EL PASAPORTE DE YUNES

*La vida es más ancha que la historia. Gregorio Marañón.  Camelot.

 Miguel Ángel Yunes Linares fue a sacar su pasaporte, como cualquier hijo de vecino, como cualquier ciudadano cuando va a renovar el documento que te deja salir del país, fue y se formó en la fila. Me cuenta un garganta profunda, que lo comenzaron a saludar con afecto y se les hizo raro que ahí estuviera, cuando podía, por ser jefe del Ejecutivo, mandar llamar a algún funcionario de Relaciones Exteriores y en pleno Palacio tomar los datos y la foto y la huella del dedo, si aún la piden. Los memes en las redes comenzaron a circular, los memes que son de gracia hay que aplaudirlos, los de mala leche allá ellos, quienes los hacen, lo que un político hace ahora en las redes sociales se refleja. Supe que va a Estados Unidos a reunirse con los abogados que llevan los casos de las residencias de ese país, incautadas a los veracruzanos del sexenio pasado, para darle el último empujón y ver si las pueden recuperar para que formen parte de los bienes recuperados para Veracruz. Suerte y buen viaje.

 

LAS TRAGEDIAS DE CAPUFE

 

Leí por ahí no hace mucho, que el viejito Jiménez Espriú, secretario de Comunicaciones del amoroso, dijo que prohibiría los tráileres de doble cabina, o doble remolque, que son un verdadero peligro para los que circulamos por las mugres autopistas de Capufe. Al grito de’ me canso, ganso’, Jiménez va a sacudir ese árbol corrupto de Gerardo Ruiz Estranza, perdón, Esparza. En México se violan todas las normas carreteras, si un tráiler debe pesar tantas toneladas, le meten el doble. Hace años una madre comenzó una lucha y un calvario porque uno de sus hijos estaba detenido en una caseta de paga y llegó un tráiler doble caja y no le dieron los frenos y se impactó contra ellos, matando al muchacho. Hubo una campaña muy fuerte, la madre acudió a una organización Change.org y se hizo campaña nacional, los periodistas como Carlos Puig tomaron eso como ellos. El estúpido y tonto secretario del socavón, salió en defensa de los dueños de los camiones y argumentaba que, si les quitaban el doble remolque, entonces tendrían que tener más camiones. Mira qué lindura de tonto. Cuento esto porque ayer mismo encontré en el tramo Cuitláhuac-Córdoba, a mi regreso de Veracruz, un tráiler caído al pie de la cuneta, les fallan los frenos porque llevan mucha carga, y la policía federal de caminos hace como que no ven, nos retrasó más de media hora en lo que llegaba una grúa. Además, son tráileres viejos. Y comento esto porque ayer se enlutó la autopista México-Toluca, un tráiler de estos a los que me refiero, mató a 10 personas inocentes cuando los frenos le fallaron y la mujer que era la conductora, no pudo detenerlo. Cada muerte en las autopistas, son muertes de Ruiz Esparza. Cínico y además muy ineficiente, y corrupto.

 

LOS BAÑOS DE HOTELES

 

Suele uno ir a hoteles y, cuando se va a ellos, algunos, sobre todo los de Europa, que son más viejos que el gabinete de AMLO (En esto de viejitos no hay que burlarse, suelen luego criticárseles y termina uno antes estirando la pata, por eso es mejor tocar madera) tienen tinas en los baños. Me imagino que en la época de Franco se usaban mucho las tinas. Una vez, Pedro, el Concierge me presentó a un picudo de los socios de ese hotel y le hice ver que las tinas solo sirven para que uno se resbale y se medio mate, o te quiebres una mano o una pata, y que nadie usa las tinas ni de piscinas ni de baño de asientos. Me hizo caso, y ahora ahí van poco a poco en el Liabeny, quitándolas y remodelando los cuartos, hacerlos modernos. Otra de ellas es el tipo de llaves que se usan. Uno en casa tiene dos llaves, la del agua fría y caliente, abres una y la atemperas con la otra. Pero hay hoteles que tienes que buscar casi un organigrama para saber cuántas llaves abrir y cuáles sí y cuáles no. En Europa son muy dados a eso, igual algunos americanos. A mí el peor que me tocó y me rendí y terminé llamando a la administración para que me enviaran a alguien a controlar el agua fría y la caliente, fue en el hotel Emporio de la avenida Reforma en Ciudad de México, pasaron diez minutos, casi como Joaquín Sabina: me dan las doce, y la una y las tres y me rendí, entró un bell boy del hotel que parecía nazi, alto y pelado a rape, en dos segundos le encontró cómo abrirla, entonces le dije dejara un manual porque eso de abrir las llaves así, irritan a cualquiera. Más si es uno pueblerino.

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