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EL CAMINAR ENJAULADO

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Uno puede ocupar el espacio que se necesite para caminar los 4 kilómetros que los médicos recomiendan para tener más o menos buena salud. Nada como lo que le ocurrió al Nobel, José Saramago: “Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista: tienes que leer”. Para que no se te disparen los triglicéridos y para que la presión arterial y la glucosa no se aloquen, como se disparan las cosas de la salud en estos tiempos del maldito Coronavirus. A Veracruz le viene otro problema de Salud. El año pasado, el Dengue tomó desprevenidas a las autoridades y el secretario decía casi como que era una gripe. Fuimos lo más malo en Dengue, como hemos sido primer lugar en feminicidios, secuestros y levantones. Campeones en lo malo. Pues ahora ahí viene el Dengue, que también mata gente, aunque no en la forma que este Coronavirus, y Veracruz ya registró la primera defunción, según leo en diario El Mundo de Orizaba. Hacer un poco de ejercicio de caminata, como se pueda, no como aquel sargento Pedraza, que en Olimpiadas sacó la cara por nuestro México lindo y qué herido por el Coronavirus y los 100 muertos diarios de la delincuencia organizada. Aquel sargento Pedraza (José Pedraza Zúñiga), militar que recordamos en la Olimpiada de 1968 en nuestro país y que, cuando caminan con esos pasitos de pisar con un pie la tierra y nunca despegar los dos, llegaba al tercer lugar y nos merecíamos una medalla de plata, bien ganada por su consistencia.

QUEDATE EN CASA

En tiempos de no quedarse en casa, se podía caminar por la gran alameda orizabeña, contar los pasos de cada adoquín y encontrar a caminadores y corredores que vigilan su salud. Cuando los parques se cerraron, se tuvo que encontrar la manera de hacerlo en casa, y ahora es como se entiende aquella frase ‘como león enjaulado’, porque los espacios no son tan abiertos ni tan grandes y sueles ir contando cada paso, de los 5 mil y picos que se necesitas para lograr los 4 kilómetros en el día. Pedraza decía de su caminar: “`No hacía más que correr cuando chiquillo. No tenía fronteras. Corría hasta que me cansaba, correteando animales o nomás por gusto. Respiraba aire puro. Me gustaba andar por ahí, desbocado como un potrillo. Era como todos los niños de rancho: mi mejor juego era tomar todo lo que la naturaleza nos había dado: árboles, campo, piedras, arroyos, animales… ‘”. Así pasa ahora la vida, entre el apoltronamiento de la lectura y las series en Netflix, se va la vida de las 24 horas. No hay noches que surjan ni amaneceres que interesen, más que el de despertar y ver que la vida y el Señor nos ha permitido otro día más sortear esta pandemia. Los animales cobran sus espacios, los que eran de ellos y el hombre se los arrebató. Los mares, como el de Veracruz, recobran su colorido, el Ayuntamiento sube fotos donde recuperan su esplendor, porque el mayor depredador, el hombre, ahora no los contamina. Es común ver a los animales ahora cruzar carreteras y cuenta Humberto Ríos Navarrete, en Milenio, que un inhumano criminal cazó en Yucatán a un Puma, y exhibieron su locura en redes sociales, ahora la ley anda tras de ellos. Cazan como si estuvieran en África. Caminar lo es todo, pero hay que respetar la especie animal, ahora será común en las partes aledañas a las ciudades encontrarse con animales cruzando las carreteras, animalitos que al no sentir peligro de los automóviles y de la gente, logran salir, como se me hizo ver hace unos años en la famosa ciudad texana de Woodland, venados que salían con sus crías en las noches a mover los botes de basura para encontrar alimento.

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