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Crisis educativa en México: lecciones de esperanza

Colleagues talk to each other on the computer screen. Conference video call, working from home.

A pesar del éxito que tuvo México en sus estrategias para enfrentar la epidemia del Covid-19, particularmente, las educacionales, lo cual fue reconocido por la OMS y hasta algunos países han solicitado asesoría a la SEP respecto al modelo de educación a distancia, lo cierto es que también estamos viviendo una grave –e intangible- crisis educativa, similar a los escenarios universales después de un conflicto bélico o un desastre natural como las escuelas europeas después de la Segunda Guerra Mundial; los terremotos de México y Haití en 1985 y 2010, que propiciaron una extraordinaria cooperación internacional, o los supervivientes de las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki porque se pensaba que la radiación podía ser contagiosa (se les llamaba los Hibakusha), además de otras erróneas estigmatizaciones que se vivieron, por ejemplo, con el accidente nuclear en  Chernóbil, en 1986, y en África, debido a los brotes de ébola. Esta situación también fue examinada por la directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay, aunque todavía no ha sido abordada en su justa magnitud.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) prevé, en su análisis “Desarrollo humano y Covid-19 en México. Desafíos para una recuperación sostenible”, que el SARS-CoV-2 tendrá impactos importantes en la continuidad de los estudios de los mexicanos y estima que 1.4 millones de estudiantes no regresarán a clases en el ciclo escolar 2020-2021. En ese sentido, y considerando las estimaciones de la SEP, se perderían 800 mil estudiantes en la transición de secundaria a bachillerato; 593 mil abandonarían sus estudios universitarios y 38 mil 567 los de posgrado, para un total de un millón 431 mil 567 alumnos, lo cual contribuirá al incremento de las brechas de pobreza y un retroceso a las condiciones en que se encontraba el país en 2015.

Por su parte, la titular de Educación de UNICEF en México, Astrid Hollander, reconoció que ha habido un esfuerzo significativo del gobierno mexicano por implementar estrategias de aprendizaje a distancia. Sin embargo, no todos los alumnos lograron acceder al programa Aprende en Casa porque no contaban con computadora, internet e, incluso, señal de televisión; tampoco se pudo reemplazar la experiencia educativa en el aula, y el no lograr los aprendizajes esperados genera frustración en los estudiantes.

Dado que algunos expertos consideran que, para las naciones desarrolladas, el fin de la pandemia será en 2021, es de esperar que, para México, esta pesadilla termine a finales de 2022, debido a que la solución escalada y a bajo costo, consistente en innovadoras terapias y vacunas, estará disponible, primero, para los países ricos, con lo que se cumplirá el pronóstico de la Secretaría de Salud, en el sentido de que será una epidemia larga, presento, a continuación, un análisis de la estrategia de educación a distancia implementada por la SEP durante la actual contingencia sanitaria, así como una prospectiva del retorno a clases presenciales y la actitud con que será recomendable retomar la actividad educativa.

Aprende en casa I

Ante el aislamiento preventivo debido al brote de coronavirus, la SEP lanzó el 23 de marzo de 2020 el programa Aprende en Casa contemplando el regreso a las aulas en abril. Posteriormente, se anunció el retorno hasta el 1º de junio, pero, en la conferencia de prensa del 29 de mayo, fue anunciado el 5 de junio como la fecha de término del ciclo escolar 2019-2020.

Este escenario nos tomó a todos por sorpresa. Los maestros respondieron en la medida de sus posibilidades. Algunos padres de familia mostraron compromiso con el aprendizaje de sus hijos. Otros, no tuvieron paciencia ni tacto al tratar de ayudar a sus vástagos con las tareas escolares, lo cual propició ambientes de violencia y maltrato que afectaron emocionalmente a los niños, en especial, su autoestima y seguridad personal. Se hizo evidente la falta de inteligencia emocional en el seno del hogar.

Los alumnos experimentaron una transición de lo presencial a lo distante y, en el mejor de los casos, accedieron a la educación virtual. Algunos se adaptaron, otros no. Pero sí fueron frecuentes contextos de estrés, angustia e inseguridad emocional.

No se atendió adecuadamente preescolar y educación especial.

Aprende en casa II

Será organizado por la SEP, mediante clases televisadas cuyo seguimiento y evaluación estarán a cargo de los maestros. Al llegar al semáforo sanitario en verde, se retornará a las aulas físicas conforme a estrictos protocolos sanitarios en la “nueva normalidad”.

Este modelo híbrido tendrá aceptación por los padres de familia y alumnos, pero en un ambiente de hartazgo social derivado del confinamiento, crisis socioeconómica y emocional, lo cual repercutirá, inevitablemente, en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En ese sentido, es recomendable que los paterfamilias busquen ayuda especializada en el ámbito socioemocional y que sean empáticos con sus hijos en estos difíciles momentos.

Los educandos experimentarán una transición de lo distante a lo presencial, lo que ocasionará, en algunos casos, trastornos de adaptación. Se recomienda a los docentes propiciar momentos de comunicación directa con los estudiantes para facilitar la compenetración con ellos.

Caminito de la escuela

El regreso a clases presenciales será en un ambiente emocionalmente sensible, en especial, por las ausencias. Tendremos, entonces, que mostrar empatía y aprender de la fortaleza espiritual de los países que han vivido, en carne propia, la tragedia de la guerra, los desastres naturales o accidentes de alto impacto. Y aunque no hubo balas, sangre, ni daños físicos en los pueblos y ciudades, las consecuencias psicosociales de la pandemia tendrán un efecto similar al de las catástrofes mencionadas, el cual requerirá una introspección y búsqueda de sentido que nos ayuden a volver a empezar.

Nuestro país está sumido en un ambiente de desesperanza e inestabilidad social en el que los valores como la tolerancia, la responsabilidad, el respeto y la solidaridad se están yendo por el drenaje del olvido. Debemos entender que nos tomará algunos años regresar a como estábamos en el 2020 y colaborar, con nuestro granito de arena, en la solución y dejar de ser parte del problema. La escuela es un buen lugar para comenzar en una transición educativa que requiere el desarrollo de conductas adaptativas para superar el impacto de la pandemia.

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