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EL GRITO MEXICANO

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*La Patria es Primero, dijera aquel prócer. Camelot.   

A las 11 de la noche, como marca el reloj del protocolo de la patria, el presidente se asomó al balcón, junto a su esposa, y antes se cuadraron todos, militares y presidente, ante la Bandera mexicana. Ante una plaza vacía, cuya planta del zócalo estaba solo iluminada por luces enmarcando el territorio mexicano en los tres colores, aquello lucia desolado. La pandemia nos ha llevado a vivir otra vida. Atrás quedaron los días de las celebraciones y del pueblo mexicano convocado a ese sitio. Vamos, hasta la Catedral fue tomada por el Ejército y resguardada por seguridad, por aquello de no te entumas. El Estado Mayor Presidencial, que aún existe disfrazado de civiles, que no lo son, cuidan al máximo al presidente, el horno no está para bollos. Hay muchos enfrentamientos en este México, donde los Hunos y los hotros se dan con todo, por parafrasear a Unamuno. Entra el presidente al balcón de la patria y tiró sus arengas, sus Vivas a los héroes que nos dieron patria y libertad. Y de allí se salió del libreto. 11 Veces gritó vivas a libertad, la justicia, la democracia, la igualdad,  soberanía, la fraternidad universal, el amor al prójimo y la esperanza en el porvenir. Entonces, a los pocos minutos en el tuiter, donde se da la pelea por la patria, los conocedores dijeron que incluyó a los masones, por el de fraternidad, y a los cristianos, por el amor al prójimo. Y los críticos escribieron  que se le olvidó un Viva por los médicos y enfermeras y afanadores y por toda la gente del sector salud que habían fallecido cuidando enfermos de Covid, y también una plegaria  para los muertos que hemos tenido. Un país que olvida a sus muertos, dijeron. Un día triste, un grito patético, otra noche triste, escribió el periodista Héctor de Mauleón.  La Independencia, la que muchos historiadores aseguran que se logró con la obra y gracia de Agustín de Iturbide, y fue en Córdoba, en Veracruz, donde se firmaron los tratados con el tal Virrey O’Donoju, aquel que reza una plaza en el portal de Zevallos que desanudaron un nudo difícil de desanudar, un verdadero nudo gordiano, cuando la patria comenzó a caminar sola y los españoles partieron a casa a inaugurar el Estadio Santiago Bernabéu y nacer y ver jugar al Real Madrid. 

EN OTROS LUGARES 

No vi ningún Grito del estado, aunque al otro día enviaron por las redes sociales una imagen en video donde el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez, dio un tropezón ante el balcón jalapeño y se le olvidó la Bandera, y lo hicieron circular en ese tuiter con todas las lindezas que le pusieron los tuiteros. En Orizaba, donde me tocó vivir, solo se oyeron los cuetes, ignoro cómo estuvo, al igual que en ningún otro municipio, eso sí, tengo unos vecinos que de seguro agarraron por su cuenta las parrandas, son todos americanistas y ayer en la hora del Grito tiraban unas palomas que hacían retumbar las casas donde se veía el grito en la tele. En la orizabeña Plaza Bicentenario, la misma tarde del Grito, se vio a la estatua de Porfirio Díaz (una de las pocas estatuas que existen en el país), donde reza un lema: “General Porfirio Díaz Mori, Oaxaca 1830-Paris 1915. Orden y progreso. Orizaba 2015”. Allí le fijaron una bandera mexicana y un arreglo floral porque, cuentan los historiadores que el 15 de septiembre fue el día que nació don Porfis, y él, en aquel inmenso poder que tenía movió la fecha para que fuera el 15 de septiembre donde todos los presidentes dieran el grito, incluyendo este último. Polvos de aquellos tiempos cuando la patria era otra. Y había orden y progreso, dijera la placa alusiva. 

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