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DE REGRESO A LA ALDEA

*“Dos senderos se abrían en el bosque y yo… yo tomé el menos transitado”.  Robert Frost. Camelot.

 

Unos días después, entre San Diego-Los Ángeles y Maui, en Hawai, emprendo la escala del regreso. Volver, con la frente marchita, un poco requemados por ese sol que pega duro y de a deveras. Volver a las 8 horas de vuelo en los casi 7 mil kilómetros en línea recta de Veracruz a Hawai, hacer un par de escalas, en Los Ángeles, luego por tierra a San Diego y de ahí cruzar el border express, el puente de las maravillas para llegar a Tijuana y tomar el Volaris rumbo a Veracruz, en un vuelo de 3 horas y piquito. Es buen mar y buen lugar, pero nosotros tenemos a Cancún y la Riviera Maya, que esas son también palabras mayores. Los empleados en lo suyo, hace un par de días en Estados Unidos y el mundo se hizo el Black Friday de Amazon, que tiene ventas on line, por línea como si fuera un país, y vi en Telemundo, señal que se ve aquí en Hawai, Univisión no en este hotel, que los empleados le hicieron un paro al multimillonario Jeff Bezos, el pelón dueño de Amazon, porque el muy marro les paga poco y dicen los empleados que se meten una friega empaquetando todo, de dios padre. Amazon respondió que paga dentro de la ley, 15 dólares la hora, y que estaban protegidos con todo: seguros, de vida y social y demás cosillas. Pregunté aquí cuánto pagan la hora, la pagan a 20 dólares, pero es muy caro vivir aquí, hay un departamentito de una recamara que vale 2 mil 300 dólares al mes, para salir corriendo.

EN LA NOCHE HAWAIANA

El evento se hizo en un sitio aledaño del hotel, entre la maleza y los árboles y los platanales. Es llamado el Wailele, un baile típico hawaiano, con unas seis bailarines, entre mujeres y hombres, con sus bailes típicos, con la danza del fuego y con un escenario donde al principio, pringó, como dicen en mi pueblo, vamos, lloviznó dirían en Orizaba. Unas 250 personas, la mayoría turistas californianos y unos cuantos de nosotros que hablamos el español y que con los gritos los hicimos que se acordaran del México lindo y qué herido, cuando ya pardeaba la tarde y caía la noche, como aquel poema de Borges: “A lo largo de sus generaciones los hombres erigieron la noche. En el principio era ceguera y sueño y espinas que laceran el pie desnudo. Nunca sabremos quién forjó la palabra para el intervalo de la sombra que divide los dos crepúsculos”. Así estábamos, entre la noche que llovía, como aquella rola de los Hermanos Carrión, Entre la lluvia y mi llorar, cuando el animador comenzó el show, un show bastante bueno, no al estilo de los grandes de Hollywood, pero sí bastante bueno. Un par de horas con su música y sus bailes hawaianos de esta isla de Maui, donde los pájaros comenzaban a llegar a esos árboles frondosos para dormir la noche, en la tranquilidad que les da esta isla. Hay millones de ellos, se les ve temprano en  el área de desayuno comiendo lo que se les da, normalmente pan. Un bufete con pasta, pollo, pescado, muy surtido, muy variado, todo incluido como hacen los restaurantes ahora, los de Cancún que todos se han metido al Todo incluido, para que la gente ya no salga de sus hoteles, y ahí vivan la vida loca, como Ricky Martin. Termina el show y a los elevadores, a la meme porque hay que levantarse a las 7:30 rumbo al aeropuerto y de ahí a Los Ángeles, cinco horas en ese avión para llegar, dormir una noche y al otro día a San Diego a tomar el regreso a casa. A Veracruz y Orizaba, tierra bendita de Dios.

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