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AQUELLOS MURAT

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*Los viejos sueños eran buenos sueños. No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido. Camelot. 

Circuló por allí en redes sociales, una nota que la mitad tiene de creíble y la otra mitad no. Aseguraban que el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa, solicitaría licencia al Congreso oaxaqueño para irse de Secretario de Educación, el lugar que dejará Esteban Moctezuma en estos días de duro cierzo invernal. Algunos si y no la creyeron y la soltaron como borrego, sobre todo desde que un diario nacional catalogó al hijo Murat como el priísta más cercano a AMLO. Y lo quieren en la Cuarta Transformación, eso dicen. Oaxaca es la entidad que más ha visitado el presidente y allí se siente a gusto con el gobernador, de los pocos que apapacha, de los pocos que quiere y respeta, sin ser de su partido, por eso Murat cuando hay intentonas rebeldes no se suma a gobernadores disidentes que piden cosas para sus estados, se atrinchera en las cuerdas, se agazapa y ve pasar el tiempo para el bien presidencial y de los suyos, entonces me acordé de los tiempos en Veracruz donde el padre, un tremendo dinosaurio, José Murat Casab, junto a Enrique Jackson Ramírez, ambos dos, diría Fox, eran asesores del gobernador Javier Duarte de Ochoa. Y se sabían hasta el himno a Veracruz que Fidel dejó implantado. Y La Bamba y el Colás, lo mucho que te quiero y el maltrato que me das. Quien esto escribe, o sea Yo Mero, la única vez que me trepé al helicóptero gubernamental (soy como AMLO, me dan miedo los helicópteros), invitado por el gobernador Duarte a una gira de trabajo a Tierra Blanca, que terminó por la noche en Acayucan, ahí iba Enrique Jackson junto al secretario Adolfo Mota y uno de los cordobeses Mansur. Jackson era un tipo sobreviviente de un priísmo dinosáurico. Le gustaban las playas de Veracruz y las nóminas, que algunos aseguraban tenían un sueldo que ni Obama tenía. Era agradable y dicharachero y se hacía aceptar como gente de la política. Cuando Duarte cayó en desgracia, ambos asesores voltearon para otro lado, con todo y que Javier se apersonó con el presidente Peña Nieto y pidió y logró una candidatura plurinominal para Jackson de diputado federal. Así eran aquellos tiempos. Oh, those were the days, my friends. 

DE NETFLIX (ROOM 2806) 

Encerrado por el miedo a la pandemia y al maldito virus, que no termina de irse y ahora anda infectando a media humanidad en el mundo, y Alemania y toda Europa sufren de las muertes y contagios, al igual que todo México, a uno le queda la dicha inicua de encerrarse y prender el Netflix que, como Liverpool, es parte de mi vida. Conocía esa historia que ocurrió en Nueva York en el año 2011, presente lo tengo yo, cuando al poderoso presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss –Kahn, conocido también como DSK, quien era el favorito para ser presidente de Francia, un día en el neoyorkino hotel Sofitel tentoneó a una camarera negra y entonces ella, azuzada por la gente de seguridad, llamaron al 911 y el mundo del economista cambió para siempre. Le acusaron de violación, de tentón y de calenturiento. Casado con una mujer bella y poderosa y millonaria, cuyo abuelo había sido marchante de Picasso. DSK fue detenido arriba del avión cuando iba a volar hacia París, y su historia se convirtió en un melodrama. Su mundo cambió hacia el derrumbe. Perdió todo, la presidencia de Francia, su matrimonio, la presidencia del Fondo Monetario Internacional, vamos, perdió hasta las ganas de sonreír. Es una miniserie documental de Netflix, digna de verse y reconocer esa historia. Se llama Room 2806 o Habitación 2806 (La acusación). Vale la pena. 

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