INMujeres

07 Nov 2017 Escrito por

* En el 2000 se fundó el Instituto Nacional de las Mujeres como un organismo descentralizado, con patrimonio propio, personalidad jurídica y autonomía

En el año 2000, tras cinco años de la IV Conferencia Mundial de la Mujer, celebrada en Pekín, China, a iniciativa de las feministas, cumpliendo acuerdos de esa conferencia y tras años de ensayo y error, se fundó, con lo que será una ley general reglamentaria del Artículo Cuarto constitucional, el Instituto Nacional de las Mujeres como un organismo descentralizado, con patrimonio propio, personalidad jurídica y autonomía.

 Se había llegado a una meta largamente acariciada. Ese año, no obstante, ganó el Partido Acción Nacional la Presidencia de la República. Así, bajo el mandato del partido oficialmente de derecha, habría que impulsar la política de género a que obligaba la nueva ley.

 Esa ley hacía a todas las mexicanas sujetos de derechos, igual que a las extranjeras que vivieran en el territorio nacional, y las mexicanas en el extranjero, sin importar origen étnico, edad, estado civil, idioma, cultura, condición social, discapacidad, religión o dogma; quienes podrían a partir de entonces participar en los programas, servicios y acciones realizadas por el nuevo organismo.

 Muchos fueron sus avatares y situaciones. La reivindicación de los derechos a la no discriminación, la inclusión y la igualdad, se decía entonces equidad, hubo que ir conformando lentamente. En el 2006 se decretó la Ley General para la Igualdad entre Hombres y Mujeres y más tarde, en 2007, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Sin Violencia. De este modo, aunque tarde, la triada de leyes iba a conformar el marco jurídico fundamental de reconocimiento de más de la mitad de la población, para su desarrollo, incorporación en políticas públicas y sobre todo, para fomentar la igualdad que había quedado inscrita en la Constitución desde 1974.

 No fue algo inocuo. En los últimos 10 años, otros preceptos legales han generado el piso jurídico para la igualdad de oportunidades, acciones muy diversas para enfrentar la violencia contra las mujeres, la creación de instituciones, programas y acciones que hoy se desarrollan, con diferentes procesos, en prácticamente toda la República.

 Este piso, sin embargo ha sido del todo insuficiente para resolver la discriminación y la violencia, debido principalmente a la existencia de una cultura machista difícil de cambiar. Todavía hay quienes piensan que la igualdad entre mujeres y hombres y el derecho de las mujeres a vivir sin violencia o es una moda extranjera o demasiado para un sector, así nos llaman a la mayoría, que pide mucho.

 La paridad electoral de 2014, arrancó airadas críticas. Hubo necesidad de crear otras disposiciones. El tema es que todavía 6 de cada 10 mexicanas viven violencia, son sobrevivientes del maltrato, objeto de trata y explotación sexual y aun los salarios que se pagan a las mujeres son inferiores que los que reciben los hombres. La oprobiosa violencia feminicida, cobra la vida y el bienestar de miles y miles de mujeres en todo el territorio nacional. Es evidente que el marco legal no es garantía para acceder a la igualdad de trato y oportunidades. La violencia estructural, como forma de resolución de conflictos nos rebasa, y encima estamos arrastrando la impunidad frente a los crímenes contra las mujeres.

 Los esfuerzos hacen agua. Las leyes son sistemáticamente revisadas y adicionadas o cambiadas, porque la realidad rebasa toda imaginación. No obstante, en paralelo, las mujeres avanzamos, a veces con inmensas dificultades, en la vida social y política. Todavía ello no es comprendido ni aceptado. Hay quienes se sorprenden de los datos y los hechos.

 Hay una permanente campaña para equiparar las bases jurídicas en todo el territorio. Hay entidades del país, que a estas alturas, conservan en sus leyes locales o sus constituciones atraso considerable. A pesar de todo y las políticas, las puestas en práctica, las mal operadas, la corrupción, un sistema judicial cómplice de la opresión y la discriminación. La permanente sospecha de que las mujeres valemos menos que los hombres, es algo corriente y supuestamente “natural” que está en boca de millones, hombres y mujeres.

 Enfrentar ello, requerirá, dice el Foro de Davos, una larga espera. Hasta 2234, si sólo hablamos de igualdad económica. De la violencia, no hay fecha, pues hay atacadas, hostigadas, asesinadas todos los días, sin justicia ni atención.

