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EL ALCALDE DE LOS SECUESTROS

*Al irse dejó tres sobres en la oficina del presidente que le sucedía. El primero le indicaba que, cuando hubiera una crisis, le echara la culpa a él de todo. El segundo sobre le decía que hiciera cambios en su gabinete. El tercer sobre, que comenzara a hacer sus tres cartas. Camelot

 

Valiente, de cara a su maltratado pueblo, el alcalde mendocino, Melitón Reyes Larios, se quejó públicamente de que en su ciudad los secuestros no paran. Y acusó no tener apoyo ni del gobierno federal ni del estado. Y los diarios hablaron de un estado de emergencia, como en la guerra. La razón le asiste al alcalde, cuando se queja de la violencia desatada en su territorio, donde los secuestros son el pan nuestro de cada día. Al lado de su cuerpo edilicio, habló como lo que es, un alcalde preocupado por sus habitantes, los que lo eligieron alcalde. Un lector me escribió pidiendo le digamos a su hermano, el Arzobispo Hipólito Reyes Larios, que le implore al Patrón, Nuestro Señor, que apacigüe a todos esos malos que tanto daño hacen a la humanidad. O que un rayo los parta en dos. Última hora. Llegaron por la mañana a Ciudad Mendoza, 100 elementos: 80 de la policía estatal y 20 del grupo de élite de la fuerza federal. A la caza de los malos.

NO TE PREOCUPES,  CLAUDIA

Tener un amigo así. El presidente AMLO le dio el espaldarazo a la muy golpeada y repudiada jefa de gobierno, de apellido impronunciable, Claudia Sheinbaum, similar a aquel “No te preocupes, Rosario” de Peña Nieto. El secuestro y muerte del estudiante Ronquillo, le generó repudio y solicitud de renuncia. ya no pudo Claudia culpar a los del pasado, cosa muy normal en esta 4T, acusa al de atrás, échale la culpa de todo, hasta de que llueve de más. El presidente acusó que era maltratada “por los grandulones, abusivos y ventajosos”, y nadie le creyó. O al menos no desenmascaró a aquellos. Cuando se gobierna mal se sufre. Y las consecuencias aparecen. Al final se convirtió en su porrista y le armó una de “No estás sola”.

MUERTE A LA CARTA

Hay estados de la Unión Americana, donde, los sentenciados a muerte, pueden escoger la mejor forma de morir, si es que hay alguna. Todos soñamos con morir en la tranquilidad de una cama, sin sobresaltos, que llegue la muerte y bendita sea si no hace daño ni crea dolor. El filósofo chino, Confucio, primo lejano de Kamalucas, un filósofo de mi pueblo, solía decir: aprende a vivir y sabrás morir bien. Los condenados a muerte en Estados Unidos, son por lo regular crápulas que han liquidado gente. Asesinos confesos. Pues bien, en Utah, uno de los estados norteños, la legislación permite que el sentenciado a muerte escoja cómo morir. Como si se estuviera en una Mac Donald y pudiera uno pedir la burguer o la triple mac. A un gringo maloso le ocurrió. Sentenciado a muerte, escogió ser fusilado porque, dicen que ser fusilado tiene un toque de heroicidad, y se puede mirar al pelotón de fusilamiento cara a cara. Los del pelotón de fusilamiento, para que no carguen en su conciencia él haber sido el killer, toma uno de ellos un rifle con balas de salva, y así ninguno reconoce de quien fue el tiro certero. En la historia de la revolución hubo muchos casos así. Martín Luis Guzmán nos explica varios casos, como aquel general rebelde que, cuando las fuerzas de mi General Villa lo tenían en el paredón, pidió fumar un cigarro, de seguro era Delicados o Alas Extra. Lo dejaron fumar, la mano no le temblaba y la ceniza se mantuvo firme, quería decir esto que era de los soldados bragados. Hay formas de morir: inyecciones letales o silla eléctrica. Ignoro cómo le fue al gringo, si pidió piedad o solo cerró los ojos para esperar el tiro liquidador. Pero de que pidió cómo morir, lo pidió, y le fue concedido.

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