Tzoncolco un pueblo que no desmaya, lleno de sueños y esperanzas

09 Oct 2015 Juan José Enríquez

Tzoncolco, la segunda congregación más importante del municipio de Rafael Delgado, ubicada a una media hora de Orizaba. Una comunidad donde se habla el náhuatl en un 80 por ciento y el español el porcentaje restante. Tienen una primaria “Narciso Mendoza”, donde dan enseñanza maestros bilingües. Desde hace más de 500 años  vivían como en el tiempo de la Conquista. Sin energía eléctrica. Obtienen ingresos con la venta de la leña y del carbón y de lo que se pueda.

Llegó la Luz en 2012

En febrero de 2012 se les introdujo el tendido eléctrico. También pasaron muchos años para contar con una carretera, pues se trasladaban entre veredas. Para bajar por el pie de una montaña, les costaba un par de horas, bajar o subir. En tiempos de Fidel Herrera Beltrán se les hizo un camino de terracería, después de concreto hidráulico. Ahora suben los camiones y transportan a esta gente que vivía como hace 500 años. Sin luz ni camino ni esperanza.

Cerca de la entrada a Los Manantiales en Tlilapan, comienza el camino, que como expuso Juan Rulfo en Pedro Páramo: “El camino subía y bajaba, sube o baja según se va o se viene, para el que va, sube, para el que viene, baja”.

Desde la empinada carretera se pueden observar los valles inmensos y en los doscientos y pico de metros de altura se ven como hormiguitas los paisanos de Tlilapan y Rafael Delgado.

Los días de esta época alocados como los pelos del asno que se encuentra atado a una cerca de madera; por la mañana un calor intenso. En las tardes, la frescura de una bruma que alcanzará azotar con un frío en la llamada región de las altas montañas.

Ya Tienen Pisos de Cemento y no Nadan Descalzos

A pesar de que cuentan con energía eléctrica y en muy pocas viviendas humildes se puede ver una antena de televisión de paga, aún siguen sufriendo los estragos de hace 500 años. Trepados, mezclados entre los cerros, lejos de los conquistadores y antes lejos de los aztecas, que todo se engullían.

Así se vive en Tzoncolco, agazapado. Viendo con extrañeza la llegada de visitantes. Ya no se les ve se les ve descalzos. Algunos habitantes con la moto sierra, el cepillo, dándole duro al pulido de la madera, para vender ya sea tablas, cuartones, vigas, sillas o camas.

Pero también viven del carbón y de lo que medio siembran. Algunas mujeres reciben recursos del programa de Oportunidades hoy Prospera.

Vivían a piso de tierra y en los pasados tres años a unas 180 casas humildes de lámina y teja, se les dio un Piso Firme. Hace 10 años, el 80 por ciento de ellos hablaban el náhuatl, se negaban a entrarle al español, hoy lo combinan y casi todos hablan los dos lenguajes, idiomas o cómo quieran llamarles. Ya hay servicio de teléfonos celulares.

Una Comunidad que no Desmaya, Llena de Sueños y Esperanzas

Tzoncolco es un pueblo que no desmaya. Tienen un preescolar, una primaria y Telesecundaria. Al llegar se ve el río que cruza con agua turbia por las lluvias que arrastran lodo amarillo proveniente de Soledad Atzompa y Necoxtla, de Ciudad Mendoza.

Entre el bosque, su verdor de esos árboles, su mayoría pino. Se mezclan algunas viviendas. De ellas emana un humo gris. Olor a encino. Piedras de cantera tipo marmolina que al caminar hay que hacerlo con cuidado, so pena de tropezar.

Estos indígenas, tienen esperanzas y sueños, unas 700 personas integran esta congregación. Muchos jóvenes entre hombres y mujeres han tenido que emigrar a las ciudades. A otros estados y unos cuantos a los Estados Unidos.

La interculturización de esa comunidad que ha logrado que ahora sus jóvenes se vistan como “cholos”, con los cabellos erizados como Punks. De pantalones anchos. Ya poco hablan el náhuatl.

Un Médico, Cada 8 Días

Juan Luis, el sacristán de la capilla “San Juan del Río” junto con Roberta, Lourdes, Maura y otra de nombre Lourdes, que son las responsables de la catequesis, relatan que no cuentan con médicos. El único que las atiende lo hace cada semana. El martes. Por lo que está prohibido enfermarse en otros días. Si alguien se pone mal de su salud, tiene que ser trasladado a Tlilapan o a Orizaba. El problema es que no hay ambulancia, ni patrulla. Los camiones ya no prestan el servicio después de las 7 de la noche y los taxis no existen.

