Córdoba: 400 años

Reflexiones para replantear la concepción lineal de la historia

Introducción

A lo largo de nuestras vida las personas que nacemos y crecemos en México, nos vemos obligados a tener una relación institucional con un solo tipo de historia; a través de los libros de texto y del conocimiento proporcionado en las aulas y en las escuelas, los mexicanos aprendemos historia creyendo que ésta se trata casi siempre sobre un pasado que tiene que ver con lo sucedido a partir de lo que ciertos héroes o villanos hicieron, que se cuenta a través de gestas heroicas, invasiones, batallas, donde hay próceres, estatuas, monumentos y procesos casi siempre relacionados a relatos lineales; desde la infancia memorizamos al Padre de la Patria (Miguel Hidalgo), a la Corregidora (Josefa Ortiz de Dominguez), a Benito Juárez como héroe incuestionable, y es posible que alguna vez hayamos sido reprobados por no sabernos la fecha exacta del nacimiento de José María Morelos y hasta nos hayan hecho memorizar hechos históricos como la Guerra de Pasteles, contra los franceses (1838), o la Batalla de Chapultepec, durante la invasión norteamericana (1847), memorización, por cierto, que permite que buena parte de la población en este país relacione lo histórico con gestas y batallas. Las instituciones públicas y principalmente la Secretaría de Educación (SEP), durante la mayor parte del siglo XX y principios del nuevo, continúa promoviendo una sola forma de enseñanza de la historia que tiene que ver con la versión esencialmente positivista y que se sigue aplicando como método de enseñanza en casi todas las escuelas mexicanas.

En la actualidad se viven tiempos difíciles, de cambios acelerados y profundos, en un esquema que privilegia a un modelo económico que tiende a la desigualdad, que genera pobreza, que es desechable, fugaz y breve. En este contexto, la enseñanza y estudio de la historia es primordial para la comprensión de los problemas del presente; es urgente, entonces, la discusión sobre las distintas concepciones que existen sobre el trabajo del historiador y sobre la construcción que éste hace de los procesos históricos.

Es necesario, por lo tanto, discutir y cuestionar las concepciones institucionalmente impuestas, y promover el estudio crítico de esta ciencia buscando lo transversal y diverso. Esto implica una discusión a fondo, de una o varias corrientes historiográficas, donde de principio se tenga en cuenta que es necesario replantear la enseñanza oficial y el estudio de la historia.

En este trabajo presento reflexiones con base en el pensamiento de dos historiadores franceses del siglo XX: Marc Bloch y Jacques Le Goff, con el objetivo de que el lector pueda tener alternativas para reflexionar sobre el estudio lineal y la enseñanza de la historia en México; al final, a manera de conclusión, se presentan comentarios sobre la aplicación de la historia en una ciudad como Córdoba, donde el estudio de la misma es incipiente.

La hIstorIa socIaL, Marc BLoch

El trabajo del historiador es sumamente complejo, indudablemente cada una de las ciencias tiene su grado de dificultad; sin quitarle a ninguna ciencia la característica de tener altos grados de complejidad para ser comprendida, se debe plantear abiertamente que una de las ciencias más difíciles por definir como tal es, efectivamente, la historia.

Son muchas las problemáticas a las que un historiador se enfrenta, y resulta inútil tratar de enmarcar a la historia como un conocimiento exacto, verdadero, comprobable y universal. Muchos fueron los historiadores que postularon la existencia de una historia verídica y exacta, que trataron de encontrar la búsqueda de la verdad histórica con el firme intento de legitimarla, dentro de un esquema donde imperaba, además, la presencia de las ciencias naturales. En Europa y particularmente en Francia, en las primeras décadas del siglo pasado, se hicieron propuestas distintas para la escritura de la historia; dos de los historiadores franceses sobre quienes reflexionaré a través de estas líneas fueron Marc Bloch y Jacques Le Goff; en su obra, Introducción a la historia, Bloch plantea el sentido de la escritura de la historia:

“Papá explícame para qué sirve la historia” (Bloch, 1998), fue la duda inicial con la que este pensador francés abrió la discusión en su obra y con esto, de manera directa, permitió la reflexión profunda y crítica de la historia. La propuesta de Marc Bloch es la centralidad del ser humano frente a la escritura de la historia: el trabajo del historiador es sumamente incierto a diferencia de otras ciencias, afirma este autor, pues la historia, en su incertidumbre, es también una de las disciplinas de las que el ser humano no puede desprenderse; es ahí donde indudablemente se encuentra una de las más apasionantes expresiones que rebasan el campo del conocimiento de la definición de lo científico, y se convierte en la posibilidad de la combinación de lo riguroso del método científico con el placer estético de las expresiones que el ser humano ha inventado para clasificar su entorno, su medio, y para explicar su mundo.

Cada ciencia tiene su propio lenguaje estético (Bloch, 1998: 25), pero el lenguaje de la historia, al estar estrechamente entrelazado con los hechos humanos, tiene sus propios placeres estéticos que no se parecen a ninguna otra disciplina (Bloch, 1998: 12).

La palabra historia es muy vieja, afirma Bloch, la significación de ella se ha ido transformando en contenido, por lo que afirmar que la historia es la ciencia del pasado es un absurdo (Bloch, 1998). El objeto de la historia es el ser humano y no el pasado como tal; el hombre ha sido muy diverso en sus relaciones culturales, lo que lleva a plantear varias problemáticas, pero sobre todo a la definición de un tiempo histórico.

El historiador se encuentra en la imposibilidad de comprobar los hechos que estudia (Bloch, 1998: 42), por lo que debe de recurrir a los testimonios a través de textos y documentos. Es muy importante para definir la observación en el método histórico, entender que los testimonios se conforman de acontecimientos vistos por otros en distintos tiempos.

