muy larga, llegaron empatados a la novena entrada. Había duelo de pitcheo, en extra innings. Como dijera el Mago Septién: no se vayan que esto se pone bueno. No nos fuimos. El Metro da servicio hasta que termina el juego. Bernie Williams vino al bat y lo desempató con un jonrón. La perrada deliraba, caminó las bases y pisó home. Entonces vino lo más grande, el sonido metió la canción New York del gran Frank Sinatra, que no estaba resfriado en el disco, y se coronaron ganando el juego 100 de su liga. Mientras la rola se oía una y otra vez sin parar, las cámaras locales enfocaban en las gigantes pantallas a las y los estrellas, el alcalde Rudolph Giulliani, Liza Minelli, Dani de Vito. Nadie se movía de sus asientos, los Yankees iban a los juegos divisionales rumbo a la Serie Mundial, que no me acuerdo si ese año llegaron, porque el ultimo galardón lo hicieron en el año 2009. Quince o veinte minutos duró la fiesta. Nadie nos movíamos. Había que celebrarlo con ellos, con los neoyorkinos, con su equipo que hoy, en 2018, les hicieron morder el polvo y el retrato del Jefe Streinbrenner, seguro derramó otra lágrima. Así lo recuerdo, aunque, no vayas a creer todo lo que te cuento, dijera Mario Benedetti: “No vayas a creer lo que te cuentan del mundo (ni siquiera esto que te estoy contando) ya te dije que el mundo es incontable”. Buen recuerdo mío.

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