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La televisión educativa en los tiempos del Covid 19

De por sí, antes de la actual epidemia, esta generación de niños y adolescentes socializaba poco de manera personal, ya que prefieren la telefonía móvil o las redes sociales, pero dicha carencia de interacción colectiva se compensaba yendo a la escuela o a determinados centros recreativos. Sin embargo, con la implementación de las clases televisadas del programa Aprende en Casa II, se les limitará de un importante espacio de socialización, lo cual repercutirá, de diferentes maneras, en su vida adulta, debido a que los alumnos comprometidos con su aprendizaje asumirán la educación a distancia con una actitud adaptativa. Pero los educandos con problemas de conducta enfrentarán esta restricción con frustración y enojo, en virtud de que dicho aislamiento social impuesto ocasionará en ellos síntomas similares al estrés postraumático reflejado, por ejemplo, en escenas retrospectivas de la vida escolar, como un espejismo en el desierto.

Por otra parte, debemos considerar que la actual generación Alfa –también conocida como táctil–, como antes lo fue la posmilenial, representa un desafío para educadores y sistemas educativos tradicionales. En consecuencia, la transformación pedagógica que conlleva el uso de la tecnología en el aula –ahora virtual– radica, precisamente, en la facilidad con que los niños y adolescentes contemporáneos aprenden colaborativamente usando las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), mientras que muchos de sus profesores aún no han aprendido a enseñar de esta manera, ya que pertenecen a las generaciones Baby Boomer y X, puesto que la Millennial se caracteriza por un mayor uso y familiaridad con los mass media y las tecnologías digitales. Es decir, son inmigrantes cibernéticos enseñando a nativos digitales (Marc Prensky, 2001).

Desde otra perspectiva, es interesante atestiguar el segundo aire de la industria televisiva en un contexto de evidente deterioro en la calidad financiera de empresas como Televisa y Tv Azteca; una cauta incursión de Imagen Televisión, y Milenio Tv sin planes de expansión, así como una disminución importante en sus ingresos, sobre todo, en este sexenio de Andrés Manuel López Obrador, con la pérdida del pago de la publicidad oficial. Aunado a ello, las televisoras enfrentan, también, el desinterés de los Millennials, quienes han dejado de verlas y, en su lugar, encienden sus tabletas, smartphones y consolas de videojuego, o contratan servicios de streaming como Netflix, ClaroVideo y Amazon Prime.

No obstante, de acuerdo con la encuestadora Nielsen Ibope, la televisión alcanza diariamente, en promedio a 6.4 millones de niños de entre cuatro y 12 años de edad, los cuales ven alrededor de cuatro horas de televisión al día, en tanto que les agrada escuchar sus estaciones favoritas en el hogar, con preferencias por la música grupera, moderna en inglés y español. Esto demuestra que la televisión y la radio se mantienen en el gusto de la niñez mexicana como un medio de entretenimiento; el incremento de dicha tendencia con el actual confinamiento y la pertinencia de las clases televisadas como la principal estrategia del programa Aprende en Casa II con que iniciará el ciclo escolar 2020-2021. 

Abonando al tema, podemos apreciar el resurgimiento de la metodología de la educación a distancia que dejó el modelo de la telesecundaria mexicana surgido en 1968 –exportado, incluso, a Estados Unidos y otros países de América Latina– y sustentado en tres elementos fundamentales: el docente, las clases televisadas y las guías de aprendizaje. Con el tiempo, este esquema se fue deteriorando en la disponibilidad de recursos (videos, audiotextos, textos modelo, canciones e imágenes) hasta reducirse a un maestro frente a grupo, aunque dejó, como legado, importantes aportes al Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa y las bases de lo que hoy es el Sistema de Televisión Educativa de la SEP o Red Edusat, desde 1994.

En suma, ante la actual crisis educativa ocasionada por la epidemia del SARS-CoV-2, lo académico no es el problema de fondo, el inconveniente es el aspecto socioemocional, debido a que las clases televisadas requieren de un proceso de adaptación en el hogar en el cual los padres de familia colaboren ofreciendo a sus hijos un ambiente adecuado para el aprendizaje, evitando distractores. Asimismo, es necesario que los docentes subsanen la referida carencia de contacto social mediante la herramienta tecnológica a la que puedan acceder sus alumnos –preferentemente, plataformas–, ya que la desigualdad socioeconómica será otro factor limitante de la equidad educacional en estos tiempos pandémicos.

Quien diría, en otras épocas, que la televisión terminaría siendo una aliada de estudiantes y maestros en los difíciles momentos que vivimos. El reto, ahora, radicará en el acompañamiento pedagógico y la evaluación de los educandos, los cuales serán una estrategia complementaria para no terminar repitiendo la popular frase “y si tienes tele, ahí te ves”.

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