Nuevo presidente

A Susana Maldonado Parra, amiga siempre

A estas alturas de las campañas electorales, inéditas por la magnitud de los que contienden desde la presidencia, senadores, diputados federales y locales, gobernadores, alcaldes, más de tres mil cargos, la sociedad mexica se apresta ya a emitir sus votos.

Muchos ostentan sus preferencias por los candidatos que atienden a sus afectos, sentimientos o hasta intereses.

La elección presidencial lleva mano porque es la inquietud de un gobierno durante los próximos seis años.

Evidentemente hay una fuerte división entre los que se inclinan por el cambio que representa Andrés Manuel López Obrador, puntero, hasta hoy, en las encuestas; los que consideran a José Antonio Meade una opción con partidos postulantes muy cuestionados; Ricardo Anaya Cortés, quien entre peras y manzanas lo han colocado en difícil disyuntiva por un presunto negocio de dudosa claridad; y Jaime Rodríguez, sus llamados a milagros que ni al caso vienen.

Todos ofrecen, sin excepción, fin a corruptelas de toda índole y entrarle en serio a combatir la impunidad galopante; seguridad, educación, salud, energéticos, agro, comercio, industria, jóvenes, migrantes, narco, justicia, derechos humanos, empleo, distribución de la riqueza, impuestos, mundo global, en fin, la cauda evidente de asuntos públicos que, si no aguardan absoluta solución, al menos merece paliar los desequilibrios.

Dados los avances de las campañas y ocurra lo que sea este domingo viene una auténtica revisión a fondo de los partidos políticos, quienes ostentan la representatividad de uno u otro signo y que en su gran mayoría son cotos de elites de poder que no han respondido ya no se diga a la confianza, ni siquiera a su real presencia en el ánimo de la ciudadanía.

Difícil suponer que la nación mexicana sea una isla. Muchos ojos están puestos en lo que ocurra porque entre otros detalles convive en un amplio territorio con un país con el que se comercia 80 por y hay tal dependencia científica y tecnológica que casi lo convierte en un apéndice de sus intereses, a veces con tratos que están muy lejos de ser medianamente aceptables.

El que llegue no puede ni con varita mágica ni ilusiones enfrentar estos grandes retos de una nación que viene de grandes movimientos sociales y que merece crecer llanamente en paz. Por eso necesita de todos, simpatizantes y adversarios, con reglas muy claras y en ánimo y voluntad política sustentada en la democracia y en el equilibrio de poderes.

 

Atraques:

  1. El asunto de la violencia de género que afecta a tantas mexicanas merece más que esfuerzos contra tanta intolerancia. Sólo en 2016 se registraron 37 mil llamadas a los números de urgencias con denuncias por esos lamentables casos. Seguimiento, protección, en fin, hay tema de sobra.
  2. Toda elección conlleva a afectar algo. Y en estos procesos hay férrea competencia. Es el caso de varios estados en donde se elegirán gobernadores. Así que a votar 90 millones de electores.

 

 

 

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