 Por eso llama la atención la propuesta de la senadora Angélica de la Peña Gómez de que ahora se convierta el Instituto Nacional de las Mujeres, cuya tarea ha sido inscrita en un largo camino, en una Secretaría de la Igualdad, como si por arte de magia, eso fuera a resolver el todo. Ese todo que nos mantiene como rehenes del atraso y la estulticia; como si la nomenclatura fuera a cambiar de tajo una forma de pensar y actuar de millones de mexicanos y mexicanas que nos siguen considerando menores, adicionales y molestas por nuestro griterío, demanda y urgencia de ser tratadas como seres humanos.

 No tengo la menor idea de que se piensa en las alturas. Pero hoy, en esta administración, se ha intentado cumplir los mandatos de esa ley del año 2000, que parecía tan inconexa y sin verdaderos cambios. Hay cambios en la administración pública, se ha mandatado la transversalidad para todos los programas, se ha involucrado a los gobiernos estatales, se han transferido recursos millonarios; me dirán, sí, pero aún insuficientes, y yo diría, además, desviados por más de un gobernador.

 En algunas entidades como Guerrero, Michoacán, Chiapas, Zacatecas, Oaxaca y otros existe una Secretaría de la Mujer; su lugar en el gabinete no garantiza el deseo legítimo de tener justicia y trato en igualdad, al final todo depende de voluntades políticas, recursos y un cambio de actitudes que no logra llegar. Depender del ejecutivo excluye en la práctica la participación ciudadana.

 Una Secretaría afectaría los derechos laborales; ahora en INMUJERES, sus trabajadoras y trabajadores tienen IMSS, condiciones de trabajo contractuales; se opera con autonomía y no con el estatuto del ISSSTE, y si bien el presupuesto depende del programado por la Federación, su autonomía permite hacer acuerdos con organismos internacionales. Es una instancia normativa que vigila que opere el cambio cultural y sus consejos consultivo y social permiten diálogo con personas que representan a la sociedad civil.

 Lo que priva, no obstante, es el espejismo de que una Secretaría tendrá más poder, se sentará con los demás integrantes del gabinete. Cosa que en la presente administración ya se hace, se dialoga con instancias como la CONAGO, hay libertad para criticar al poder judicial, se hace una difusión de acciones, posturas y críticas sin pasar por el aparato de comunicación de Los Pinos, etcétera.

 Además, en estos tiempos de apremio, nos ahorraríamos un cambio en la Administración Pública que nos tomará mucho tiempo. Habría que debatir realmente si conviene o no, en esta hora. Me gustaría que las y los legisladores hagan mejor reformas profundas en el sistema judicial; elaboren el reglamento de la Ley de Igualdad pendiente hace 10 años; piensen cómo mejorar la coordinación entre los sistemas de igualdad y el de violencia; pidan cuentas a los gobiernos estatales que no cumplen con las tareas de prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.

 Lamentablemente es mejor hacer iniciativas que parecen novedosas. Una semejante se propuso en 2012, sin destino. En fin, vamos a dejar al tiempo; mientras tanto, el INMujeres ha sido una posibilidad. En América Latina, sin cambios en la vida de las mujeres, operan seis Secretarías; en Guatemala y Costa Rica existe una consejería o secretaría sobre las mujeres dependiente de las oficinas de las primeras damas; hay entidades que en nuestros días solo tienen departamentos, sin embargo, en todos los países hay leyes semejantes a las nuestras, políticas públicas que es necesario vigilar y monitorear, como se dice ahora, y en algunos, movimientos de mujeres pujantes que siguen tomando las calles pidiendo justicia. Cada vez, como en México, hay muchas más mujeres en la real política haciendo lo suyo y manifestando su inconformidad por la discriminación, el feminicidio y el atraso de muchas mujeres.

 

Al tiempo.

 

* Para: Concepción Martínez, empleada doméstica; Natividad Martínez, empleada de intendencia; Brigada Feminista, que cuidó a las costureras, las empleadas de la Ciudad de México que han trabajado incansables en los puntos de urgencia

SemMéxico, 25 septiembre 2017.- Imposible no hacer la comparación. Hace 32 años aproximadamente 10 mil muertos; hoy, cifras preliminares de 317 en todo el país. Hasta ahora, la mayoría mujeres, sobre todo en la Ciudad de México.

 Imposible no comparar. Hace 32 años la gente tomó el control de mi ciudad. Hoy los trabajadores de Protección Civil, policías capitalinos, Marina y Ejército, ellos controlaron todo.

 Entonces, el gobierno rebasado, hoy la gente se queja de que no los dejaron entrar, o colaboraron bajo protocolos, límites y acordonamientos inmediatos.

