ENCONTRE A FADANELLI

*De Tolstoi: “Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego”. Camelot

Supe hace unos días que había sido operado, una operación difícil que salió avante y encontró nueva vida. Otra oportunidad que Dios da para seguir en este mundo terrenal. Le visité en su añeja oficina de la calle Madero, donde desde la época de sus padres, muy trabajadores ambos, ahí tienen la afamada Fotografía Fadanelli. Encontré en sus paredes mucha parte de la historia fotográfica de Veracruz y de otros sitios, la parte política y la social y la humana, donde se ven fotos bellas de perritos, pues es una gente que les quiere bien. Repuesto de una operación quirúrgica, ahí va en la convalecencia, acompaña su hijo Enrique la plática, quien labora en el Congreso al lado de Dante Delgado Rannauro, coordinador de Movimiento Ciudadano en el Senado. Nos fuimos a rememorar los años en que nos conocimos, allá por el año 70, que ha llovido desde entonces. Y repasamos la calle Madero y la propiedad de sus padres, en esa bella casa del Parque López, sus rumbos. Fadanelli ha sido el fotógrafo oficial de varios gobernadores y obispos y candidatos, carrera que comenzó con Fernando Gutiérrez Barrios, quien le dispensaba una amistad plena, luego Dante, otro de sus buenos amigos, le siguió Fidel Herrera Beltrán, donde me mostró una foto cuando ambos estaban en un campo de golf. También retraté una foto de cazadores, que aparece mi suegro, don Juan Diez Alonso, y Gonzalo Reyes y otros personajes orizabeños. Hay que hurgar muy bien en su filmoteca, que debe tener miles y miles de testimonios del vivir de la gente. Le dije que debe seleccionar y hacer libros económicos,  para que los mortales de este lado podamos ver todos esos testimonios de una vida, plasmados en fotografías. Llamó mi atención un escaparate de cámaras antiguas y máquinas de escribir. Horacio Fadanelli Abascal está vivito y coleando, listo en la terapia de recuperación y muy lúcido para seguir en ese oficio-profesión, que pocos tienen y dominan el talento para las bellas fotografías. La lente de Horacio, nos llevó por aldeas, ciudades iluminadas, paisajes urbanos y la campiña que retrató Juan Rulfo. Las mejores fotos del Pico de Orizaba, son de su autoría. Un orgullo orizabeño.  

 

 

CAPOTE HACE 53 AÑOS

 

 

El libro A sangre fría de Truman Capote, es el icono de los relatos de la novela llamada de no ficción. La escribió en 1959 y publicada hasta 1966, porque esperó que uno de los criminales fuera ahorcado, para cerrar esa novela más que policiaca, un verdadero relato humano y de bestias de unos criminales que un día mataron a una familia en un pueblecito americano. “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”, así llegó a presentarse alguna vez ante la sociedad neoyorkina, que lo admiraba y luego lo repudió, cuando les escribió todas sus relaciones de alcobas. Pero donde más se le recuerda, aparte de esa novela, fue aquel gran baile que organizó un año de 1966, presente lo tengo yo.

El 28 de noviembre de 1966 se realizó el Black and White Ball, o Baile en Blanco y Negro, histórica reunión social que Truman Capote organizó en el hotel Plaza de Nueva York. Las invitaciones, enviadas a principios de octubre sólo a 500 elegidos del escritor, decían: “En honor de la señora Katherine Graham, el señor Truman Capote se sentiría muy honrado con su compañía para el Baile en Blanco y Negro el lunes 28 de noviembre, a las 10 de la noche, en el gran salón de baile del Plaza”. Más abajo se especificaba el dress code: Caballeros: traje de etiqueta negro y máscara negra. Damas: vestido de noche, negro o blanco. Máscara blanca; abanico. Y una verdadera fiebre se despertó entre aquellos que no habían recibido su salvoconducto a una fiesta que los diarios neoyorquinos no sabían si catalogar como la del año, de la década o del siglo. Ese había sido un año muy especial para el escritor. El baile representaba para Capote más que un agasajo a su amiga Katherine Graham, cabeza del poderoso grupo editorial que editaba el diario The Washington Post y la revista Newsweek, una celebración de sí mismo, incluso puede asegurarse que de ahí en más comenzó su descenso. El escritor dijo haber invertido en la fiesta 155.000 dólares para que todo saliera sin posibilidad de errores. Esa noche lluviosa, la ciudad entera se cubrió de glamour. La pasarela por la que cantidad de celebridades entraron a la fiesta con sus mejores galas atrajo la atención de cámaras de televisión, casi 200 fotógrafos, toda la plana mayor de los columnistas de moda y una multitud de curiosos. Truman tiró un baile con la eterna Marilyn Monroe. Por ahí desfilaron Frank Sinatra y su flamante mujer, Mía Farrow; Andy Warhol, Sammy Davis Jr., Tennessee Williams, Marlene Dietrich, Nelson Rockefeller, Henry Fonda, Greta Garbo, Oscar de la Renta y el marajá de Jaipur. Solo falté Yo Mero. Los invitados procedían prácticamente de los cinco continentes. Pero el que menos pasó desapercibido fue Norman Mailer, que llegó a proponer al asesor de seguridad del entonces presidente Lyndon Johnson continuar en la calle una discusión sobre Vietnam, o sea, a madrazos. Una de las mejores definiciones de lo que significó esa noche la dio un reportero de televisión dirigiéndose a la audiencia: “Esto es como la otra mitad vive… Sabemos que usted no es lo suficientemente rico ni socialmente importante ni lindo como para ser invitado; si no, no estaría mirando ahora las noticias”.

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