Sin tener plenamente conciencia de la trascendencia que tenía el contenido de aquellos cuentos que leía cuando chamaco, lo que ocurría en realidad es que estaba recibiendo con esas lecturas en apariencia inocentes, lo que fueron mis primeras lecciones –por no decir cátedras- de teoría política en el más amplio sentido del término, si se me permite la ligereza.

Y es que en realidad eso era lo que pasaba cuando leía el cuento de Los Supermachos del gran caricaturista mexicano, recién y lamentablemente fallecido, Eduardo del Río García, alias ‘Rius’ (Zamora, Mich., 20 de junio de 1934-Tepoztlán, Mor., 8 de agosto de 2017). Los Supermachos fue un delicioso cuento, que no fue diseñado propiamente para menores de edad, pero que las historietas que contaba eran tan llana y magistralmente narradas y descritas en el formato de lo que antes se conocía nominativamente como cuentos –hoy se les conoce como comics-, que para cualquier chamaco de 8, 9 o más años de edad que ya dominaba la lectura, era un bocado imperdible por su jocosidad, hilaridad y esa picardía que brotaba por doquier de la historieta misma.

La historia era un retrato perfecto de México y del sistema político –el viejo régimen- que fue el sello distintivo que imperó en el país a partir del triunfo de la Revolución de 1910, su institucionalización político partidista y hasta más o menos mediados de los años 70, cuando los postulados de aquella gesta se diluyen ante el proceso de modernización y urbanización del mismo. Como usted recordará, la historia se desarrolla en la población de San Garabato de las Tunas, Cuc., un pueblecillo imaginario más bien rural de la provincia. El personaje central es Juan Calzónzin, un indígena dotado de una sensibilidad especial para la comprensión del entorno nacional. El personaje de por sí memorable por su original atuendo, lo era aún más por los dos perros desvalidos que siempre lo acompañaban: Stalin y Boturini.

Y de ahí los demás personajes, característicos del sistema, vea usted, empecemos con Chon Prieto, el amigo inseparable de Calzónzin, el borracho del pueblo, le encantaba echarse sus curados; don Perpetuo Del Rosal, el presidente municipal, cacique del pueblo por más de 30 años; los policías el lechuzo y Arsenio la fuerza pública represiva del régimen, incondicionales de don Perpetuo; Fiacro Franco, el cantinero, el típico tendero español, dueño de ‘El Sanatorio’, la cantina; don Lucas Estornino, el boticario, el comerciante clasemediero, medio escribido y medio leído; Ticiano Truye, el tendero; Gedeon Prieto, el burócrata, hermano de Chon Prieto; doña Eme, la argüendera y persignada del pueblo, de la congregación de ‘La vela perpetua’; Pomposa y Enedina, la esposa e hija, respectivamente, por decir, la familia revolucionaria en pleno; don Plutarco, el burgués del pueblo, y así, todo ese elenco maravilloso que, repito, retrataba muy bien en una historieta la realidad política nacional.

De todo esto me enteré con más forma cuando llevé en la profesional la materia de Problemas Sociales de México y leí aquellos memorables libros de don Daniel Cosío Villegas, de Pablo González Casanova, de Arnaldo Córdova y de Jorge Carpizo McGregor, verdaderos tratados de la política mexicana de aquellos años, que me dejaron grandes enseñanzas a las cuales agregaría las de los cuentos y libros del maestro Rius, al que no dudo en adjudicarle el calificativo de pedagogo político. Yo le debo mucho a este hombre, compré casi todos sus libros, me ilustraron mucho, desde ‘Marx para principiantes’, ‘Cuba para principiantes’, ‘El mito guadalupano’, ‘Los judíos (Palestina)’ y otros que ya no me acuerdo.

Por último, voy a confesar algo, además de lo cultural meramente hablando, a Rius también le debo mis conocimientos más básicos del juego de las mulas y las capicúas. En mi universidad era imprescindible cuando menos saber hacer la ‘sopa’ para ganarse aunque fuera el desayuno, y ‘Dominó para principiantes’ me enseñó algunos de los principales secretos de este cerebral y centenario juego de las 28 fichas rectangulares, es más, a través de él aprendí a jugar solitario con el dominó, cosa que hago frecuentemente, me entretiene y me divierte, se los recomiendo ampliamente a todos los ludópatas.

Descanse en paz el maestro Rius.

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@marcogonzalezga