 Hoy las labores de rescate se iniciaron 35 minutos tras el terremoto; hace 32 años pasaron 72 horas. Entonces, días de caos en las calles, días y días; durante 14 noches estuvo acordonado el Centro. Hoy, al siguiente día pudimos transitar. Claro, hay zonas imposibles, por las labores preventivas por edificios dañados y los puntos de rescate en zonas de edificios colapsados.

 Todas y todos lo hemos visto en interminables, y con frecuencia, excesivos reportes en la televisión. Las redes sociales, los videos viralizados, la angustia colectiva; las sirenas a cualquier hora, el miedo, las historias inventadas y las historias reales, como la de la niña Frida o la hija de Laura Ramos que logró rescatar el cuerpo de su madre, amparo de por medio.

 Aprendimos. Ciudadanía y gobierno. La destrucción entonces fue en las zonas más pobres de la ciudad, en las vecindades del Centro, en las casas y edificios viejos de la Doctores, la Guerrero, La Roma y la Obrera; también en Portales, Narvarte y Tránsito.

 Entonces cayeron edificios oficiales por decenas. Cayó la Junta de Conciliación y Arbitraje; la Secretaría del Trabajo; la Secretaría de Comercio; se dañó estructuralmente el Centro Médico, los Teleteatros de Televisa, los hoteles Continental, El Prado, Regis. Se incendiaron cafeterías y cientos de establecimientos.

 Se dañaron las instalaciones de Teléfonos de México en pleno Centro. Y se derrumbaron cientos de talleres clandestinos de costura. En 1985 se destapó la terrible explotación de miles de trabajadoras de la costura; hoy, un solo taller que estaba en uno de los 4 pisos de Chimalpopoca y Bolívar, entonces 400 costureras perdieron la vida, 8 o 10 operadoras de Telmex; hoy perdimos al menos 40, el 10 por ciento.

 Resultado: miles de costureras, empleadas de pequeños establecimientos, empleadas del gobierno perdieron sus empleos; hoy fueron hasta ahora 122 mujeres perdidas que habitaban o trabajaban en edificios de departamentos en la Del Valle, Roma, Condesa y Narvarte, además de Los Girasoles y el multifamiliar Tlalpan, en Coyoacán cinco o 7 edificios inhabitables en Calzada Miramontes. Muertas las mujeres amas de casa, con teletrabajo y doble jornada; trabajadoras domésticas, mujeres de intendencia y maestras. Mujeres de la tercera edad que se quedan solas en las casas mientras la familia trabaja.

 Un panorama aterrador, por la destrucción, el miedo y la impotencia. Un panorama que nos llevará a investigar los cientos de construcciones que los y las delegadas aprobaron, sin rectificar; entonces viejas vecindades en renta congelada; entonces la corrupción del gobierno de Miguel Alemán, según las fechas de construcción de edificios que personalmente investigué; hoy edificios de los años 50 y 60 y decenas dañados y caídos de los nuevos, de 12, 10 o un año.

 Como hemos podido ver la ciudadanía se movilizó en la solidaridad. Con fuerza, corazón, coraje, capacidad de resilencia y entereza. Ahí están y estarán durante muchas semanas. Datos oficiales indican que en Oaxaca, Puebla, Estado de México, Chiapas, Morelos, hay al menos 2 millones y medio de damnificados; más de 500 mil casas caídas, inservibles, destruidas. Miles de miles ya perdieron su patrimonio. Terrible.

 Los ofrecimientos, de los que hay que tomar nota, dar seguimiento, documentar, varios y contradictorios. Los bancos avisan a quienes van a pagar hipoteca, que tienen un seguro; se habla del FONDEN que ayudará a los y las afectadas; más la ayuda, ayuda y ayuda, de aquí, de empresarios, de la Cruz Roja; también empiezan a aparecer fondos internacionales. Eso es lo que hay que conocer y seguir, durante el tiempo que viene.

 Nuestro dolor enjugado en solidaridad y no en rabia; con la cabeza y la desconfianza en las autoridades; nuestro coraje que tendrá que convertirse en inteligencia y capacidad. No sé si de organización. Hace 32 años dio lugar a cientos de organizaciones civiles y luego políticas. Hoy le toca a la sociedad, porque esas organizaciones tampoco satisfacen.

 Tendremos que tomarnos un tiempo para conocer cada detalle, cada circunstancia. Tiempo para definir de qué manera estamos actuando, sociedad y gobierno. Mientras, no cesa la emergencia, el apoyo, la conciencia, como si entráramos en una nueva etapa, bueno, como dice Silva Herzog Márquez, incluso en la esperanza.

