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ESA REMEMBRANZA A LOS PEREZ AVELLA

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*El béisbol no son estadísticas, el béisbol es Joe DiMaggio doblando por segunda base y Babe Ruth volando bardas. (Jimmy Breslin). Camelot. 

Ayer mismo, en el primer juego de la Serie Mundial, donde todos somos Dodgers de Los Ángeles, herencia que nos dejó el gordo de Etchohuaquila, el gran Fernando Valenzuela, y que ahora seguimos por Julio César Urías, un mexicano originario de Culiacán, que perdió un ojo muy chico pero que, comentó: “Dios me quitó la vista de un ojo, pero me dejó mi gran brazo izquierdo”, y así triunfa en esa carpa llamada Grandes ligas. El juego iba en la emoción. Las tres cadenas deportivas tienen la señal: FOX, ESPN y Televisa en TUDN. Suelo oír a los mexicanos, Pepe Segarra y Toño de Valdés, me gustan al igual aquel narrador que, cuando cae un jonrón, grita: “No, no, no y no, díganle que no a esa pelota”, que es Ernesto Antonio Jerez, de la Republica Dominicana. Ninguno como el Mago Septién y como Buck Canel, y el gran Ángel Fernández, que tenía narraciones maravillosas. El béisbol es el único deporte que se lleva anotado en un cuaderno y te pueden ir narrando entrada por entrada, bola por bola hasta caer el out 27. No hay nada más serio que el béisbol, todo lo que necesitas saber está allí: tiene éxitos y fracasos, momentos de compañerismo y momentos de soledad, y tiene un fin, no un reloj, como en otros deportes, sino tiene un fin. Y decía que en una parte de la narrativa Toño de Valdés recordó al empresario orizabeño, Jaime Pérez Avella, fallecido en 2013 a sus 82 años, cuya muerte dejó de duelo al mundo empresarial y al béisbol de la liga mexicana y de la americana, pues siempre será recordado por haber vendido al gran Fernando Valenzuela a Los Dodgers, allí mismo se refirieron a su hijo, Vicente Pérez Avellá, grandes empresarios orizabeños y amantes del béisbol, generosos y llenos de filantropía, y aquí aprovecho este espacio para decirle a Vicente, que muchas gracias por el apoyo que da desde hace años a Los Niños de Casa Hogar Orizaba. Buen recuerdo de estos comunicadores, para aquellos dueños del Puebla.   

LAS BLASFEMIAS (RAUL DEL POZO) 

G. Ingersol, orador ateo, ex combatiente de la Guerra de Secesión, sacó una vez de la levita el reloj, al estilo de Gary Cooper, y dijo a la multitud: «Según la Biblia, Dios ha condenado con la muerte a los hombres que blasfeman. Yo voy a blasfemar». Blasfemó; una mujer se desmayó. Pasaron cinco minutos y no le cayó un rayo al coronel, así que siguió su predicación diciendo que el miedo crece, el miedo es bárbaro, el miedo cree en brujerías, el valor se yergue y piensa, no hay que tener fe alguna en una empresa como la de la religión que promete dividendos a los accionistas sólo después de muertos. De lo único que hay que tener miedo es del miedo mismo, dijo Roosevelt y acabó en una silla de ruedas. El miedo anda solo por el planeta mientras los accionistas de la Tierra se están quedando en cueros, y también los pobres de corbata. 

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