LONDRES DIA SEIS (LOS PUENTES)

De Al Pacino: En un momento se vive una vida. Camelot

Me imagino, solo me imagino, que cuando los primeros pobladores llegaron a formar sus sitios de vida, buscaron los ríos, ocurrió en Nueva York, Paris, Londres y también en Orizaba, donde vivo, una ciudad con  río. Los ríos porque allí había agua y había pesca y todo servía para la agricultura, también se comerciaba entre las canoas y lo que se pudiera para navegar. Tiempo después, para una mayor convivencia, necesitaron formar los puentes. Entonces les llegó la imaginación y la alta tecnología y crearon bellos puentes, hermosos que, al paso de los años la gente los admira, como en París el de Alejandro III, que corren 14 kilómetros por el Sena, fijos y señoriales esperando al turismo. O el Puente Nuevo o el del Alma, donde se mató la Princesa Diana y se inmortalizó, el puente. Estos puentes londinenses el primero cuentan que los hicieron los romanos, que eran los mejores haciendo puentes, a su paso por donde conquistaban, hacían puentes, muchos sobreviven, en España los hay aún,  antes en los años habrán encontrado formas de cruzar el rio, en balsas o con lianas como Tarpán, el rey de la selva. Fueron pobres muchas de estas grandes ciudades. Bajo los puentes de París vivía la gente pobre, la misma Edith Piaf, que comenzó a cantar La vida en rosa al pie de los puentes parisinos, dijo: “Mi vida de niña puede parecer espantosa, pero era hermosa. Pasé hambre. Pasé frío. Pero era libre.  Libre de no levantarme. De no acostarme. De emborracharme. De soñar. De esperar”.

La pobreza y el canto urbano en su máxima plenitud. Les llegó a Irlanda y Londres y el llamado Reino Unido, la hambruna cuando un virus acabo con la cosecha de las papas, y muchos emigraron a Estados Unidos, para formar lo que hoy son, con todo y el locochón racista de Trump (pronúnciese como lo hace El Peje: Trump, suena más bonito y despectivo, dejen la o a un lado).

Y los puentes neoyorkinos, como el de Brooklyn, Manhattan, el Washington y el Bayonne, bellísimos. En Orizaba, conocida como La señora de los puentes, me acuerdo de todos, porque los camino diario: La Borda, el de Tlachichilco, cerca de donde vivo y otros más que la hacen ciudad y Pueblo Mágico.

SUS GRANDES PUENTES

 

Estoy en eso de los puentes, porque Londres tiene varios y ayer al pie del Támesis me dio por caminar y cruzar muchos, sobre todo el más famoso, El puente de Londres, el de La Torre, Milenium, Westminster, ese lo cruzo diario porque por aquí me hospedé y el de Waterloo, en honor a su gran batalla, cuando el tal Napoleón mordió el polvo y Wellington se alzó como ganador. Son bellos todos los puentes, unos simplones y otros maravillosos, con la tecnología de los años 1900, cuando la ingeniería francesa dominaba en México, la capital, que no tiene puentes ni ríos, proliferaron en tiempos de don Porfirio Díaz las bellezas de los monumentos como Bellas Artes, encargados a estos parisinos o franceses. Solo por eso me acordé de los puentes.

LA RUEDA GIGANTE

Como era día de turismo, pues nos fuimos a la rueda, la conocida como London Eye. Debo decir que las alturas me apanican, pero me hice de valor y ahí me tenéis sentadito trepando a las cabinas, que cabemos entre 15 y 20, la mitad cómodamente sentados y los demás parados. Se mira una buena parte de Londres: Parlamento, Abadía, Centro Financiero, todo lo cercano, el Támesis y los barcos turísticos moviendo pasajes. Es una ciudad que respira turismo. Pocos indigentes, el producto interno bruto debe ser fuerte, el salario mínimo oscila entre 10 libras la hora, superior a Estados Unidos, aunque todo es caro, rentas y transporte, moverse aquí cuesta. El aro no se detiene, te subes al golpe, hay una revisión constante, todos les temen a los atentados terroristas. Al bajar, suben dos empleados, una de ellas limpia rápido con una escoba y el otro lleva un espejo para mirar si en el asiento de madera colectivo, no ponen debajo algún explosivo o una bomba. La seguridad ante todo. Aún no han atentado contra esa bella rueda de la fortuna, escena como las que llegaban a mi pueblo, Tierra Blanca, en los años 60s, con las llamadas ruedas de la fortuna, que llevaban los circos, como el Atayde Hermanos, muy bicicleteras. Aquí a lo bestia y con tecnología de punta. Creo que fueron convocados 9 arquitectos del mundo para formarla en toda su plenitud. El precio oscila entre las 15 a 20 libras.

EL REGRESO A LA ALDEA

El Real Madrid le robó el entrenador a la Selección de España, algo cochino. No fueron lejos por la respuesta, destituyeron a ese entrenador, pues bien pudieron esperarse terminar el Mundial para anunciarlo. Va de regreso a casa a ver los juegos por la tele. Ocupa su lugar Fernando Hierro, un exjugador de la selección. Hace un año a Fernando Hierro lo echaban del Oviedo como entrenador, por no calificar, y a Pedro Sánchez de su propio partido por los malos resultados electorales. Hoy uno es seleccionador nacional y el otro es Presidente del Gobierno de España. Nunca dejes de soñar. La vida es así. Voy de regreso a mi aldea. Vuelo en Aeroméxico como vine, por el aeropuerto Heathrow rumbo al Benito Juárez de México. Con una hora de mas, 11 por el viento en contra. En el vuelo escribo la que será el remate a las columnas londinenses, donde anduve y andé por una semana, reviviendo un viaje que aquí mismo hice hace algunos años. Les cuento la última y nos vamos.

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