IMITANDO AL PATRON

*Criticamos la corrupción con airadas maneras hasta que tenemos ocasión de meterle la mano al pastel. Arturo Pérez Reverte. Camelot

 El gobernador electo de Veracruz, Cuitláhuac García, se puso el jorongo tabajqueño y las pilas de su patrón y, después de ir a la calle Chihuahua 216, colonia Roma, a servirle al patrón, el adorador del béisbol, que me mandó a llamar, anteayer, a la sede de la casa de transición, o de la cuarta transformación, muy diferente a una transformación de cuarta, como le dijo el Jefe Diego Fernández de Cevallos al amoroso, ahora sigue la tónica y línea presidencial y anuncia a los medios que los aviones veracruzanos se venden, jet y unos helicópteros. Pues sí, si el jefe va a vender el avión presidencial y se subirá hasta a los populares Viva Autobús, ni modo que el pupilo ande en jets privados. La aviación del país sufrirá una crisis, pilotos tendrán que ir a buscar chamba en otros lares, pues al menos todos los gobernadores de Morena se alinearán como si todos jugaran en las Chivas, o América. Habrá gobernadores rebeldes, como el de Jalisco. Que ya alista sus controversias constitucionales. Anunció Cui que no habrá primera dama del DIF, veracruzana. La desaparece, y copia al patrón con su tren ligero de Xalapa y sitios aledaños. Esa idea de López Obrador, de 1 mil 500 kilómetros del tren Maya, ha sido calificada y criticada por expertos como una verdadera jalada, irrealizable. Si Peña no ha podido con un tren de 90 kilómetros, imagínense 1 mil 500. Si solo comparamos que de aquí, de Veracruz a Tamaulipas, frontera con Texas, hay casi mil kilómetros (964), la consideran una mafufada no realizable. Si lo logra, dice un simpatizante presidencial, pasará a la historia como un gran presidente ferroviario, como en los tiempos de don Porfirio. Algún día, en esta zona de valles y altas montañas, Orizaba-Fortín-Córdoba, se pensó en un tren turístico, de las no utilizadas vías que bajan al Metlac, donde hay un cuadro retrato de esa bella barranca. Pero solo han sido sueños de pescadores que arrulla el mar. Como el Maya del Peje.

 

LA CASA DE LAS FLORES

 

Aun no logro ver nada, ni el primer capítulo, pero la serie de Netflix, donde la Vero Castro regresa a las pantallas, algunos dicen que está mucho mejor que la de Luis Miguel. La figura más grande de las telenovelas mexicanas, Verónica Castro, regresa a tambor batiente. Y Netflix se anota triunfo tras triunfo, como aquel día en que con House of Cards se apoderaron del mundo televidente, para crear el nacimiento y grandeza de una gran empresa, que comenzó como todas las cosas grandes que se comienzan en Estados Unidos, como aquellos garajes del Silicón Valley, donde el mundo ya no volvió a ser el mismo, después de que unos Ciro Peraloca llamados Bill Gates y Steve Jobs (qepd) irrumpieron al mundo para cambiarlo y no volver la vista atrás, como la esposa de Lot, a riesgo de convertirse en piedras. Con la de Luis Miguel arrasaron en la audiencia, y el hijo del exgobernador Miguel Alemán, Miguel Alemán Magnani, negocia con Netflix para llevar a cabo la segunda de esas series, porque se quedó justo en el momento que aparecía la mamá de Luismi. Y el odio al padre fue de enchílenme estas tortas, más odiado que un Chiva al América o viceversa. Voy a Huffington Post: “Una producción que lejos está de ser una tradicional telenovela (aunque todo el mundo lo esté diciendo), sino que por el contrario presenta actualidad, libertad de expresión e inteligencia emocional. ¿Qué no recuerdan qué tontas eran las mujeres en esos papeles de buenas e ingenuas? María del Mar, María del Barrio, Los parientes pobres, Quinceañera… En cambio, miren a Paulina de la Mora (Cecilia Suárez), personajazo. Lista, feminista, echada para delante, perra si es necesario… Aquí el mundo no está dividido en buenas, ingenuas y vírgenes y malas, audaces y zorras. O qué decir de Virginia de la Mora (Verónica Castro) sacando la casta, defendiendo a la familia del qué dirán (cuando dicen) y al que ella tanto teme. Un mujerón, que sabe confrontar, que sabe levantarse. Y a esto se le suman las inteligencias emocionales. Ambas terminan diciendo, en momentos clave, cosas muy acertadas desde el corazón. Estos personajes tienden a conectar y a trascender mucho más que una bonitilla ingenua que solo vende la ilusión del amor y su físico”. A verla, pues.

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