El día que mataron a Colosio

A 25 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, viene a mi memoria cómo viví dicho momento que consternó a nuestro país. Ese 23 de marzo de 1994 el Ayuntamiento Municipal de Xalapa, Veracruz, declaró Hijo Predilecto y Ciudadano por Nacimiento al escritor Carlos Fuentes, lo que propició una singular ceremonia a la que asistieron el entonces gobernador del estado, Patricio Chirinos Calero, hombre cercano al presidente Carlos Salinas de Gortari; el senador Miguel Alemán Velasco, amigo personal del homenajeado; el alcalde Armando Méndez de la Luz; representantes de la Universidad Veracruzana, entre otras distinguidas personalidades.

 

Por aquella época trabajaba en la mencionada dependencia municipal, por lo que tuve la fortuna de poderme acercar al Premio Cervantes de Literatura 1987, antes del evento, intercambiar unas palabras y tomarme una fotografía con él. Lamentablemente, no he podido recuperar ese retrato.

 

La ceremonia se efectuó en los bajos del Palacio Municipal, con lleno total. Aquella relajada tarde de miércoles hacía frío y la neblina cubría la ciudad.

Después de los preámbulos, Carlos Fuentes tomó el micrófono y comenzó a leer el extenso y emotivo discurso “Oración filial en Xalapa”, donde rindió un homenaje póstumo a su padre, Rafael Fuentes Boettiger, destacado diplomático veracruzano que radicó muchos años en la referida ciudad, antes de ingresar, en 1925, al Servicio Exterior Mexicano.

De pronto, y en plena lectura del citado texto que forma parte del acervo biográfico del insigne escritor, al igual que la novela Los años con Laura Díaz, llegó corriendo el secretario de Gobierno Miguel Ángel Yunes Linares. Se acercó al ejecutivo estatal, quien inclinó la cabeza para escucharlo; le entregó una tarjeta (que decía “Hirieron a Colosio”) y se retiró.

 

Chirinos se veía consternado. Los integrantes del presídium comentaban algo, en voz baja, por respeto al literato, pero éste seguía ofreciendo su discurso, sin percatarse del cambio de actitud de los presentes. La inquietud del gobernador se transfiguró en un sobresalto colectivo, aunque nadie, en realidad, sabía qué estaba pasando. Era la feliz época sin teléfonos celulares y quien contaba con uno era privilegiado.

 

La atmósfera de murmullos pasó de la mesa de honor al público. Se sentía algo extraño en el ambiente, sin embargo, nadie se atrevió a interrumpir al ilustre escritor.

 

Carlos Fuentes concluyó su discurso y recibió una rápida ovación. De inmediato, los funcionarios, sin clausurar la sesión solemne, corrieron al Palacio de Gobierno entre empujones y sillas que rechinaban. Chirinos evadió a los desconcertados periodistas como pudo. Miguel Alemán se quedó acompañando a su amigo.

 

 

 

Luis Donaldo Colosio agonizaba en Tijuana, aquella tarde de primavera, mientras que, en Xalapa, su predecesor en la Secretaría de Desarrollo Social, Patricio Chirinos, se reportaba con la SEGOB, y Andrés Manuel López Obrador trabajaba en la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. El suceso ya era noticia nacional o trending topic, si hubieran existido las redes sociales.

 

Obviamente, la cena programada con Carlos Fuentes se canceló.

 

Han transcurrido 25 años de un magnicidio que cimbró a México y del que aún quedan muchos cabos sueltos. Sólo por comparar, recordemos que han pasado 55 años del asesinato de John F. Kennedy. En ambos casos, hay más dudas que certezas.

 

Así vivimos esa tarde en Xalapa. Carlos Fuentes continuó cosechando más galardones y, en 2004, la Secretaría de Educación de Veracruz construyó una biblioteca que lleva su nombre, casi enfrente del palacio municipal donde un magnicidio interrumpió la evocación de su pasado familiar.

 

 

 

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