Oaxaca prehispánica: los zapotecas

El pasado jueves 3 de mayo tuvo lugar la cuarta sesión del ciclo de conferencias organizado por el Instituto Cultural de México en Francia sobre la arqueología mexicana. Con el título “Oaxaca préhispanique : Mixtèques et Zapotèques, peuples prédominants” (Oaxaca prehispánica: mixtecas y zapotecas, pueblos predominantes), esta charla a mi cargo optó por un enfoque pedagógico, a fin de proporcionar al público presente los elementos necesarios a la identificación arqueológica de estas dos culturas. Quisiera entonces proponerles dos capítulos, el actual, dedicado a los zapotecas y el de la semana próxima que versará sobre los mixtecas.

Los zapotecas fueron grandes arquitectos, el maravilloso sitio de Monte Albán, cerca de la capital del estado, da cuenta de sus proezas constructivas. El sitio existió durante 1,300 años (500 a. C. 800 d. C.) y se encuentra en la cima de una montaña, lo que le confiere una posición defensiva. Sus edificios presentan una morfología particular: son más anchos que altos. La comparación con la pirámide 1 de Tikal en Guatemala habla por sí sola (ver foto)*. ¿Cómo se explica esta morfología tan particular? Las construcciones de Monte Albán debían ser sólidas para resistir a los temblores, pues la región de Oaxaca es el frecuente epicentro de estos movimientos telúricos, mientras que en las tierras bajas mayas los sismos son de menor intensidad.

Además de arquitectos talentosos, los zapotecas fueron ceramistas excepcionales y las urnas funerarias son las piezas emblemáticas de esta manifestación artística. Compuestas de un recipiente y de una efigie, las urnas contenían los utensilios necesarios para el autosacrificio. Los cuchillos de obsidiana utilizados para perforar la piel  y hacer manar la sangre humana, alimento necesario de los dioses, se guardaban en ellas.

Hacia el año 1280 se produce la llegada de grupos mixtecas en zona zapoteca. ¿Les interesa saber qué sucedió después? Nos vemos entonces la semana próxima.