Acertijos

DURAZO NO LLEGO (ORIZABA)

*Un proverbio árabe recomienda dar al necesitado un pan y una flor: el pan para poder vivir, la flor para querer vivir. Camelot.

La mañana del día lunes, cuando los helicópteros sobrevolaban Orizaba y anunciaban la llegada de Alfonso Durazo Montaño, poderoso secretario de Seguridad del gobierno federal, algunos andábamos en camino. Yo Mero rumbo a Xalapa, y pregunté a amigos de esta zona si sabían de su llegada. Juan del Bosque, que fue diputado federal y convivió con él y lograron una amistad personal, aun no sabía si llegaba o no llegaba. Lo Guasapeaba y no respondía. Difícil que respondiera. El presidente lo tenía en dos actos, uno en Palacio Nacional y otro en Quintana Roo. Los dos de búsqueda de desaparecidos, donde una madre afligida y en luto eterno, una viejecita se tiró a los pies del presidente AMLO implorando que encuentre a su hijo, o hija. Esos, me imagino, son los actos más dolorosos para un presidente, ver el rostro del dolor, ver la desesperación de no saber dónde demonios están sus hijos, si vivos o enterrados clandestinamente. Quien sí venia era el fiscal Jorge Winckler Ortiz. Tuvo doble chamba ayer. Por la mañana estuvo en Palacio Nacional con el presidente y la secretaria de Gobernación, en ese acto donde invitaron a los fiscales y procuradores del país. Winckler hacia acto de presencia. Salió en chinga porque estaba programada la reunión en Ixtaczoquitlán a las 5 de la tarde, y como en esta 4T ya no hay helicópteros ni aviones (nomas pa’ los cuates, como el presidente de El Salvador, un árabe paisano de Nemi Dib), con su equipo de trabajo Winckler bajó la peligrosa montaña donde asaltan un día sí y otro también. Esa mañana que se anunciaba la llegada de Durazo, una profesionista, una química había sido secuestrada en esta zona donde los secuestros son el pan nuestro de cada día. Al final de la reunión, donde estuvieron el gobernador Cuitláhuac, Cisneros y Hugo Maldonado y los federales y Semar y Sedena y uno que otro colado, Winckler les tendió la mano atento, lo cortés no quita lo valiente, luego salió al hotel Holiday Inn de la Calle Real a dar una conferencia, para los reporteros. Lo que allí se dijo y se habló, solo ellos lo sabrán. Algunos alcaldes, diputados, empresarios. No vino Durazo y aquello terminó en reunión normal, de las que mucho se hacen por acá y poco arrojan de resultados. Nos falta aquí La Guardia Nacional, aquí, no andar correteando pobres migrantes que es el sitio adonde los hemos rebajado, soldados correteando mujeres con niños en brazos que quieren cruzar la frontera. Mientras, al no haber solución a andar a las vivas. Esta es zona de peligro, no hay día que no secuestren, no hay día que las calles a las 8 de la noche parezcan ciudades perdidas, pero aquí nos tocó vivir, diría la Pacheco y, por parafrasear a Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera”. A los delincuentes, aplicar la ley como en la época de Durazo, pero del otro Durazo, el Negro, que su frase era: mejor aquí cayeron, que aquí corrieron. Venga.

LAVAR LOS CHONES

           

Suelen ahora los hoteles, los europeos y algunos americanos, cuando te hospedas dejarte un papelito mono en el buró junto al teléfono, donde te piden te sumes a cuidar el Medio Ambiente. Verdes, los muy gandallas. No importa de cuántas estrellas se trate tu hotel, ahora que me hospedé en uno, decía la tarjeta-papelito que sólo si era necesario se tiraran las sabanas al suelo para poder cambiarse, al no cambiarlas y lavarlas se ahorraban, decían, agua, mucha agua y los detergentes no dañaban el Medio Ambiente. Ah chingá. ‘Muchas estrellas, pocas sábanas’, podría titularse este capítulo de lavandería hotelera. Algunas cosas las han cuidado. Son muy ahorradores en energía y cuando se llega a hospedarse te dan una tarjeta de plástico que debes meter en un aparatito cercano a la puerta y que, al irte y llevártela, se apagan las luces. Eso México lo tiene ya en algunos hoteles. Logran ahorrar. Vienen de economías de guerra, los europeos, y eso les conmina a saber ahorrar. El colmo es que no laven las sábanas. Algunas veces, decían las camareras entre murmullos, sospechaban que uno iba enfermo porque se bañaba a diario, y si se mete en verano al Metro de Paris el tufillo está peor que basurero. Suelen no bañarse ni en día de San Juan. Yo me sumé a lo que dijo un día San Agustín: “Cuando estés en Roma compórtate como los romanos”. Entiendo que quienes nos hospedamos en hoteles somos la mayor parte extranjeros. Pedí el cambio de sábanas solo cuando descuidado vertí un poco de refresco en la cama. Me sorprendió más al llegar a México y leer una nota donde el Ministro de Medio Ambiente de Italia sugirió a los ciudadanos suyos cambiarse la ropa interior sólo un par de veces a la semana. Guácala. La macabra idea cochinona es para ahorrar el agua, pues en ese país sufren por la escasez. El Ministro ecoloco fue a la radio y aseguró que la ropa interior puede aguantar cuatro días, le faltó decir que el calzón hay que darle la vuelta cada dos días, orearlo, ventearlo. “¿Sabe usted cuánto gasta una lavadora por un par de calzoncillos? 25 litros de agua”, replicó el Ministro. Luego, el mismo tiró otro chorizo. Dijo que las personas se pueden desnudar y colgar la ropa en un tendedero para que le dé el aire y los males olores se difuminen, así no los meterían a las lavadoras.

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