Arte, Ciencia, Luz

Es inevitable referirse a las muchas cosas ingratas que suceden en México sin irritar la delicada piel que tienen los más altos funcionarios de la Federación. Pero creo que las escasas cosas  buenas que se logran son festejadas con una excesiva e impropia  difusión que nos cuesta  decenas de miles de millones de pesos, algo insólito en el mundo, donde los políticos informan de lo que hacen y se proponen hacer, sin merma del tesoro público.

 

Dos erogaciones son particularmente escandalosas. El presupuesto que se destina al proceso electoral, cada vez menos confiable, y el orientado al sistema de seguridad pública, que sigue aumentando anualmente, pero no al ritmo del tráfico de armas, drogas y personas y los secuestros, extorsiones y asesinatos, pudorosamente llamados ejecuciones, para  barnizar su carácter delictivo, o ajustes de cuentas, que a ese paso ya pronto no ameritarán intervención judicial.

Todavía no se dan cuenta de que es la guerra declarada al narcotráfico la causa de la violencia, no el consumo de las drogas condenado como ilegal pero sin razón para prohibirlo, lo que se ve imposible mientras en los Estados Unidos, donde está la mayoría de los que la fuman, inhalan, inyectan, untan o beben  se extiende su legalización. Esto es  una clara  guerra de mercados que terminará cuando las drogas sintéticas sean las únicas en circulación.  Cuando ya no importe, se legalizarán las demás.

 

Mientras eso ocurra, seguiremos entretenidos, distraídos, mirando para otro lado las intimidades de las celebridades y sus acosos, como si fueran

extraordinariamente diferentes de las nuestras, los simples mortales, sólo lectores y espectadores de lo que pasa en el mundo de las marquesinas, las primeras planas, las pantallas grandes, chicas y minúsculas, y las redes sociales muy manipuladas por los poderosos para favorecer y medrar con rostros y elecciones, ventas y compras, dominios y sumisiones.

En esas estábamos cuando nos enteramos que la Universidad Veracruzana, que desde 1944 es pública, gratuita, universal, es decir para todos los que pasen el examen de admisión, y autónoma, desde el gobernador Patricio Chirinos, sólo pudo admitir a 16,396  de los 42,576 estudiantes que pasaron el examen. Menos de la mitad: el 38 por ciento.

Afuera se quedaron 26,128, suma ridícula de los más de 7 millones de habitantes que somos.

En suma, que nuestra gloriosa Universidad Veracruzana, que ya ha visto pasar sus mejores días de prestigio académico, cuando su lema era Lis de Veracruz, Arte, Ciencia, Luz, tampoco tiene ya recursos para cumplir su misión.

 

¿De verdad le faltan recursos? ¿Ya agotó todas las posibilidades de la educación a distancia, por Internet, como hacen muchas?  ¿Gasta correctamente lo que tiene o lo malgasta en cursos que no son estratégicos para Veracruz, supongamos maquillaje y embellecimiento personal o reparación de calzado antes que en ciencias del mar o los vinculadas con lo que tenemos o necesitamos, como petróleo, desarrollo tecnológico y energía? ¿O quedó ya totalmente en manos de los grupos de maestros que en cada área se benefician con lo poco que hay mientras bloquean la actualización del conocimiento?

¿O ya tenemos que plantearnos el cobro de colegiaturas, para que finalmente los pobres vean definitivamente canceladas sus posibilidades reales de ascenso social? Y después, ¿qué?.

 

Son preguntas de buena fe. Parecerán insidiosas porque tocan asuntos muy sensibles, donde duele mucho. Pero si no nos importa la educación superior será imposible que avancemos. No nos hagamos.

 

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