FUENTEOVEJUNA, SEÑOR

*Las turbamultas son difíciles de controlar, se escudan en el anonimato y en la impunidad que otorgan los gobiernos. Camelot.

 ¿Quién mató al Comendador? Fuenteovejuna, señor. ¿Y quién es Fuenteovejuna? ¡Todo el pueblo, a una!. Aquel relato de Lope de Vega, inspirado en un episodio histórico controvertido, el asesinato a manos de los villanos de Fuenteovejuna del comendador mayor de la Orden de Calatrava, no se sabe si por los muchos abusos que había cometido sobre la población o simplemente porque era partidario de la Beltraneja y no de Isabel, en tiempos de Los Reyes Católicos, ahora se está viviendo en México en cada uno de los rincones, en cada una de las aldeas, donde un pueblo enardecido sin razón, se hace justicia a su mano. Por diferentes causas, por diferentes razones, por diferentes sospechas, aunque a todos esos bárbaros sedientos de sangre los mueve el mismo poder que dan las turbamultas, que en el anonimato pueden matar, linchar o quemar a la gente de la que sospechan que son roba chicos o maleantes. Las escenas terribles que circularon en el mundo, para seguir haciéndonos ver como un pueblo desalmado y despiadado, sin escrúpulos, dejó ver a cientos filmando en sus celulares la quema de dos hombres quienes, al parecer, solo eran inocentes campesinos, que llegaron a ese pueblo y un par de gandallas arengó a las masas y terminaron quemándolos vivos con gasolina, que les echaban cuando el fuego amainaba. Así se han escrito muchos negros capítulos de nuestra historia salvaje. Ocurrió en San Miguel Canoa, en aquellos tiempos inciertos de 1968, cuando los estudiantes estaban levantados al grito de libertad y democracia, y unos llegaron muy solos a ese pueblo a incursionar como trabajadores de la universidad de Puebla al volcán La Malinche. El Cura y el pueblo, que vivían del remordimiento y de la envidia, los agarraron, los acusaron de estudiantes revoltosos y los lincharon frente a ese Fuenteovejuna. Se hizo una película de Felipe Casals, que detalla ese linchamiento. Ahora a nuestro país le ha entrado una sicosis. Por todos lados, en las benditas y malditas redes sociales, corren la voz de que andan secuestrando niños, y hay gente inescrupulosa que asegura haber visto cuando a los niños les quitan sus órganos, como si eso fuera fácil de hacer en cualquier sitio, para trasplantarlos a otros niños. Mentira. Todas son jaladas que nos ha dado el ser ahora un país de Fuenteovejuna.

 

EL PORFIRIO ENCUMBRADO

 

El presidente Peña Nieto se despedía ante los suyos en Palacio Nacional, con uno que otro extraño del otro lado, como los presidentes del senado y la cámara de diputados, Martín Batres y el talentoso Porfirio Muñoz Ledo. Porfirio es una gente sin igual. Nadie hay más conocedor de los parlamentos del mundo, que Porfirio. Nadie hay que conozca la política mexicana y la inglesa y la francesa, que Porfirio. Nadie hay más brillante, pese a su edad, que Porfirio. Por eso cuando un diputado se le alebrestaba en el Congreso y pedía la palabra como independiente, lo puso en su lugar. Así es Porfirio. Ha mamado la política toda su vida. Ha sido sin duda el mejor político conocedor de los intrincados juegos de los congresos. Él fue aquel irreverente que un día respondió con el primer discurso de oposición a Miguel de la Madrid, y le aseveró aquel histórico juramento de los Reyes de Aragón: “Nosotros,  que cada uno somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos”, hizo que Miguel de la Madrid terminando su informe se fuera a buscar un libro para entender qué le dijo el buen Porfis. En mi galería de picudos de mi chayotera oficina (porque está en Orizaba eh, no piensen de los chayotes), guardo una foto cuando ambos dos (Fox dixit) éramos un poco más jóvenes. Quién sabe qué demonios andábamos haciendo, él en el WTC de Veracruz daba muy seguro una exposición, una conferencia de las magistrales. En el pasillo, cuando hubo un receso lo encontré y me tomé una foto con él y platicamos unos minutos. De lo que pudimos, de libros y de historia. Ha llovido desde entonces, los años han pasado pero este hombre los ha vivido todos en plenitud del saber, de la mente lúcida y brillante. En tiempos de Luis Echeverría fue el autor de La Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, que la ONU hizo suya y, cuando el presidente la leía en el foro ante los representantes, Porfirio el muy canijo la recitaba línea por línea, para que los que a su lado estuvieran, supieran que él era el autor. Fue secretario de Educación y Trabajo, senador y diputado y presidente del PRD, con quien una mañana salió del brazo de Ifigenia y Cuauhtémoc Cárdenas y Heberto Castillo a formar al partido que fue el padre de este Morena, que los llevó a los altares de la patria, donde ahora se hablan de tú con Morelos y Juárez y Lázaro que se te va, y con los que pueden, en ese panteón ilustre donde ellos verán si logran la Cuarta Transformación, o se quedan en una transformación de cuarta. Pero estaba con Peña Nieto. Resultó el día que daba su último informe de gobierno, que dos encuestadoras los reprobaron. La de María de las Heras, donde solo alcanzaba un 18% de aceptación y la de Bermúdez, donde un 80% lo repudiaba y lo catalogaba como el peor presidente en la historia de México. Ni hablar, ces´t la vie, diría un francés.

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