EL MEXICO DE LOS DESAPARECIDOS (10 DE MAYO)

*A todas aquellas Madres que aún buscan a sus hijos, desaparecidos en este México que no nos merecemos. Que Dios les de aliento y fuerza para seguir en ese triste y mal camino. Y que Dios las bendiga. Camelot.

 

Quizá hoy, que es Día de las Madres, muchas madres sufren por la desaparición de sus hijos o hijas, o esposos o sobrinos. A ellas se les debe recordar en este Día. Cuando una mañana o tarde las vieron salir del hogar y no han regresado. Existen en México y en Veracruz y en Orizaba, Grupos Colectivos que las buscan, con palas, en terrenos áridos, en montes donde los delincuentes, después de matarlas, las arrojaron y sepultaron con maldad, ellas las buscan con la esperanza de encontrar algo, una prenda que las identifique, un zapato, un algo que les diga que ahí están, porque nada hay peor que no saber de ellas y ellos. Madres que excavan la tierra con picos y palas, en la esperanza de verlas de nuevo. Es un peregrinar constante. Cada uno de nosotros en este país, que es un Cementerio gigante, conoce del caso de alguna jovencita o de algún joven que salieron a sus tareas cotidianas, o al café o a la escuela, y no han regresado, o algún padre o madre o hermana. Sus madres los buscan, los quieren cómo los encuentren: vivos o muertos. Desgarra entrar al Internet y buscar a muchas de ellas. Ellas, esas madres, al sentarse a la mesa de un 10 de Mayo, seguro encuentran un lugar vacío, un lugar dónde rezarle al hijo a la hija ausente, porque se dé el reencuentro cómo sea y a dónde sea. O como aquel padre y madre que entran el tuiter pidiendo a la autoridad justicia, porque a su hijo, por robarle un reloj, un mal día un desgraciado lo mató. En este México de dolor y tragedia, el México que hueles a tragedia, tierra mía, como lo explicó el Vate López Méndez.

MIRAR A LAS MADRES

No sé a qué madre mirar, si a las que lloran por la ausencia, o a aquellas indígenas que vemos cotidianamente en las calles y las plazas públicas ofertar lo que puedan vender, para llevar a sus hijos algo de comer. Ese México desgarrador y de pobreza, donde aún viven descalzas y con pisos de tierra, donde están esperando desde hace siglos que los rescatemos de dónde están. A esas madres, que luchan por sus niños indígenas, por vender lo que puedan y muchas veces las autoridades las corretean por invadir espacio público, como María, porque en este México todas son Marías, a quien veo ahora en la orizabeña calle Madero, jalando al niño con un rebozo cruzado al pecho, su hamaca infantil, vendiendo, no pidiendo limosna o ayuda, o las otras madres que se ponen frente a las iglesias, en espera de algo para los suyos.

EL PAPA FRANCISCO Y LAS MADRES

Durante la primera Misa presidida por el Papa Francisco este año 2019, celebrada en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el Santo Padre recordó la centralidad de las madres en la humanidad y recordó que “la familia humana se fundamenta en las madres”. En su homilía, el Pontífice advirtió que “un mundo en el que la ternura materna ha sido relegada a un mero sentimiento podrá ser rico de cosas, pero no de futuro”. Explicó que “un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope. Podrá aumentar los beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos. Tendrá ganancias, pero no serán para todos. Viviremos en la misma casa, pero no como hermanos”. “Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados e indiferentes a todo”. El Papa insistió en que “necesitamos aprender de las madres que el heroísmo está en darse, la fortaleza en ser misericordiosos, la sabiduría en la mansedumbre”.

UN DIEZ DE MAYO

Buena parte de la humanidad, al menos la mexicana, celebra hoy el Día de las Madres. Para aquellos afortunados que aún la tienen, gócenla y vívanla, apapáchenla, bésenla y ámenla como a ninguna. Yo estoy sin ella hace un tiempo, pero la traigo en mi pensamiento y mi corazón, y la memoria y los recuerdos me llevan a ella, cuando la extraño. Los restaurantes y los hogares de mexicanos estarán en la celebración. Los panteones, muy visitados. Las ofrendas florales embellecerán esa tradición muy nuestra, de visitar a la Madre en este su día, esté donde esté, lo mismo en una mesa de comer o en una tumba fría.

DE UN PEREGRINO (POR EL PADRE BERNARDINO)

‘Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que siendo joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud; una mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida, se acomoda a la simplicidad de los niños; una mujer que siendo pobre, se satisface con la felicidad de los que ama, y siendo rica, daría con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud; una mujer que siendo vigorosa se estremece con el vagido de un niño, y siendo débil, se reviste a veces con la bravura del león; una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un sólo instante, por recibir de ella un sólo abrazo, por escuchar un sólo acento de sus labios. De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape con lágrimas vuestro álbum, porque ya la vi pasar en mi camino. Cuando crezcan vuestros hijos leedles esta página, y ellos, cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero en pago del suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí, para vos y para ellos, un boceto del retrato de su nombre: MADRE.

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