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EL GENERAL SIN SU LABERINTO

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*Y cuando despertaron, el general ya venía en camino. Camelot. 

Ayer, en tarde orizabeña lluviosa, mientras pardeaba la tarde, más o menos a las 4 y pico Marcelo Ebrard, el Canciller mexicano, tuiteó que tenía una conferencia a las 5:30 y que informaría. No decía de qué. Al ir a husmear a las redes sociales, la revista Proceso on line indicaba que la Fiscalía de Estados Unidos se desistía de la acusación penal contra el general Salvador Cienfuegos Zepeda, un hombre que, cuando iba con su familia a Los Ángeles, fue detenido y cimbró el espectro de México, por haber sido el general secretario de un sexenio en México, la más alta cumbre que militar pueda llegar en su país, dirigir las Fuerzas Armadas y tener a más de 350 mil soldados bajo su mando. 

Cuando lo detuvieron y durante el proceso, muchos calificaron de una tontería esa detención. En Estados Unidos los fiscales echan mano de rufianes como testigos protegidos y por cualquier cosa acusan a cualquiera, como aquel macuarro que acusaba que Bartlett y el presidente de la Madrid habían estado confabulados y en una reunión cuando liquidaron a Enrique Camarena, cuyo crimen lo ordenó Rafael Caro Quintero, que pagó sentencia y salió exonerado y aun lo busca la DEA. La detención del general Cienfuegos cimbró a la nación. El presidente AMLO se fue con una rápida beisbolera, al otro día dijo que era el ejemplo de la corrupción pasada y del neoliberalismo. En los altos mandos castrenses creó irritación esa declaración. Trascendió que el general secretario le dijo al presidente, que varios generales no estaban de acuerdo. Entonces el tabasqueño reculó y reclamó a los americanos que no habían avisado de la investigación y detención. Y el panorama fue diferente. Aquello era una  locura, la detención del general con testigos protegidos chafas y con señalamientos de que se había asociado a una banda menor de delincuentes, no soportaba el peso de la verdad. Barry McCaffrey, exjefe de la Oficina de la Casa Blanca para el control de las Drogas en tiempos de William Clinton; declaró que la detención del general Salvador Cienfuegos, se trata de una acción intimidatoria del gobierno americano y hasta de pirotecnia mediática, más que de justicia penal. 

EL GRAN MARCELO 

Marcelo Ebrard tomó el micrófono. Desde la sala de la Cancillería en Tlatelolco, se hizo del espacio. Explicó paso a paso cómo fue la detención y liberación del general. Desde aquella llamada que le hizo el tuitero embajador Landau, hasta las otras pláticas que fue teniendo con el fiscal William Barr, un halcón del Gabinete de Trump. Una gente que, comentó el ex procurador y paisano veracruzano, Ignacio Morales Lechuga, en los tiempos que este estaba de Procurador junto a la DEA, le pedía detener a Bartlett, y Bartlett en drogas no andaba, andaba apenas haciéndose de las 17 mil casas que se compró en abonos chiquitos, como Elektra. Con ese fiscal dialogó de tú a tú el Canciller Ebrard, cuya política de aprendizaje y graduación viene desde los tiempos que andaba pegado con Manuel Camacho Solís, aquel que su amigo Carlos Salinas de Gortari no le dio la candidatura a la presidencia, y llegaron los crímenes inciertos de 1994. Marcelo andaba con Camacho, como secretario de Relaciones Exteriores en el exilio. Quizá ahora se acordaría de eso cuando, en la cúpula de la negociación, se levantó como un verdadero político que, si hoy fueran las elecciones, de seguro era el candidato de Morena a la presidencia. El único que no le ha fallado al presidente, comenzó su carrera de comprador de pipas hasta comprador de medicamentos y todo lo que los bomberos puedan hacer. Dio la sinopsis del paso a paso de la liberación del general, un triunfo sin duda del presidente AMLO y del Canciller. Había sido una afrenta a México y a sus Fuerzas Armadas. Los americanos lo entendieron y lo justificaron, era mejor seguir con el combate a los carteles y de las drogas, que pelearse con un país amigo y disgustarse por un general que solo iba de paseo a Hollywood, y que no mereció ese trato de vejación cuando fue detenido. Sería similar a que en México detuviéramos a uno de sus gallos, seguro nos mandan dos acorazados a Veracruz y cinco aviones F16. Un buen arreglo para ambos países, Estados Unidos y México van a caminar de la mano en lo que viene, con Joe Biden que, no lo dudo, será un buen amigo de los mexicanos. 

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