Resulta esencial comprender que el pasado es algo que no se puede modificar, sin embargo, el conocimiento del pasado “[…] está en constante progreso, se transforma y se perfecciona sin cesar” (Bloch, 1998: 49), por lo que la interpretación de los testimonios es de suma relevancia para el investigador en historia, ya que éste debe saber que se encontrará con una diversidad de testimonios, y esto representa una tarea sumamente compleja.

Pensar hIstórIcaMente, Jacques Le Goff Uno de los historiadores franceses que aportaron propuestas críticas sobre el estudio de la historia fue Jacques Le Goff, quien entre muchas cosas, propuso la idea de pensar históricamente. Este investigador francés,en su obra Pensar la historia (1997), ofrece algunas ideas que abonan en la distinción planteada.

Un punto fundamental, desde la perspectiva de Jacques Le Goff, es el de entender a la historia desde una posición que se concentre en el carácter humano. La historia estudia al hombre/mujer en tanto parte de un grupo social, organizado, se ocupa de las relaciones entre el pasado y el presente (comprender el presente a través del pasado; comprender el pasado mediante el presente), considerando sus rupturas y discontinuidades que están en un sentido u otro.

Le Goff recurre a los postulados del italiano Benedetto Croce, quien propone entender a la historia de la siguiente manera : “[…] toda historia es historia contemporánea, siempre está referida a las necesidades y situación del presente, por lo que los hechos históricos pueden ser repensados constantemente.

Así, la historia es el conocimiento del eterno presente”. No trata del pasado en tanto tal, ni de las concepciones de lo histórico en tanto tales, sino de uno y otro término vistos en su reciprocidad (Carr citado por Le Goff, 1997: 27).

Parte del presente y le plantea preguntas al pasado: esta idea es fundamental, pues el gran reto de los historiadores y del trabajo sobre el pensamiento histórico tiene que ver con la manera en que se plantean problemáticas históricas.

Otro punto que debe ser tomado en cuenta para el pensamiento histórico es el de resaltar la importancia de lo subjetivo, ya que es fundamental para el pensamiento histórico, pues “[…] las obras históricas, los juicios históricos son intersubjetivamente comprensibles e intersubjetivamente verificables. (Mommsen citado por Le Goff, 1997: 33).

El pasado es una construcción y una reinterpretación constante, en tanto hay todavía cosas por descubrirse y siempre habrá nuevas lecturas de los documentos. La historia es la ciencia del pasado, con la condición de saber que éste se convierte en objeto de la historia, en una reconstrucción que se cuestiona continuamente desde el presente, dice Le Goff. En cada época se fabrica mentalmente una representación del pasado histórico, propone Michael de Certeau; es decir, un hecho puede significar algo en un momento, y lo opuesto en un momento posterior, de acuerdo a las necesidades existentes.

refLexIón fInaL ante un PanoraMa IncIerto

La historia y el análisis de los hechos históricos resulta sumamente complejo, pero sin duda alguna que la lectura de Marc Bloch y Jacques Le Goff permiten reflexionar sobre la importancia y evolución que ha tenido la conceptualización sobre el objeto de estudio de la historia; ésta va de la concepción de un pasado como objeto de estudio a la interpretación-comprensión del tiempo histórico desde el presente.

Esto por supuesto genera la posibilidad de replantear esa historia maniquea de héroes y villanos que sigue siendo la versión impuesta de la historia que se enseña en las aulas de las instituciones educativas de nuestro país y proponer otras formas de estudiar la historia.

En México, en los últimos años, han sido reformados programas de estudio que han eliminado contenidos en la materia de historia y han sido sustituidos por asignaturas que si bien proponen la reflexión de la ética y la ciudadanía, no proponen la reflexión y el conocimiento de los hechos históricos de forma crítica y transversal, lo que está provocando que buena parte de la sociedad mexicana, principalmente el sector joven, tenga una apatía profunda ante el conocimiento de la historia, y si a eso se le agrega que su relación con la historia tiene que ver con la memorización de personajes y hechos sucedidos en un tiempo lejano, la situación a la que se enfrenta la historia, los historiadores y quienes tenemos una relación directa con el trabajo histórico es compleja e incierta.

En ciudades como Córdoba decimos con orgullo que vivimos en un lugar lleno de historia, que tenemos un Centro Histórico y un pasado glorioso, que provenimos de familias con mucha historia, ¿qué sentido tiene eso cuando no estamos formando a nuevas generaciones de historiadores? Tan sólo en la Universidad Veracruzana contamos con una Facultad de Historia, un programa de Antropología Histórica y un solo Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales en la ciudad de Xalapa, capital del estado de Veracruz, que apenas si forma a un puñado de historiadores para una población de más de seis millones de personas.

En las instituciones mexicanas, la enseñanza de la historia está en manos de gente que no está formada en el campo interdisciplinar de la historia o las ciencias sociales, por ello es comprensible que exista apatía frente a la historia.

Solemos aplaudir que nos sentimos orgullosos por vivir en una ciudad llena de historia, pero ¿qué estamos entendiendo por hacer historia? ¿Es estar en la búsqueda de próceres y batallas gloriosas? ¿Qué sentido tiene seguir pensando que la historia es la ciencia del pasado, cuando tenemos posibilidades inmensas para escribir y practicar la historia desde el presente? En México, debemos fomentar la lectura y enseñanza de la historia, retomando posiciones críticas y formando a nuevas generaciones con otra visión sobre la misma, pues aunque se inventen nuevas carreras y se sepulte constantemente la historia, esta disciplina dejará de ser útil sólo cuando el último ser humano deje de existir sobre la faz de la Tierra

 

 

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