 Me niego a pensar como lo he dicho antes, que este país está derrotado e inmóvil. Su gente podría nuevamente dialogar, mirarse a los ojos, explicarse porque a pesar de todo, de la corrupción de arriba abajo, de la desconfianza, del el uso y abuso de la diatriba, podrían convertirse en otra cosa. Otra distinta al resentimiento y la intolerancia.

 Por ellas, por todas ellas que nos dejaron una huella; ellas que, voluntarias, movilizadas, activas están en esta hora y por aquellas que todavía se sumarán. En honor de los pueblos; de San Gregorio en Xochimilco y en Tláhuac; de los cerros de Oaxaca; de las comunidades que ya empiezan a reconstruirse; por las valientes que tomarán nota; por los desvelados sólo por ayudar; de las y los trabajadores de esos pueblos, comunidades y ciudades que no han dormido todavía hoy.

 

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* Lástima de 47 años de feminismo y la parafernalia digna y limpia, que no logra organizar realmente a las mujeres
SARA LOVERA
SemMéxico, Cd. de México, 4 septiembre 2017.- Esta administración está manchada de violencia. El saldo del sexenio de Felipe Calderón, que sacó al ejército a las calles y caminos; la crisis de paz que impera en todo el mundo y el permiso para matar que alienta nuestro deficiente sistema de justicia, donde la regla es la impunidad, ha dejado un tremendo sello color púrpura a la administración de Enrique Peña Nieto, quien acaba de entregar su 5º Informe de Gobierno.

Solamente en agresiones a periodistas y medios de comunicación, la cuenta es de mil 517 en cinco años; 35 asesinatos de profesionales del periodismo y cuatro desapariciones. Lo grave: 99.75% de esos crímenes están impunes, impunidad y agresiones contra la libertad de expresión. Y el signo: la simulación.

No sirve ni el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, que depende de la Secretaría de Gobernación, en el que se sientan organismos y personas civiles, que hacen el concierto, ni la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión, de la Procuraduría General de la República.

Los crímenes contra mujeres periodistas, dice la revista Contralínea en un reportaje del 3 de septiembre, aumentó 70%, en concordancia con la llegada creciente de mujeres a los medios de comunicación.

De la misma manera, no ha cedido la violencia específica contra las niñas y mujeres. Según la Encuesta Nacional sobre las Dinámicas de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) realizada en 2016, la violencia contra las mujeres de 15 años y más, creció más de 20 puntos porcentuales en los últimos 10 años; afecta a 6 de cada 10 mujeres en la mayoría de los estados, y al comparar los resultados de 2006, 2011 y 2016 de esa encuesta, se mira cómo aumentó la cifra de mujeres que reportó sufrir al menos un episodio de violencia en su vida.

Hasta ahora no se conoce la estrategia “nueva” para atemperar esta creciente ola de violencia generalizada; los homicidios dolosos han crecido cada año, después de una declinación que venía al final del sexenio de Calderón. Los hechos de corrupción no investigados o con investigaciones parciales y otros hechos tan dolorosos como la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa, que cumplirá 3 años, enrarecen el sexenio, y empañan cualquier cosa que pudiera definirse como positiva.

Las grandes cadenas informativas del mundo definen a México sólo como un país violento, antidemocrático y sin estatura de gobernabilidad. No hemos pasado las pruebas, ni de la paz, menos de la concordia, y tampoco de la defensa o promoción de los Derechos Humanos. Nos encontramos en una situación del todo enfrentada, sin esperanza ni credibilidad.

En ese contexto no es popular decir que hubo reformas atinadas; menos es admisible reconocer que se han creado empleos y que es un sexenio donde se ha levantado y promovido la política de género, como mi experiencia no había vivido en 40 años. Se trata de algunos avances, que trascenderán la coyuntura y este sentimiento de odio opositor a todo lo que hable, no de la administración pública, sino del sistema.

Estamos atrapadas. Las mujeres estamos en condiciones de avance como nunca y no es posible verlo. Se nos ha fundido más de un foco para pensar. Hemos llegado al colmo de mirar únicamente la superficie. Nuestro juicio depende de una abultada y permanente campaña de desprestigio; la descalificación en los llamados círculos rojo y amarillo de la opinión pública, porque eso es lo que priva; no es posible mirar una sola rendija. Me temo, pero eso deben definirlo especialistas y doctores/as en miles de especialidades, que la sociedad se está autodestruyendo. No hay espacio para el análisis profundo y serio, sólo existe el que ahonda la desesperanza.

