MARILYN, LA SIEMPRE AMADA

*Bella entre las bellas. Inmortal. Camelot.

 Frank Sinatra dijo de Judy Garland, que cada que entonaba una pieza moría un poco. Así fue la vida de Marilyn Monroe. Cada que caminaba un algo, moría un poco. Lo mismo al casar con el dramaturgo Arthur Miller, que al cantarle toda ebria “happy birthay, mister president” al del sueño de Camelot, el amado JFK. Dicen que con ella se creó aquel mito de los caballeros las prefieren rubias. Sus posters engalanan sendas habitaciones de escolares, de adultos y de jóvenes que jamás la conocieron y la idolatran como un icono, en el tiempo que las llenitas acaparaban las miradas, a diferencia de hoy que las flacas y anoréxicas desfilan por las pasarelas. Enamorada de los dos Kennedy, Bob y John, Marilyn vivió una vida de quebrantos. Hija de una prostituta, Norma Jean Baker divagó cargando a sus espaldas pesos que no eran para ella.

Los vivió y los sufrió, y nunca encontró paz y sosiego en esos amores perdidos.

La historia de sus inicios es conocida. Posó para fotógrafo desnuda, muy a la Spencer Tunick, lo que hizo que tiempo después alguien descubriera ese calendario y la impulsara a la vida de la cinematografía en Hollywood. Lugar donde se devoran las serpientes y donde no hay tregua para las batallas.

En diciembre de 1953 aparece en la portada del primer número de Playboy, siendo, por lo tanto, la primera chica del mes de la revista, con la famosa fotografía “sueños dorados” gracias a sus medidas de (94-58-92). Dicha revista le ha dedicado 5 veces en la portada, y la última fue la correspondiente al mes de diciembre de 2005, la cual tiene información reciente sobre su muerte. Con amores a escondidas con el director Elia Kazan, con el francés Yves Montand, casada con el pelotero de los Yankees, Joe di Maggio, y con el dramaturgo Arthur Miller. Amada en el anonimato por Clark Gable y Montgomery Clift, Ensabanada y encamada en dos frentes bostonianos, los de los Kennedy, y amiga y quizá amante alguna vez del mafioso cantante Frank Sinatra, Marilyn vivió en el desamparo amoroso. En las noches ardientes pero en los días vacíos, cuando se despierta a la cruda realidad y se está sola.

 

SUS VERDADERAS LUCHAS

 

Luchó contra todo y contra todos; contra la mafia de Sinatra, Dean Martín, Peter Lawford, aquel Rat Pack que la envolvía en su magia, canto y ensueño. Contra el maloso, J. Edgar Hoover, el jefe del FBI que la espiaba y espiaba y no la dejaba en paz. Contra los dos Kennedy, de quien la leyenda cuenta que de uno de ellos, Bob, estaba enamorada y lista para el matrimonio, cuando todos sabían que los Kennedy solo eran calenturientos y pirujos, olían a leña de otro hogar pero no desbarataban sus matrimonios. La política era primero y el entorno familiar da prestancia en campañas. Son muchas las historias que se tejen de su bello cuerpo. Hace nada, un fotógrafo, Bert Stern, dio a conocer al mundo una serie de fotos tomadas en un hotel angelino, el Bel Air. Lo curioso de estas fotos es que Marilyn se dejó retratar toda desnuda y con una cicatriz, pues recién había sido operada de la vesícula. El fotógrafo las guardó por años. Tomadas para la revista Vogue, cuenta que tiró más de dos mil fotos, muchas de ellas aparecen ahora en Internet. Marilyn sigue inmortalizada. Lo mismo en estas fotografías que en las otras, donde hay miles y miles en la red. Donde ella, con su belleza pura, con su cuerpo de tentación, con su cara de niña bonita, legó a la humanidad no un talento cinematográfico, legó una pasión de ser la mujer más deseada por el mundo.

Así murió. En la soledad de una habitación, encontrada por una sirvienta, llena de barbitúricos, en un halo de misterio donde la muerte rondó esa noche de agosto de 1962, a las tres y media de la mañana, cuando sola, quizá en su pensamiento de su niñez perdida, rememorando llorosa a su madre y a sus amores frustrados, murió y dejó una leyenda que vive a través de los años. Que la gente no deja morir, 45 años después de aquel suceso que al mundo sorprendió.

Lee Strasberg pronunció las siguientes palabras de despedida, en el mismo funeral: “No puedo decir adiós a Marilyn, nunca le gustaba decir adiós, pero adoptando su particular manera de cambiar las cosas para así poder enfrentarse a la realidad, diré “hasta la vista”. Porque todos visitaremos algún día el país hacia donde ella ha partido”.

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