A Jaime Avilés Iturbe, que fue.
 
La sociedad mexicana entra en la fase de renovación de distintos poderes públicos, entre ellos el central, el gobierno federal y su presidente de la República.
Enrique Peña Nieto juega sus cartas – a favor y muchas contras administrativas o de  personeros que tanto le incomodan como sus cuates Lozoya o los exgobernadores presos o huidos- siempre con un discurso limitado y repetitivo, apapachador del reducto institucional de las fuerzas armadas y de gobernadores que llevan agua a sus molinos y un Congreso que le ha permitido reformas estructurales que han orientado a modo inercias globalizadoras.
Varios de sus secretarios de Estado asoman posibilidades de contender por su partido, el PRI, y de algunos otros organismos que se le puedan incorporar en la justa electoral que se avecina en 2018.
Los posibles han recorrido el vasto territorio en distintas atribuciones y actividades y los medios de comunicación han colaborado, más allá de suspicacias, aciertos y errores, a conocerles o a identificarlos e incluso a denostarles como sucede en las redes.
Unos, por cierto, con mayores grados de popularidad y presencia entre los sectores internos y los externos que indirectamente cuentan y como se dice en alguna campaña, y mucho.
Allí suspiran en el pent house del poder y de lo que de allí se emana los titulares de Hacienda, Educación, Salud, Gobernación, Relaciones Exteriores entre los más referidos, a ganar la dispensa de Los Pinos e incluso a fusionarse hacia planes futuros con toda vehemencia, incluidas las ceremonias de entrega de retratos al óleo (no la acepción religiosa)  mutuos hacia las reverencias y posteridad públicos.
Por otro lado navegan en este mar a veces tormentoso y huracanado los panistas, quienes dan vehementes ejemplos de que por encima de las convicciones, amistad, unión elementos, hay pleitos de palabras hirientes y altisonantes o hasta conocer vías rápidas a la consecución de fortunas discretas, hasta que se sabe lo contrario o como se dice popularmente vemos los trapitos en el tendedero, de cara al sol.
Los panistas han contribuido a la construcción democrática del país aun cuando sobran testimonios que incurren como sus pares partidistas en decisiones que dan tirria y denuestan la política, salvo excepciones que las hay. Mientras concluyen sus diferendos, si ello es posible, apuntan a la candidatura Margarita Zavala y Rafael Anaya, hasta hoy.
 
Del PRD hemos sido testigos de otros que han contado con el poder con intereses aviesos y sectarios, procesos que los autodevoraron. Unos cuantos valiosos y muchos más que se han enriquecido a costa de las colonias económicamente populares, como se dice por ahí, o económicamente jodidas.
Sigue Morena: ¿podrá Andrés Manuel López Obrador con el tremendo paquete electoral que viene? Cambio de lenguaje, certezas en una sociedad conservadora por una parte y otra que oye esperanzas y cambios.
En tanto la sociedad mexicana espera respuestas en seguridad interior, fiscales anticorrupción, marginación, medio ambiente y protección a la naturaleza, disminución de los índices muy muy ancestrales de la marginación y la pobreza que tantos frutos da al sistema político mexicano y eso sí, a unos cuantos cuantos.
Atraque 1: De diez millones de hectáreas de selva que hubo en el sureste mexicano, de Veracruz a Quintana Roo y Chiapas, quedan 260 mil hectáreas en menos de cuatro décadas, es el segundo centro productor de oxígeno ¡del continente! Así que aguas con el desajuste de asentamientos irregulares, la tala sin control y la falta de programas de convivencia con las selvas, ah y combatir no sólo incendios, sino impunidad y falta de aplicación de las leyes.
Atraque 2: En Veracruz hay urgencia de regular el crecimiento de las ciudades y de sus puertos y recuperar los primeros lugares en productividad.
Atraque 3: La aplicación de la reforma energética ha generado en las zonas petroleras del sureste un verdadero desajuste y los planes federales  de zonas especiales económicas duermen el sueño de los justos. Esto no se cuenta mucho.

Si algo queda de las votaciones es que de ninguna manera son, a la larga, efímeras. Al menos para quienes ostentan, desde las esferas más encumbradas, el poder.

A la sombra  de las estructuras de gobierno que legitiman los procesos vienen en cascada: partidos políticos; organismos no gubernamentales; observadores; intelectuales; medios de comunicación; periodistas; universidades e institutos; encuestadores; empresas proveedoras de bienes y servicios; profesionales, técnicos y empleados varios; ahh y también electores.

Una enorme estructura que va desde una verticalidad bien definida hasta el plano horizontal al que concurren, ahora sí, las mayorías anheladas.

Los que votan deciden por los que no y de allí conjuntamos toda nuestra vilipendiada y a la vez querida nación.

El penúltimo presidente priista, Ernesto Zedillo, entregó la banda presidencial al panista Vicente Fox; éste, a su compañero partidario Felipe Calderón Hinojosa; éste, al priista Enrique Peña Nieto; éste a…ahí, ahí viene la interrogación.

Concluidos los comicios de 2017 en Coahuila, Nayarit, Estado de México y Veracruz -sólo en espera de resultados oficiales- ya se vislumbran los ganadores y las impugnaciones a las que haya lugar.

En el inter, a unas cuantas horas, ya salieron a la palestra varios que le tiran a esta única candidatura en la vida que es la de la presidencia.

Por los partidos Acción Nacional Margarita Zavala, Ricardo Anaya, Ernesto Ruffo, Luis Ernesto Derbez, Rafael Moreno Valle y Miguel Ángel Yunes; los priistas son Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong; Juan Antonio Meade y José Narro; los perredistas Graco Ramírez, Silvano Aureoles, Arturo Núñez; el morenista Andrés Manuel López Obrador: los independientes Armando Ríos Pitter, Miguel Ángel Mancera, Juan Ramón de la Fuente.

De los referidos ¿quién tendrá calidad de estadista? ¿Quién podrá ganar solo o en alianzas?

Está visto que casi ningún gobernante ha sido elegido por arriba de la tercera parte de los votantes.

Por eso hay quienes pugnan por la segunda vuelta en aras de ir perfeccionando la democracia nacional.

Todas estas interrogantes se irán vislumbrando en los próximos meses, entre amigos y opositores, entre simpatizantes y adversarios, que al final de cuentas de eso se trata, más allá de descalificaciones, quién ofrece un real programa político de desarrollo que deje fuera tantas inercias y hasta lacras en la vida política de México, que está en su hora.

Allá nos vemos.