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EL 18 DE MARZO (LAZARO CARDENAS)

*El niño Dios nos escrituró un establo y los veneros del petróleo, el Diablo. Camelot.

Si Lázaro Cárdenas viviera, seguro que moriría tiempo después. Luis Buñuel, ese personaje que presumía ser ateo por la gracia de Dios, pedía que cada 10 años le gustara levantarse de entre los muertos para leer un diario y ver cómo andaba el mundo. Cárdenas hoy se hubiera levantado, como Lázaro, y seguro se moriría de lo que ha hecho Pemex con el petróleo, una verdadera porquería y saqueo. Encontraría el dólar a 24 pesos; una cosa llamada Coronavirus; el petróleo por debajo de los 20 dólares, un aeropuerto tipo Tapo, muy garnachero, y un presidente que lo adora porque siempre lo pone como ejemplo a seguir, pero él no sigue su camino. Yo recuerdo un libro, México Negro, que leí hace muchísimos años y se me quedó en la memoria grabada aquella escena cuando Francisco J.  Múgica, el revolucionario a quien muchos historiadores señalan como el verdadero expropiador, porque tenía mucha influencia con el presidente, como hombres de izquierda. Cuando las negociaciones fracasaron, cuenta ese libro, el presidente estaba en Palacio Nacional con los representantes de las compañías americanas y las inglesas, dueñas del petróleo, les dio su palabra de que la huelga de trabajadores pararía. ¿Y quién respalda al presidente? Preguntó un insolente. Cárdenas se levantó de su asiento y ahí se rompió una taza y cada quién para su casa. La misma mañana en que a través de la XEW, el presidente en Palacio anunciaría ante la plaza del Zócalo, la Expropiación Petrolera, los abogados de los petroleros llegaron pisando tercera base a ese Palacio Nacional, querían hablar con el presidente para decirle que aceptaban sus propuestas. Múgica los atajó. “Demasiado tarde”, les dijo, “el presidente va a anunciar la Expropiación en minutos”, y se pueden ir cómo vinieron,  ándenle canijos, ahuecando el ala.

ESA REUNION DE CUAHTEMOC

Una vez en Xalapa, en la residencia Las Animas, del empresario Manuel Fernández Ávila-Camacho, un excelente exalcalde jalapeño, acompañado de sus hijos, nos invitó a una cena con el hijo del Tata. Llegaba Cuauhtémoc a presentar un libro y con un grupo pequeño de contertulios pudimos platicar con él, ese hombre, el político al que le habilonearon la votación de la presidencia de la República, cuando se cayó el sistema. Le pregunté si la escisión y el cisma que habían logrado, al irse a formar el PRD con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Navarrete y otros izquierdistas más, había sido porque a él un presidente no le asignó la dirección de Pemex. Lo negó, dijo que ese sistema ya no daba para más, y que había que buscar otros caminos, esos caminos se buscaron y se encontraron la cúspide de la meta cuando AMLO llegó a la presidencia, que a él le tocaba años antes, si Bartlett no hubiera tumbado el sistema. Polvos de aquellos tiempos. Entre buenos platillos, un clima jalapeño muy fresco, la tarde noche se iba entre las pláticas, Manolo siempre pondera y recuerda a su abuelo, Maximino Ávila Camacho, el hermano del presidente, Manuel, el personaje que dio más libros que el mismo poder. Aunque falta el gran libro de su persona. Mostró al visitante la casa que es una belleza, entre los recuerdos de la familia presidencial, y la gran familia que ha formado, y el olor a café que se huele en esa finca, Manolo se convirtió en excelente anfitrión de ese hombre que no llegó a la presidencia de México, porque nomás no lo dejaron. Ah aquellos tiempos.

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