Son cosas que para una antigua periodista son preocupantes. No existe ni la idea, ni la intención de hacer un verdadero recuento. Por ejemplo, acerca de la política de género en esta administración. Cuando se intenta, la respuesta es: “¿eres priista?”, “nada sirve, no te hagas”, “es pura simulación y el gobierno se ríe”. O sea, no es posible dialogar, si las posturas son fundamentalistas y no proponen la exploración; los datos objetivos y sin eludir los profundos pendientes.

Hay otras frases que penetran en la sociedad como mantequilla: las que rezan “acabemos con la mafia del poder”, la favorita de Andrés Manuel López Obrador, quien no nos ha dado explicación sobre los personajes y grupos que recibe en su partido, acríticamente, con videos de entrega de dinero –ahora ya se incorporó el grupo de Bejarano, ¿lo recuerda usted?– y el gravísimo asunto de Tláhuac donde es su gente la que se hizo de grandes casas y maneja lo de los “bici taxis” o “moto taxis”. Y tampoco responde a las críticas a la corrupción el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y en Morena se silencia todo, como los 45 años del negocio de Beto Anaya; y es imposible una explicación de cómo en el PRI crecen las resistencias a la democracia y también los actos de corrupción; e olvidan los casos en función del escándalo.

Lo cierto es que nada se ha puesto a prueba como en esta administración, sobre cómo aceptar en todos los niveles que hay discriminación para las mujeres y que eso mina la democracia y la productividad; yo no había visto nunca a un Secretario de Gobernación hablar del machismo sin necesidad de un guión; o a un Secretario de Hacienda ahora de Relaciones Exteriores abriendo los presupuestos; ni a tantas funcionarias obligadas a estudiar feminismo y género. Ni tampoco había visto a un presidente presidir el Sistema Nacional de Igualdad, ya sé, es pura demagogia.

Estoy segura que algo saldrá de este experimento. En los 70 los primeros cambios legislativos de la época contemporánea, como el Artículo 4º. O las primeras políticas públicas, han rendido frutos. Claro, no hay memoria, entonces se hizo la primera encuesta de aborto y se estudió la respuesta a la sexualidad humana, etc.

Ya sé que ahora no podemos evaluar y no podemos hacerlo porque el discurso de la sociedad civil, como se llama, se concentra en las 7 asesinadas cada día y un solo artículo de la ley de Acceso de las Mujeres a una Vida sin Violencia, el relativo a la Alerta de Género, sin mayor análisis o contexto.

Quién estará evaluando la calidad de los casi 3 millones de empleos, cosa increíble en medio de las dificultades internacionales del capitalismo; ni se ha hecho un acercamiento para saber cómo, sin el dinero del petróleo, crecimos igual, poco, pero igual que antes, cuando nos quejábamos por la economía petrolizada.

Que los 5 años de la administración de Peña Nieto para las mujeres será el porvenir, ¿será? Según mi razonamiento, pero por ahora sólo juzgado por las cifras reales de los pendientes, como el embarazo en niñas, la violencia contra las mujeres, el lento proceso de los cambios en las aulas y por supuesto la corrupción.
Viajando de aquí para allá, de ciudad en ciudad; comiendo, durmiendo, enfilando carreteras, subida en un avión, si acaso usara sólo mi percepción diría que aumentó el consumo; que muchísima gente tiene dinero para comer en restaurantes de todos los niveles; que a pesar de los plantones en Oaxaca, está repleta de ventas su alameda o parque central; que miles de personas van a los museos; que hay tierras verdes y grandes y que esas mujeres que responden la Encuesta Nacional sobre las Dinámicas de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), parece que reconocen mucho mejor sus derechos y las violencias que viven; me parece que mucho más que antes, cuando no tenía el fenómeno tanta publicidad y discurso.

Hay días en que pienso que estaríamos muy cerca de juntar un millón de mujeres en el Zócalo para denunciar la violencia, lamentablemente lo único real son las voces de unas cuantas, que están ahí, denunciando, que se reúnen en las instalaciones oficiales o las que se suman a las mesas de discusión, que ya se sabe, por experiencia, que ahí no pasa nada de nada, ese sí que es un engaño.

En fin, que ya estamos listas y con la rodilla en el piso para iniciar la carrera de 2018, donde cada quien se acomoda a su juego para ver qué logra. Y realmente muy pocas movilizaciones para acabar con la impunidad, un sistema de justicia sin protestas, porque la visión patriarcal hace que todas las protestas se dirijan solamente a Los Pinos. Lástima de 47 años de feminismo y la parafernalia digna y limpia, que no logra organizar realmente a las mujeres, tanto que ni siquiera hay redes reales. Es una suerte de maleficio sistemático: no hay cómo hacerle.
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