Acertijos

DIA DOS/CALIFORNIA

*Viajar, volar, caminar, aprender, entender. Camelot.

 

El avión toca tierra en el aeropuerto de Tijuana, a la llegada se ve lo paupérrimo de las colonias populares. Tijuana llegó a ser el emporio de la maldad, algún tiempo fue el número uno en  crímenes y feminicidios y desapariciones, aquí el Diablo traía una buena bronca con la gente, como dijo el Papa Francisco. Frontera de México al sur de California. En el vuelo una niña se siente mal, llora y una hermanita pequeña, de unos diez años, que viene cuidándola, llora con ella, le duele su pancita. Las azafatas han llamado al aeropuerto para que Paramédicos estén listos al momento de aterrizar. Son de esas niñas que viajan solas y las azafatas de Volaris se hacen cargo de ellas, hasta que las entregan con sus padres. No se podría darles ningún medicamento. Al aterrizar nos piden no levantarnos de los asientos, pues entrarían los Paramédicos. De ahí en fuera, ningún incidente, solo turbonadas, que suelen ser  aumento repentino y fuerte de la velocidad, que hace que el piloto anuncie con urgencia ponerse los cinturones y ponerse a bailar la lambada en el zongoloteo, lo recomendable es en todos los vuelos no quitarse el cinturón, algo se asegura, estos meses, dicen los expertos en vuelos, de junio a julio y agosto, son los meses donde los vuelos registran más turbulencias. Donde se mueven.

EN ESE PASO INCREIBLE (CROSS BORDER XPRESS)

Ya me habían contado de el. Los gobiernos de México y Estados Unidos, en combinación, cada uno puso su lana y crearon un paso llamado Cross Border Xpress, que en lenguaje cuenqueño querrá decir: ‘pásale manito, sólo paga y pásale’. Es un tramo chingón. Es un cruce peatonal entre las dos fronteras, hay que pagar 350 pesos mexicanos, si se quiere, se puede uno ir sin paga pero hay que hacer las colas, todo moderno, hay tiendas Dutty Free y cafeterías y lo que se pueda. Leo en Wikipedia que en 2017 dos millones de viajeros lo usaron. Hay guardias mexicanos de nuestros lados, ahora los empleados de Aduanas del xalapeño, Ricardo Ahued Bardahuil, pregunté por él pero no lo conocen. Se tarda menos de 15 minutos en cruzarlo. Se inauguró en 2015 y no todo lo del pasado fue malo, AMLO, este está buenísimo y el presidente debió cruzarlo cuando vino a Tijuana. Tiene 120 metros de longitud, me apantalló. Y se le considera el único aeropuerto binacional en el mundo. Aquí el esteta de la corrupción, Gerardo Ruiz Esparza, seguro se clavó una lana, ya saben cómo era ese pillín. Te ahorras unas dos horas en comparación de ir por la garita de Otay. Ya luego cruzamos y llegamos al lado de ellos, cómo nos vamos a internar más millas de las permitidas, llegamos con una agente aduanal que nos cobró 6 dólares por persona, pagamos y el agente en la interrogación de siempre: tus huellas digitales, a qué vienes, cuántos días, preguntas que responde uno seriecito, no vaya a ser la de malas que les entre el Trump que todos llevamos dentro y nos eche pa´ atrás, como suelen hacerlo muchas veces. Al cruzar, tomarse la foto, checar el maletaje por los rayos X, salimos a la parte que parecería otro aeropuerto, hacia un viento frio, pegaba en el rostro con todo y que se estaba a 21 grados, tomamos nuestros autos y rumbo al hotel, pernoctar una noche en San Diego, que solo nos sirvió como punto de escala y partir al otro día a Los Ángeles, donde tiembla muy seguido, husmear por aquí lo que se pueda, porque nos tocó el hotel casi enfrente donde está el Museo de la Marina, y un portaaviones viejo con helicópteros y aviones caza de guerra está listo para que lo vea y también allí, a un lado, a unos metros una estatua gigante de aquel suceso relevante en la Segunda Guerra Mundial, cuando un marino en pleno Times Square de Nueva York, plantó tremendo beso a una enfermera, foto que se convirtió en icono del fin de la Guerra Mundial y aquí la tienen en la magnificencia. Es una zona de homenaje a los marinos que han guerreado, peleado por los 7 mares. Un busto y los nombres de todos los fallecidos en peleas. Poco adelante, una bella estatua en fierro de aquel gran comediante, Bob Hope, que llegaba a os frentes de guerra a levantar el ánimo a los soldados americanos. Una bella estampa que coronan con la voz de Bob Hope y sus chistes recurrentes. Todo por la guerra. Les cuento un poco más, pero mañana, Dios Mediante, diría Denegri.

Aquí, en Anaheim, parte cercana al parque de Disneylandia, nos enteramos de la sorpresiva renuncia del secretario Urzúa, las fichas de dominó caen. El Ganso está triste.

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