Acertijos

ENCONTRE A AMPUDIA

*La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir. Camelot

 

Tarde jalapeña de media semana. Quien esto escribe hacia un tiempo de break en Plaza Américas de Xalapa. Junto a Joaquín Barragán León, que ni es león ni cómo lo pintan, tomábamos un café en el negocio de la familia del empresario Manolo Fernández, la cafetería Don Justo, la que está pegada al Sanborns. Ajustaba mi reloj para ir a una comida con amigos jalapeños y uno que otro de lugares circunvecinos, como Cotaxtla. Cuando de repente lo vimos pasar. Le grité por su nombre, volteó y regresó al saludo y a la plática corta, de algunos minutos, pero saludable. Era Enrique Ampudia Mello, hombre de mil batallas, funcionario público y doctor en artes de la política. Alguna vez de hace un tiempo, junto a Juan Herrera Marín y él mismo, formaban el gran triunvirato con su jefe, Miguel Ángel Yunes Linares. Al tiempo, caminaron caminos diferentes y el jefe llegó a Gobernador, pero ya sin ellos. Pero en aquellos años del gobernador Patricio Chirinos, no había hoja de árbol que se moviera en el estado, que ellos no lo supieran, o las agitaran. Hacía rato no lo veía. Me dio gusto saludarlo. Sé por amigos que está colaborando con un picudo en la Cuarta Transformación, en Ciudad de México. Y de vez en cuando se da su vuelta a Veracruz, donde a las palmeras el sol las agita lindo. Quedamos de vernos pronto, a suculenta comida allá en Ciudad de México, antiguo D.F. Venga.

COMIDA XALAPEÑA

Un amigo preparó una paella en Xalapa. Paréntesis (He de platicar que la mejor paella del mundo la comí, aunque ustedes no lo crean, en Miami, en un lugar de la avenida del Biscayne Boulevard. Riquísima. Anduve y andé también en Valencia mía, jardín de España. Uno camina por sus calles y en las banquetas afuera de los restaurantes, ves cómo te hacen las paellas gigantes, a la vista de todos. La gente comienza a invitar a entrar, los empleados te convencen, el olor de paella jala, como en el muelle del barrio pesquero de Santander, donde las ves cómo las preparan al ojo de la gente. En Valencia, cuando nos sentamos a comer una paella valenciana, el mesero nos preguntó cómo la quieren, como las comen ustedes o cómo las comemos nosotros aquí. Pues ni duda, cómo las comen ustedes aquí. Pues sucede que las comen con lo mismo, solo que de mariscos nanais, ese fue invento de otros, dijo, ellos con su arroz y azafrán y conejo, que era el alimento más barato cuando eran pobres, en aquella España que huele a caña, tabaco y brea. Igual que el Cocido Montañés de la Cantabria, que luego derivó en Cocido Madrileño, cuando le metieron cuánta cosa se les ocurría. El Montañés era comida de aquella España pobre, con su alubia blanca y la berza, a diferencia del madrileño el montañés no lleva garbanzos como elemento principal del plato y se come todo junto, en el madrileño te lo separan, al menos así en La Bola, del centro de Madrid, pero en el montañés con un plato de esos estás harto, escanciado con un buen vino de la casa, diría un gourmet. Cierro Paréntesis, porque me está dando hambre) Para no hacerla larga y cansada unos 16 amigos nos juntamos a comer una paella que el anfitrión, Enrique, hizo y nos invitó. Andábamos muchos: periodistas, abogados, empresarios y faltó el jubilado Magistrado, que fue un día Presidente Magistrado, políticos en la banca por la 4T y entre vegetación, en un lugar paradisiaco, donde unos pavos reales querían aparearse, y sus escándalos estaban a la orden del día (de los pavo reales), se nos fue la tarde tranquila. Buena paella y buena reunión. Remátala, David.

EL GRAN PORFIRIO

La foto comenzó a circular en redes sociales. El gran Porfirio Muñoz Ledo (23 de julio de 1933, edad 85 años, Ciudad de México) se veía abatido, ponchado, enfermo, malito. Sus 85 años de edad pesan. Es sin duda el mejor elemento de la 4T, el más preparado de los morenistas y el político que más sabe de leyes y de parlamentos del mundo. Su paso por la política ha sido de luces y sombras, algunas veces, como casi todos, gravitó en el PRI, y una mañana que el gallo cantó junto a Cuauhtémoc Cárdenas y Rodolfo González Guevara y doña Ifigenia Martínez y otros más, hizo la gran escisión del partido para ir a formar el PRD, cuando el ahora presidente AMLO ni aparecía por ahí. Fue un cisma aquella vez del año de 1986, presente lo tengo yo, de allí nació la izquierda del PRD, papá de los Morena, y nieto de los del viejo PRI, donde todos se amamantaron y hoy gobiernan. Porfirio es un talento, esa foto que circuló se le ve que le dio un golpe de calor en Cuernavaca, anda malito a su edad, deben de cuidarlo, lo ayudan al caminar y por eso a un lado se le ve a una enfermera con un vaso de agua. Sale poco, quizá quiera morir allí, con las botas puestas como los grandes generales en batalla, o como aquellos viejos Magistrados veracruzanos que morían en las escaleras del Tribunal Superior de Justicia de la jalapeña calle Leandro Valle. Porfirio ha sido de todo, casi todo: presidente de dos partidos, PRI y PRD, senador, diputado, Secretario del Trabajo y de Educación Pública, de él se cuenta que fue el autor de la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, y que cuando el presidente Echeverría la leía en la alta tribuna de Naciones Unidas (ONU), Muñoz Ledo la iba desde su butaca deletreando palabra por palabra, era como el general De Gaulle, a Muñoz Ledo le dabas un discurso y lo memorizaba todo. Ojalá y la vida le dé más años, los que necesite para terminar su encomienda y pueda ir a casa en paz  y tranquilo. Larga vida a Porfirio.

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