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Diez meses de atender pacientes con Covid y no considera cambiarse de área

+ Selene Vargas Juárez, enfermera del IMSS de Orizaba

Después de permanecer 10 meses en el piso COVID-19 del Hospital General Regional (HGR), del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Orizaba, como Enfermera General, de conocer el padecimiento para ofrecer la mejor atención y cuidados a sus pacientes y vivirlo en carne propia cuando se contagió, Selene Vargas Juárez, con 18 años de antigüedad en la institución, afirmó que nunca ha considerado cambiarse de servicio y por el contrario, continuará en la primera línea de batalla.

Mencionó que desde pequeña su ilusión fue estudiar Enfermería y quizá, incorporarse al ejército y ayudar a los pacientes en una guerra; curiosamente al cabo de los años considera que, en efecto, participa en una guerra contra una enfermedad desconocida y muy agresiva, pero no invencible.

“Depende del personal de salud y, especialmente, de los cuidados que tenga la gente allá afuera, vencerla”, apuntó.

Dijo que además de preparar y administrar medicamentos, tomar y valorar signos vitales e instalar accesos venosos a los pacientes, el personal de Enfermería suple de manera parcial o total la función de alimentarse, a darles posición adecuada, en la higiene personal y en general, a propiciar un ambiente de confort y ayuda espiritual y emocional, infundiéndoles confianza y ánimo para que no se sientan solos emocionalmente.

“Aunque en los primeros meses no me contagié, luego de que varios compañeros IMSS perdieron la batalla, mi estado anímico se afectó y considero que eso contribuyó a que contrajera el padecimiento, presenté neumonía, pérdida de peso y dolor físico en extremo; pese a ello, una vez recuperada, regresé al servicio, y si antes entendía a mis pacientes, padecer la enfermedad, fortaleció mi empatía”, compartió.

Añadió que haberse contagiado de COVID-19, no la hizo decidir un cambio de servicio, por el contrario, continúa su labor con el resto de sus compañeros para apoyar al hijo, esposa, padre, abuelito, hermana o madre; a quienes esperan al paciente en su casa.

“Hacemos lo que está en nuestras manos para ayudarlos a regresar vivos, y lo más sano posible a sus casas, ya no queremos más pérdidas en los hogares”, refirió.

Dijo que trabajar en el “covitario”, con el equipo de protección personal completo, al inicio le causaba ansiedad, y en los meses más cálidos, literalmente, terminaba empapada, con lesiones de la piel, deshidratada, dolor corporal y emocionalmente muy afectada.

Aseguró que al cabo de los meses se ha adaptado a dichas circunstancias y lo hace con gusto y con la convicción de que su esfuerzo, al igual que el de sus compañeros, contribuye en esta lucha. “Como enfermera IMSS, hasta donde pueda dar, daré”, enfatizó.

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