DERROTA CON SABOR A VICTORIA

*De Borges: “Yo propondría que los políticos no fueran personajes públicos”. Camelot.

 Hay ocasiones en que una derrota la tienes que vender como si fuera una victoria. Ocurre en la vida, ocurre en el futbol, ocurre en la política, ocurren muchas veces. Lo dice el libro El arte de la guerra. “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo serás poderoso en cualquier lugar adonde vayas”. El subprocurador de la República, Felipe Muñoz Vázquez, casi homólogo del nadador El Tibio Muñóz, tipo con rostro feo, casi enojado siempre, salió a vender cara una derrota y la quiso llevar al terreno de la victoria, como si los que oyéramos sus barrabasadas nos chupáramos el dedo. Dijo que en el caso Duarte (Javier), la Procuraduría actuó muy bien, que el juicio oral le daría muchas posibilidades al reo de que saliera libre al otro día (Ah chingá), y que por eso llegaron a un acuerdo con los 9 años de sentencia, de los cuales los expertos aseguran que en dos años y pico sale libre. Dijo que Duarte estaría ahora en Veracruz o Miami, no mencionó Londres, donde es seguro que Javier se iría a alcanzar a su esposa y a sus hijos. Algún día Franklin Roosevelt, dijo: “Si no puedes vencerlos, confúndelos”. Eso intentó hacer este subprocurador, en una oficina donde los casos más resonantes, como el de Odebrecht y la estafa Maestra, se les escapan de las manos, y ahora también aseguró que Brasil no ha enviado ninguna prueba de la culpabilidad de Lozoya y de Odebrecht. Me late que antes de diciembre le pedirán perdón al exdirector de Pemex, con el consabido. “Usted disculpe”. De la corrupción a una Cuarta Transformación que esperemos no sea ficticia, porque también anoche mismo en las televisoras, con la gente de Atenco, los funcionarios de AMLO los apoyaron de que no quieren el aeropuerto en Texcoco (quién les entiende). Andan muy enredados estos nuevos funcionarios, a todo mundo le dan la suave, sin recordar que el que gobierna para tener contentos a todos, al final no tiene contento a nadie. Lo dijo el sabio Kamalucas, una gente de mi pueblo, que descansa en paz: “En política lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno”.

 

EL FISCAL APRESADO

 

Como si fuera título de novela de Truman Capote, el Fisculin acusó que el Fiscal Winckler le exigía historias de sangre y muerte. Fisculin, también conocido como Luis Ángel Bravo Contreras, que no era bravo pero si contreras, en audiencia de estas cosas orales, arremetió contra el Fiscal Winckler (Jorge), de quien acusó le quiso hacer manita de puerco para que cantara la sopa. Habla ahora o calla para siempre, como cuando te abrochan en el casorio civil y de iglesias. La procuración de Justicia se vició mucho. Era un secreto a voces que las policías municipales y estatales estaban al servicio de los delincuentes, no todas, pero si muchas, más las estatales. Y el Fisculín, según le acusó la Fiscalía de Winckler, sabía mucho de ese entramado y de los largos y sinuosos caminos del mal. Se supo en Tierra Blanca, donde jugaron con la vida de cinco jóvenes inocentes, cuyo único delito fue meterse al pueblo a desayunar, y una patrulla de las de Bermudez Zurita les detuvieron entregándoselos a los delincuentes al rancho El Limón, para que estos los ejecutaran a las pocas horas, sin deberla ni temerla. Los mataron solo porque matar era para ellos como ir de día de campo. Había impunidad. Sabían que nada los detendría. Coludidos desde el

Delegado de la zona con las autoridades estatales. Debieron haberlos colgado allí mismo cuando los descubrieron, a los policías. Ese era nuestro estado. El caso enardeció a un pueblo harto de la violencia, y tuvo que llegar el gran funcionario de la Secretaria de Gobernación en Derechos Humanos, Roberto Campa Cifrián, para que se hiciera justicia. Están en la cárcel los responsables, otros andan huyendo, al otro día huyeron. Pero ese caso, como muchos otros, eran las policías estatales las corruptas. Qué no digan ahora que no sabían. Uno no tiene que tomar partido en estas cosas. Cada quien que cargue con sus muertos y su conciencia y sus presuntas inocencias. Es muy cierto que cuando la policía se hace socia de los delincuentes, es el pueblo quien paga las consecuencias. Ojala y haya cárcel por muchos años a todos aquellos que se les compruebe que su caminar era ese, el de la maldad.

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