EL ESPALDARAZO AL CUI

*La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos. Camelot.

Cada que el presidente AMLO llega a Veracruz, la gente se asombra que es el estado que más ha visitado, 7 veces en 6 meses. Unos dicen, los críticos, que viene a darle respiración de boca boca a Cuitláhuac, que tiene al estado en primer lugar de cosas malas: feminicidios, secuestros, crímenes, levantones, etc. Y han soltado rumores por aquí, rumores por allá, de que a los dos años viene el cambio y han mostrado hasta nombres con pelos y señales de quiénes lo van a suplir. Pero el presidente cada que llega le echa porras a su pupilo, lo eleva a los altares de la patria, al olimpo de los dioses, dice de él que es honrado, buen muchacho, bien portado, buen bailarín de salsa y termina levantándole la mano, como en la época de los Césares a los senadores. “No está solo”, dijo el presidente, “cuenta con el respaldo  del gobierno federal y del pueblo de México”. O sea, le echó porras nacionales. Bien.

EBRARD Y POMPEO (AGUILA Y HALCON)

Mike Pompeo es un halcón y Marcelo Ebrard una paloma. Cuando el halcón y la paloma se encuentran, plumas vuelan en ese desencuentro. Así parece que el presidente AMLO le encomendó a Ebrard ir y sentarse a negociar, platicar con el halcón Pompeo en la Casa Blanca, que le postergó la cita (hoy mi vida faltaste a la cita, y yo espera y espera por ti) hasta el miércoles, cuentan que Ebrard llegó a la Casa Blanca y tocó la puerta en esa avenida Pensilvania, le vieron cara de cobrador de Coppel y no le abrieron nunca; como le escribió una tuitera, que aproveche el carnal Marcelo para irse de shopping al Mall del Pentágono, ya que va con gastos pagados de la jodida austeridad franciscana. El presidente Trump hizo caer la bolsa y subir el dólar, solo porque una mañana se le ocurrió tomar de piñata, como lo hacía con Peña Nieto, y lanzó una soflama incendiaria contra México. El presidente, que era bueno (ya no) para revirar, siempre le mostraba el amor y paz y lo dejaba caliente al americano presidente. Hoy no se sabe quién lo mal aconsejó y se subió al ring con un rival al que nadie puede vencer, porque no está en sus cabales y es apoyado por muchos americanos que no quieren ver un migrante del lado de ellos, en su frontera, en su tierra, y tiene, además, el mayor poderío sobre la tierra, el económico y el militar. Sin embargo, en este agravio donde la patria va de por medio, el presidente AMLO cuenta con todo el apoyo de los y las mexicanas. Ebrard se alocó. Se tomó una selfie cuando estaba en el aeropuerto rumbo a Washington y dijo que iba a una Cumbre con Pompeo. Las lluvias de golpes le comenzaron a llegar. Inició Jorge Castañeda, que secretario de Relaciones Exteriores de México lo fue en tiempos de Vicente Fox, primero dijo que la carta del presidente parecía de una Miss Universo, luego tuiteó que Cumbre no era, que las cumbres son entre presidentes y jefes de estado, ésta a lo mejor sería una cumbre borrascosa, como la película. Ebrad es buen negociador, se espera que él les haga manita de puerco a los americanos, y pasemos a otra cosa, mariposa.

LA LEYENDA DEL HALCON

Cuenta una leyenda de los indios sioux, que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo, tomados de la mano, Toro Bravo, el guerrero y Nube Alta, la hija del cacique.

– Nos amamos -empezó el joven.

– Y nos vamos a casar -dijo ella.

– Queremos un hechizo, un conjuro, algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos -dijeron los jóvenes al unísono.

– Hay algo que puedo hacer por vosotros, pero es una tarea muy difícil y sacrificada -dijo el brujo tras una larga pausa.

– No importa -dijeron los dos.

– Entonces -dijo el brujo- Nube Alta, sin más armas que una red y tus manos, subirás al monte y cazarás al halcón más vigoroso. Tráemelo vivo el tercer día de luna llena. Y tú, Toro Bravo -prosiguió el anciano- tú debes traer de la montaña más alta a la más valiente de las águilas, y traerla viva sin ninguna herida.

Los jóvenes asintieron en silencio y, después de mirarse con ternura, partieron. El día establecido por el brujo, los jóvenes llegaron a su tienda con dos grandes bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Eran sin duda las aves más hermosas de su estirpe.

– Ahora -dijo el brujo- atad entre sí a las aves por las patas con estas tiras de cuero. Después soltadlas y dejad que intenten volar. El águila y el halcón intentaron levantar el vuelo, pero sólo consiguieron revolcarse en el suelo. Irritadas por su incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí.

– Éste es el conjuro. Jamás olvidéis lo que habéis visto hoy. Vosotros sois como el águila y el halcón… si os atáis el uno al otro, aunque sea por amor, viviréis arrastrándos y, tarde o temprano, os haréis daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure volad juntos pero jamás atados.

Así Ebrard y Pompeo.

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