Abandonado está el consultorio. Bien pintadito pero sin médicos. Permanece a un costado de una letrina y de la agencia municipal. En frente está la cancha de basquetbol y del lado izquierdo la capilla. Al fondo la primaria “Narciso Mendoza”. Por la parte trasera una barranca.

“Tenemos un doctor que viene cada ocho días. A veces viene, a veces no. Ya si se enferman se van  a la clínica de Tlilapan. A veces viene los martes, pero casi siempre está cerrada”.

De nada sirvió que el doctor Andrés Manuel Esquivel, jefe de la Jurisdicción Sanitaria VII se haya comprometido en mandar de manera constante a una unidad médica.

“Sólo vienen cuando es campaña de algo. Si no ni se acuerdan que existimos”.

Recuerdan que en esos años de oscuridad daban las 6 de la tarde y a dormir. A que se quedaban despiertos si todo era negro como la noche. Pero ahora que ya tienen la energía, (febrero 2012) ya tiene televisores, la radio los acompaña.

La Migración, un Mal Necesario

Pero la vida es la misma. Tienen que migrar para trabajar. Recuerdan que unos 50 de sus paisanos se fueron a Los Ángeles, California. Otros hacen muebles, o son chalanes para hacer muebles.

Las mujeres, pocas, trabajan en los quehaceres domésticos. En Orizaba o Ixhuatlancillo, donde no son humilladas, pues también se habla en náhuatl, aunque ya con otros modismos.

Aun así, la mayoría de estos habitantes profesan la fe católica. Otros son de La Luz del Mundo y otros de “Vida Abundante”.

No Conocen las Computadoras

Los jóvenes se entretienen con sus celulares, con los juegos de videos que hay instalados en algunas tiendas, que además de vender abarrotes, comercian bebidas embriagantes.

No tienen internet, ni computadoras. Estas no las conocen, ni las han tocado. Algunas mujeres ya saben leer y escribir. Ya están más despiertas. Y aunque visten sus tradicionales ropajes, ya no se dejan pisotear y humillar. Ya exigen sus derechos. Aunque las más cortas de edad, lamentan que a sus madres no les enseñen a escribir, pues no hay programas de alfabetización.

Así sucede con Roberta de 26 años, intentó superarse. Cursó la primaria solamente. La secundaria no, porque no existía. Prefiere trabajar y ayudar a sus 9 hermanos.

“Me gustaría seguir estudiando, pero tengo que trabajar, porque aquí no hay Telebachillerato. Hay que trabajar a Ixhuatancillo y cada ocho días regreso. Aquí no hay trabajo de ningún tipo, tenemos que ir a otro lado a trabajar. Es difícil la vida, los hombres no tienen trabajo, antes si había trabajo por los árboles pero ahorita ya se están acabando, y aunque reforestan estos están pequeños”.

Aquí no ha llegado el mentado programa de la Cruzada Contra el Hambre. No hay apoyos de ningún tipo. En ocasiones suben los grupos altruistas, piden que se amplíe la carretera para que pueda ser de dos carriles.

Tradiciones Perdidas

Apostadas a la entrada de la capilla “San Juan Bautista, estas mujeres relatan que ya no se acostumbra pedir la mano de la novia como hace muchos años. Ahora los varones se las roban. Y lo hacen porque no hay dinero para ofrendar al padre de la muchacha.

Antes llevaban cerveza o licores y pan al padre de la novia sólo para pedir su autorización. Después el ofendido si decidía dar el sí, entonces, el pretendiente tendría que volver a esa casa a dar una despensa muy bien surtida. Los cartones de cerveza, los licores. Los guajolotes, chocolate, pan y otras cosas. Ya acordaban la fecha y se matrimoniaban. Pero eso quedó en el pasado. Hoy prefieren escaparse y evitar ese gasto tan innecesario.

Tzoncolco, Lugar de los Cabellos Ondulados

Es Tzoncolco, lugar de los cabellos ondulados, donde el porcentaje de analfabetismo entre los adultos es del 21.51 por ciento, (20.58 por ciento en los hombres y 22.47 por ciento en las mujeres) y el grado de escolaridad es de 2.78 (2.68 en hombres y 2.89 en mujeres). Cuenta con una población total de 642 habitantes de los cuales 314 son mujeres y 328 hombres. Cuenta con un total aproximado de 114 viviendas.

 

 

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