Córdoba: 400 años

La capilla de San Antonio

Fotografía: Córdoba y su fantasma, autor desconocido

Para 1759, según José Antonio Rodríguez y Valero, el templo tenía las características siguientes: “es el templo de bella fábrica y arquitectura.
Toda su planta es extendida en una nave […] la principal puerta […] está mirando al Oriente”. Y más adelante agrega: “La cúpula o cimborio se levanta sobre cuatro arcos. Tiene otra puerta hacia el lado del Sur. Su torre es conforme a la humildad a los Estatutos Seráficos; la pueblan dos esquilas, y una campana […] Está la iglesia guarnecida de sagrados muros y sus atrios son correspondientes”.

El interior del templo, según el mismo Valero y Rodríguez, estaba decorado con nueve retablos, el mayor de los cuales era “coetáneo a la fundación.
En él se adora por gloriosísimo Título de la Iglesia, al decoroso blasón de la franciscana familia San Antonio de Padua […] El Coro es capaz, y religiosamente adornado y su vista causa mucha devoción.

La Sacristía auxiliada con correspondientes Oficinas, está proveída de Vestiduras y Ornamentos Sagrados, y algunos muy costosos. Lo interior del Convento es espacioso; todo es de cal y canto, con Claustros altos y bajos, y cubiertas de madera y teja”.

Actualmente, además de la sacristía, el templonposee unas bóvedas planas únicas en México y ostenta unas lámparas semiocultas cuya luz, durantenla noche, engalanan su porte y un pequeño pero hermoso atrio, gracias a los trabajos de remodelación realizados por alumnos de la Facultad denArquitectura de la Universidad Veracruzana, en Córdoba.

Es importante recordar que en esta casa de Dios sirvió durante sus últimos años el más querido y respetado sacerdote de Córdoba de los tiempos modernos, don Antonio Huerta y Huerta.

Por su parte, el Arq. Ignacio Cabral (Cabral, 1994: 36-37) apunta: Cerrando a la calle 5 y haciendo esquina con la avenida 4, hacia el norte de la ciudad, y a poca distancia del “zócalo”, está San Antonio, templo que, aunque no tiene nada de relevancia en su fachada sí cuenta con una bóveda plana en su sacristía, audacia constructiva para su época; también tiene una capilla anexa, la de la Virgen de Lourdes, de una sola nave, con tres bóvedas de distinto diseño (¿reminiscencias de estilo llamado mozárabe?) únicas en esta zona.

Pintura (original en color) de Rosa María Galán Callejas.

Historia

Narra el padre José Antonio Rodríguez y Valero que, desde la fundación de Córdoba, los “treinta caballeros” concibieron la idea de alojar a una congregación de religiosos de la Compañía de Jesús ya otra de beatos seráficos, como se les conoce a los religiosos pertenecientes a la orden fundada por San Francisco de Asís.

Por diversos motivos los jesuitas nunca pudieron establecerse en tierra huilangueña. Por el contrario, los descalzados de la provincia de San Diego, o seráficos, sí decidieron avecindar a un grupo de religiosos en la villa.

El primero que puso manos a la obra para la edificación del templo fue el regidor y alguacil mayor, Francisco de Solís, quien donó dos mil pesos para iniciar la obra.

Además, donó un terreno junto con Marcos Ballesteros y Juan Rodríguez Durán, cuyos solares eran contiguos al de Solís. Luego de las diligencias y pedimentos obligatorios relativos a la causa, su majestad Carlos II concedió la Real Licencia de construcción, mediante cédula expedida el 14 de agosto de 1682.

“Pasada ya por Regio Senado, presentó a esta Villa todos sus instrumentos el Reverendísimo Padre Fray José de Milluegi, como procurador de su Santa Provincia”, narra Valero en su Cartilla histórica de Córdoba.

En 1686 dieron inicio los trabajos de construcción del convento. Cuando murió Francisco de Solís, su sobrino Gregorio Martínez continuó la obra de edificación poniendo mucho de su dinero para tal fin, ya que el pueblo cooperó de gran modo pero este apoyo resultó insuficientemente.

En el año de 1710 se concluyó la obra tomando inmediatamente posesión del inmueble los religiosos, que ya constituían comunidad.

Apenas cuatro años después (1714) un terremoto derribó varios edificios y causó severos daPintura (original en color) de Rosa María Galán Callejas. ños a la cúpula del templo, quedando el edificio expuesto a las inclemencias del tiempo. En tan lastimoso estado acabó el convento de San Antonio que nadie se atrevió a entrar por temor de morir aplastado ante la inminencia de un derrumbe total.

Se tuvo que tirar lo que quedó de la cubierta para volver a levantarla, pero esta vez reforzando el edificio en sus cimientos. El regidor Francisco
Pívot y Tapia contribuyó de gran manera para cubrir los gastos de la restauración.

Por fin, en enero de 1725, once años después del siniestro, se reinauguró el templo con solemnes demostraciones de fe. Contiguo al convento se construyó, casi al mismo tiempo, la antigua iglesia del Orden Tercero de Penitencia. En 1686 se formó la comunidad y once años después, en 1697, se comenzó la construcción de su templo.

Se concluyó su edificación en 1710.
En 1790 otro terremoto de proporciones semejantes al del año 14 del mismo siglo volvió a causar la destrucción del templo de San Antonio.
Después de reconstruido y durante los periodos de guerra ocurridos en el siglo XIX, el convento fue utilizado como centro de operaciones por parte de los ejércitos que en Córdoba estuvieron acuartelados. Sin perder, salvo en esos críticos lapsos, su carácter de inmueble litúrgico. Es decir, estuvo sujeto al capricho de los militares como el resto de las casas privadas y públicas de la ciudad.

En 1860 Francisco Hernández y Hernández y José María Mena Sosa solicitaron permiso para instalar un colegio dentro del templo. Durante la segunda mitad del siglo decimonónico el convento de San Antonio de Padua comenzó a ser conocido como el templo de Nuestra Señora deLourdes.

Ya en pleno siglo XX, en 1922, la capilla fue convertida en cuartel militar. Pero luego de terminar las crueldades de la Revolución, sobrevino la Guerra Cristera, por lo que el general y gobernador del estado Adalberto Tejada clausuró los templos de la ciudad, incluido el de Lourdes, y ordenó la ocupación de este último de nuevo por parte de la milicia.

A la partida de los soldados, el convento fue utilizado como estación de bomberos (1936). Sin embargo, el espantosos temblor de 1973 causó
severos daños a su estructura y obligó a los apagafuegos a abandonar el sitio.

Poco más tarde se volvió a habilitar como templo religioso y finalmente en 1997 se terminó de reconstruir, encontrándose, por cierto, un sótano abovedado con restos humanos en su interior, ¿parte de los famosos pero enigmáticos túneles que recorren todo el centro de Córdoba?.

Fuentes Cabral Pérez, Ignacio, 1994. La arquitectura del pasado en Orizaba y Córdoba, Ver., Talleres de Offset Mabek, S. A., Puebla. Rodríguez y Valero, José Antonio, 1984. Cartilla histórica de Córdoba, reedición faccimilar de la obra publicada en 1759, estudio preliminar de Leonardo Pasquel, Editorial Citlaltépetl, México (Suma Veracruzana/Historiografía).

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