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¿La rueda en Mesoamérica?

Se escribe muy a menudo que los pueblos prehispánicos de Mesoamérica desconocían la rueda. Esto ha sido considerado como uno de tantos otros rasgos característicos del atraso de los pueblos precolombinos con respecto a los europeos. Sin embargo, a lo largo del siglo XX, se han descubierto decenas de pequeñas figurillas animales rodantes en diversos estados de la República como Oaxaca, Michoacán, Guerrero, la Cuenca de México y por supuesto Veracruz, desde Pánuco hasta el Papaloapan. Otros ejemplos provienen de El Salvador. Representan perros y jaguares, pero también venados, monos, iguanas, caimanes y armadillos. Casi todas están fechadas del Clásico y del Posclásico Temprano o sea de los siglos V-VI hasta los siglos XI-XIII.

El requisito básico para denominar a esas figurillas “rodantes” es el hecho de que están equipadas con hoyos perforados en las patas de los animales por donde pasaba un eje transversal, probablemente un palito de madera, que permitía insertar las ruedas. Cabe mencionar que algunas de esas figurillas están perforadas para servir de flautas, con su boquilla de pito hacia atrás, la abertura acústica hacia abajo y dos agujeros dactilares para alterar tonos, uno en cada lado del cuerpo.

El explorador francés Désiré Charnay encontró tales figurillas por primera vez a fines del siglo XIX en una tumba en Tenenepango, un sitio en las faldas del volcán Popocatépetl. Las describe como pequeños “jouets d’enfant”, esto es, juguetes con ruedas, comparándolas con los carritos que usaban los niños en aquel entonces. Se documentaron después numerosos otros ejemplos, que se encuentran en museos de México, pero también de Francia o de Alemania. Aunque la mayoría no procede de excavaciones controladas, las otras se encontraron principalmente en sepulturas. Esta procedencia sugiere una función más bien ritual o de ofrenda que de juguetes, en el contexto de prácticas funerarias, sin que se sepa más.

El conocimiento y el uso de la rueda en Mesoamérica resulta entonces indudable, pero en contextos muy específicos. Sin embargo, no se sabe por qué los pueblos prehispánicos no desarrollaron su aplicación para resolver problemas más prácticos, en relación al transporte de carga y pasajeros. ¿Cuáles fueron las causas de tal restricción? Entre las explicaciones más frecuentes, se menciona la ausencia de animales de tiro. No se requiere necesariamente esta clase de animales para hacer uso de la rueda, ya que se podría utilizar carretillas. Pero resulta obvio que un cargador, un tameme, podía cargar hasta 30 kg. con su mecapal y caminar un largo tiempo, en todos tipos de terreno, mientras jalar o empujar una carretilla con una carga similar resulta difícil y agotador para no decir imposible para uno o hasta dos hombres,.

Se puede además adelantar una explicación complementaria. Para fabricar una carretilla sólida y resistente, que tenga una o dos ruedas, también se necesitan algunas piezas de materia dura, de preferencia metálica, para proteger las ruedas o servir de ejes. La metalurgia prehispánica contaba principalmente con metales suaves poco adaptados, como el oro y la plata. Existen por supuesto en Mesoamérica maderas tan fuertes como para sustituir tales materias primas, pero que no aguantarían un uso repetido o de larga duración.

La combinación de ambos factores hacía difícil, o mejor dicho inútil, el uso de la rueda, aun si los pueblos mesoamericanos seguramente utilizaron otros métodos para rodar por ejemplo piedras pesadas o aplanar el piso de las calzadas que existen tanto en el centro de México,  en Xochicalco o Tenochtitlan, como en la zona maya.

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